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ECONOMÍA

Bruselas exige a España más esfuerzo estructural y no fiar el déficit a la coyuntura

  • Los expertos de la UE cifran en unos 40.000 millones los ajustes comprometidos en reformas que el Gobierno no ha hecho desde 2013

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26/10/2015 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
El último terremoto político provocado en España con epicentro en Bruselas vuelve a estar relacionado con el déficit. Y como viene ocurriendo en la última década, porque el Gobierno continúa sin cumplir los compromisos pactados con la Comisión Europea, que acaba de advertir de que ni este año ni el que viene, España alcanzará el objetivo de déficit acordado.

Al final, todo ha quedado enmarañado por el 'affaire Moscovici', por la decisión del comisario socialista francés de lanzar una andanada a España antes de que la opinión formal fuese aprobada por el Colegio de Comisarios. Que si es francés, que si es socialista, que si Pierre Moscovici es así, que si cuando él era ministro de Economía francés jamás cumplió... Humo.

Porque al margen de los argumentos electorales esgrimidos por el PP, el fondo del asunto desvela que España sigue muy lejos de cumplir con los anhelos comunitarios para cuadrar sus cuentas al dejarse llevar en exceso por la coyuntura económica en lugar de aprobar reformas estructurales de calado que, según los expertos, deberían haber sumado unos 40.000 millones en el periodo 2013-2016 -la horquilla va entre el 3,8% y el 4,4% del PIB en función de la metodología empleada-. La Administración General del Estado, tras la última revisión del INE, cerró finalmente 2014 con un déficit del 5,9%.

Dicho de otro modo, gastó en cifras redondas 59.000 millones más de lo que fue capaz de ingresar - 'grosso modo', cada punto de PIB son 10.000 millones-. Nada que ver con el 11% de 2009, pero todavía muy lejos del 3% fijado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, una suerte de biblia comunitaria. Ésta es la clave. De forma coloquial, es como si un empleado debe entrar a trabajar a las 10, lleva años llegando a las 12, pero desde que el jefe se puso serio (léase la Troika), ha empezado a llegar a las 10.45. El trabajador lo esgrime como un logro, pero la empresa insiste en que su horario de entrada son las 10, que deje de compararse con la época en la que entraba a mediodía. Después de la prórroga que recibió Zapatero y las dos de Mariano Rajoy, la nueva hoja de ruta dice que este año, España debe cerrar con un déficit del 4,2% del PIB y en 2016, con el 2,8%. El Gobierno jura y perjura que lo logrará.

Bruselas, en cambio, acaba de concluir que el proyecto de Presupuesto presentado por el Ejecutivo para el próximo año peca de "optimismo" y que se quedará en el 3,5%, siete décimas de desfase (más de 7.000 millones) que deberá corregir el Gobierno que salga de las urnas el 20 de diciembre. 2016 es la piedra de toque, porque aunque en 2015 también se alerta de un probable incumplimiento, las tres décimas que separan a unos y otros (Bruselas mantiene que será del 4,5%) son corregibles si la tendencia alcista de la recaudación prosigue y se confirma que el crecimiento del país cierra el año muy por encima del 3%. En este capítulo, la controversia con la Comisión es mínima.

Sin sorpresas positivas ¿Por qué no hay tanto preocupación con lo que pueda pasar este año? Porque para compensar el derrape de las comunidades autónomas o el mal comportamiento de la Seguridad Social, existe mucho margen de maniobra gracias al tirón recaudatorio y al menor gasto en prestaciones por desempleo. También por los ahorros generados por el bajo precio del petróleo (la inflación sigue negativa) y por el coste de la deuda pública, que sigue en mínimos gracias al histórico programa de compras puesto en marcha por el Banco Central Europeo. Éste es el gran problema. El próximo año ya no habrá ases bajo la manga. Las sorpresas positivas del petróleo o del BCE darán paso a posibles quebraderos de cabeza motivados, por ejemplo, por el parón de las economías emergentes. Y no hay que olvidar lo sensible que es España a la situación latinoamericana.

Por ello, Bruselas siempre pide fijarse en el llamado "déficit estructural", es decir, en el gasto inherente a la propia idiosincrasia del Estado, a su funcionamiento -Administración, Defensa, Educación, Sanidad...-. Aquel que siempre está al margen de los vaivenes de la coyuntura. Mientras se cumpla con el déficit nominal (4,2% y 2,8% en 2015 y 2016), la Comisión suele darse por satisfecha, pero si no es así, como el caso actual, los reproches vuelven a escena.

De hecho, España tiene fijados unos objetivos en el capítulo del esfuerzo estructural que son del 1,1% del PIB en 2013, 0,8% en 2014, 0,8% en 2015 y 1,2% en 2016. Sin embargo, el Gobierno de Rajoy sigue sin prestar mucha atención a este parámetro. Tanto que, según Bruselas, lejos de alcanzar ese 0,8% en 2015 se cerrará el año con un -0,5%, es decir, que en lugar de mejorar se ha vuelto a 'engordar' el llamado gasto básico. Y en 2016, ídem de ídem. Del 1,2% exigido, se va a cerrar en el -0,2%. En lugar de avanzar, advierten los expertos, se están dando nuevos pasos atrás ya que en el periodo 2013-2016, cifran entre el 3,8% y el 4,4% del PIB el esfuerzo estructural pedido y no realizado.

En cifras redondas, unos 40.000 millones. Ya no habrá más prórrogas Pese a que el ministro de Economía, Luis de Guindos, siempre ha restado trascendencia a este indicador al considerar que "es muy difícil de medir el esfuerzo estructural", en Bruselas no piensan lo mismo a la hora, por ejemplo, de poder justificar una nueva prórroga de los objetivos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Así lo hicieron en 2012 y 2013, después de comprobar cómo Mariano Rajoy subía el IRPF, recortaba en Sanidad, congelaba las pensiones o dejaba a los funcionarios sin paga extra "de forma temporal o excepcional".

A ojos de Bruselas, con la Troika muy encima de Madrid, fue entonces cuando todo empezó a cuadrar. Pero ha llegado la cita electoral y los temores han comenzado a hacerse realidad.

Se ha devuelto al extra a los funcionarios, se suben ligeramente las pensiones, se baja el IRPF... Así que el próximo Gobierno que salga de las urnas tiene una tarea titánica por delante porque la Comisión no está dispuesta a conceder más prórrogas a España para cumplir con sus compromisos, los mismos que acatan la inmensa mayoría de sus socios, menos Francia, que nos acompañará en 2016 en el furgón de cola de los países con deficits superiores al 3% de su PIB.

O se suben impuestos o se recortan gastos. Es muy sencillo, en Bruselas no se cansan de recordarlo y más ahora, a las puertas de una campaña electoral trascendental, que como toda campaña que se precie, se convertirá en un mercado persa de promesas económicas -pagas, prestaciones, bajadas de impuestos...- que luego se toparán con la realidad, con el muro comunitario.



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