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El papel de las agencias de calificación

  • Los eventos de los últimos meses dejaron claro que las agencias de calificación son "parte del problema", al alentar los excesos en tiempo de bonanza y contribuir al hundimiento de empresas y países cuando surgen las dificultades

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El papel de las agencias de calificación

La sede de la agencia de calificación Fitch, en Nueva York. ARCHIVO

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Actualizada 22/08/2011 a las 01:03
  • M.J. ALEGRE . COLPISA. MADRID

STANDARD & Poor"s (S&P) movió ficha y se convirtió en el detonador de la semana más compleja que autoridades económicas e inversores de todas las condiciones y tamaños vivieron a uno y otro lado del Atlántico en estos tiempos de turbulencias. La interminable crisis de la deuda soberana de la zona euro amenaza con extenderse a más y mayores países, y EE UU tejió recientemente un débil acuerdo político para cumplir sus compromisos de pago en medio de preocupantes indicadores que revelan un parón en la primera economía del mundo.

Y fue ese momento de extraordinaria debilidad e incertidumbre el elegido por S&P, una de las tres grandes agencias de calificación crediticia, para proclamar que la solvencia de la economía norteamericana ya no era digna del máximo crédito.

Ahora se investiga si la noticia se filtró durante las conversaciones que la institución de análisis mantuvo con la Casa Blanca, y si algunos operadores pudieron beneficiarse de información privilegiada y hacer uso de ella horas antes del anuncio oficial. Pero, a la vista de la actuación de S&P, lo que pocos dudan es de que estas agencias eligen para la difusión de sus informes los momentos críticos, en los que obtienen mayor audiencia y que no todos juzgan como los más oportunos.

España tiene una triste experiencia de esta práctica. Pocas horas antes de dar a conocer las necesidades de capital de la banca española, Moody"s se adelantó a informar de la rebaja de la calificación crediticia de su deuda por la desconfianza en la reconversión de las cajas de ahorros. Los efectos benéficos de ese ejercicio de transparencia fueron dinamitados.

Pero lo que ya ponen en cuestión expertos independientes no es la oportunidad, sino la función que desempeñan las agencias calificadoras, a la vista de los efectos de su actuación. No se trata tan sólo de su incapacidad para prevenir el futuro, evidente en situaciones como la crisis asiática de 1997 o el tantas veces mencionado caso Enron, el gigante energético norteamericano que mantuvo una destacada calificación crediticia hasta el mismo día de la suspensión de pagos.

Los estudiosos afirman ahora que las agencias forman parte del problema. En época de bonanza alimentan los excesos con sus pronunciamientos favorables y, cuando llegan tiempos de dificultades, añaden leña al fuego de la desconfianza con sus descalificaciones.

La situación se agrava porque las notas de las distintas compañías apenas difieren y, además, suelen cambiar al mismo tiempo.

Con el viento

Navegar siempre a favor del viento que sopla es lo que los técnicos llaman un comportamiento procíclico. Existen innumerables pruebas de que las agencias de calificación siguen esta pauta.

Mario Deprés, inspector de entidades de crédito del Banco de España, les siguió la pista durante un período considerable de tiempo, y añade sus argumentos a las justificaciones que los más diversos autores dieron sobre este modo de actuar.

Las agencias de rating operan así -resume- porque, en una economía en crecimiento, siempre esperan que los indicadores sigan mejorando. Son, en esos momentos, instituciones que usan horizontes demasiado cortos para percibir los cambios, y son incapaces de predecir la probabilidad de que ocurran. Por eso, "las caídas en la calificación se producen cuando ya ha llegado la crisis, y no antes".

Influye, y mucho, la forma en que está organizado su negocio. Las agencias cobran del sujeto al que califican, ya sea una compañía o un Estado. Es evidente que existe un riesgo de conflicto de intereses. Durante los tiempos de vacas gordas, las agencias cultivan una buena imagen y disfrutan de alta reputación, lo que les lleva a conceder calificaciones indulgentes. Por eso reaccionan con lentitud cuando disponen de información nueva, e incluso optan por esperar a una reacción del mercado.

"Sin embargo -expone Deprés-, cuando se produce un vuelco en la situación económica y las condiciones financieras empeoran, se precipitan todos los deterioros antes detectados". Las agencias extreman la severidad para mantener su prestigio.

Otorgar una nota a todas luces inferior a la que realmente corresponde ocasiona un efecto perverso. La empresa o la administración pública perjudicada padece las consecuencias de esa mala calificación y acaba por merecer el juicio que anteriormente pudo estar poco justificado.

Cómo ponen las notas a países y empresas

Las notas que las agencias de calificación financiera ponen a empresas y países son resultado del trabajo de, por lo menos, dos analistas, que las elaboran en discusión interna con otros colegas experimentados, pero que, en gran parte, se basan en informaciones públicas.

La mayoría de los Estados y empresas remuneran a las agencias para que califiquen los riesgos de sus propias deudas. Sin esa evaluación, en principio considerada creíble e imparcial, numerosos inversores rechazan adquirir sus obligaciones.

Independientemente de si se trata de un país o de un empresa, la agencia de calificación realiza un primer análisis, que evalúa la solvencia y por lo tanto los riesgos de impago de los préstamos, atribuyéndole una nota o calificación, que va de una triple A positiva (AAA+), la mejor, a D, la peor, quiebra.

"Acompañados por un colega, se entrevista al emisor de la deuda, ya sea el director financiero, director general o gerente. En las empresas se habla con varios ejecutivos y, en el caso de un Estado, con el ministro de Economía o Finanzas", explicó Norbert Gaillard, asesor del Banco Mundial y autor de un libro sobre las agencias de calificación.

Se celebran como media de tres a cuatro días de reuniones, que incluyen entrevistas al director del banco central y a altos funcionarios, con los que se analizan estadísticas y previsiones recientes, explicó el experto. Los analistas elaboran después un informe y atribuyen una recomendación: confirmar, elevar, bajar la nota, situar bajo vigilancia o modificar su perspectiva. El documento se somete a un comité de calificación, compuesto por entre seis y diez analistas veteranos, que analiza los argumentos y procede a votar las conclusiones.

El interesado, país o empresa, es inmediatamente informado sobre la decisión, en general, 12 horas antes de la publicación. Tiene la posibilidad de formular objeciones, "pero la agencia las puede ignorar", reconoció Gaillard. La calificación final suele ser revisada una vez al año o cuando la agencia lo considera necesario.

LAS AGENCIAS

1 Standard & Poor"s Filial del grupo McGraw-Hill, ramifica sus negocios en el ámbito editorial y financiero. Además de emitir calificaciones, gestiona índices bursátiles de prestigio.

2 Moody"s Del capital de esta agencia forman parte Capital Group, con el 16,4%; Berkshire Hathaway, controlada por el inversor Warren Buffet, con el 13%; y Black Rock, con el 6,3%.

3 Fitch Su cuota de mercado ronda el 10%. Forma parte del grupo Fimalac, compañía de servicios de inversión, que tiene una participación del 60%, mientras que el otro 40% pertenece a Hearst.




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