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PROFESIONALES DE LA SUPERVIVENCIA

El presente no es tan negro

Los proyectos que se distinguen por su creatividad o su alto valor añadido logran hacer frente a la crisis. Oficios de toda la vida como el de zapatero remendón o los arreglos textiles resurgen en estos tiempos de ahorro

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Actualizada 21/09/2014 a las 22:00
  • JORGE MURCIA|MADRID

No corren buenos tiempos para emprender nuevos negocios. O sí. Hay quien sabe aprovecharse de las oportunidades que surgen en épocas de crisis tan profundas como la que padecemos desde hace ya cinco años. Encontrar un nicho de negocio aún no explorado, o dar con un producto diferente y original, son vías para escapar del fantasma del paro y hacerse un hueco en el mundo de los negocios.

Las estadísticas correspondientes a 2012 ofrecen una caída en la afiliación de autónomos en sectores como la construcción, la industria, la agricultura y el transporte. En el otro plato de la balanza encontramos áreas que ven incrementado el número de autónomos, como es el caso de las actividades sanitarias, las profesionales, educación o información y comunicación. “También comprobamos un aumento de la afiliación en profesiones para las que habitualmente se requiere una mayor formación”, explica María Mínguez, de la Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (UATAE).

Algunos de estos sectores están realmente en auge. Otros simplemente absorben a un buen número de profesionales que se han quedado en el paro y que tratan de buscarse la vida por cuenta propia. Entre las salidas profesionales con más demanda se encuentran todas las relacionadas con internet y las redes sociales: diseñadores web, expertos en analítica o usabilidad, arquitectos de información, responsable de e-Commerce, o community manager. Ocupaciones que, en su mayoría, exigen el aprendizaje de nuevas habilidades y un auténtico reciclaje profesional.

Pero, más allá de sectores específicos, las puertas del éxito están abiertas para todo aquel capaz de ofrecer un producto novedoso, de alto valor añadido. Lo sabe bien Carlos García Sánchez, fundador y director ejecutivo de Cervezas Sagra. A comienzos de 2011 puso en marcha una fábrica de cerveza artesanal, sin aditivos, con un alto componente de malta de cebada. “Buscábamos un producto diferenciado, destinado al canal de la restauración aunque también al de las grandes superficies. Pero tratamos también de darle una vuelta a la estrategia de comercialización, dirigiendo las ventas hacia el canal del vino, no al de la cerveza industrial”, explica García Sánchez.

“La clave está en encontrar el nicho dentro de ese mercado maduro, e introducirse de forma rápida para que la marca coja notoriedad, y haciendo que tu producto rote. La crisis nos ha podido beneficiar porque en estos momentos el hostelero busca el valor añadido que puede ofrecer un producto. Hace unos años, en época de bonanza, no hacía falta. Ahora sí”, sostiene. El año pasado fue el de la consolidación de Cervezas Sagra, que logró doblar su facturación, aumentar su presencia en el mercado nacional, y abrir nuevos en el extranjero.

“Nos llamó la atención el caso de una chica que decidió abrir una peluquería infantil, para lo que montó un local cuyo mobiliario era todo de juguete. Su negocio está ahora lleno”, asegura María Mínguez. “O el de otra mujer que decidió abrir una academia con cursos específicos para mayores, y otros para niños. Pero impartidos al mismo tiempo, de forma que los padres puedan asistir a los cursos mientras sus hijos están en el suyo correspondiente. Y en el mismo local”, añade.

Pero la crisis y el ahorro forzoso al que ven condenadas millones de familias españolas han hecho resucitar negocios que hace bien poco parecían condenados a la extinción. ¿Quién acudía hace cinco o seis años a un zapatero remendón para arreglar sus zapatos? “En nuestra asociación hemos notado un resurgir de profesiones, por así decirlo, ‘denostadas’, o condenadas casi al olvido. “El problema para mucha gente es que se ha quedado sin recursos para comprar productos nuevos y acude a centros tradicionales de reparación. Porque, por desgracia, tiene más tiempo para buscar a alguien que le arregle lo estropeado”, expone César García, secretario de política sectorial de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA).

Comercios como los de venta de telas, arreglos de ropa, o reparación de electrodomésticos sobreviven a estos tiempos gracias a la generalizada caída del consumo. O los talleres de reparación de vehículos, que ofrecen precios más competitivos que los concesionarios oficiales. “No son malos tiempos para este tipo de negocios, pero para los ya establecidos, que no requieren de una inversión inicial. Porque, por ejemplo, una máquina multitarea de las que usan los zapateros se te puede ir hasta los 20.000 euros”, advierte Sánchez.




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