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EUROPA

Así frenó Jean-Claude Juncker el varapalo a España

  • Rajoy habló con el jefe de la Comisión, pero tras aplazarse la opinión del Presupuesto

El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker.

Así frenó Jean-Claude Juncker el varapalo a España

El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker.

AFP
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12/10/2015 a las 06:00
  • colpisa. madrid
"La crisis que hemos sufrido ha sido lo peor de lo peor de lo peor. Durísima". Y no, no hay erratas. Lo peor de lo peor de lo peor. Uno, dos y tres mazazos. Así lo confesaba recientemente en Bruselas un alto cargo español en una charla informal con corresponsales comunitarios en el enésimo intento por sacar pecho para defender la gestión realizada, el austericidio dictado por la UE. España hace años que tiene un lugar destacado en el relato económico bruselense. Primero, loada por el llamado ‘milagro español’; luego, defenestrada tras el estallido de Lehman Brothers; y ahora, elevada a los altares por haber sido el alumno que mejor ha aplicado las durísimas reformas estructurales diseñadas por una Comisión Juncker que busca hablar más de política que de números.

Es por ello que no se entiende lo ocurrido la semana pasada. No cuadra cómo a menos de tres meses de las elecciones y sin que nadie lo esperara, el comisario de Economía, Pierre Moscovici, advirtiese de que España iba a incumplir el déficit de este año y del que viene; y que, por tanto, el Gobierno que saliera de las urnas el 20 de diciembre iba a tener que presentar una actualización del Presupuesto. Sucedió el lunes. El martes, Moscovici fue desautorizado nada menos que por su jefe, el presidente Jean-Claude Juncker.

¿Qué ocurrió? Este periódico reconstruye lo vivido en unas horas de auténtico frenesí y esperpento. Y sí, según han desvelado fuentes de toda solvencia, Mariano Rajoy sí habló con Juncker, pero lo hizo después de que el luxemburgués decidiese aplazar la opinión del Colegio de Comisarios sobre el proyecto de Presupuestos de España para 2016, "no antes".

Se trataba de unas de las grandes incógnitas de un relato que no comienza ni el lunes, día del ‘affaire Moscovici’, ni la semana anterior, cuando empieza a filtrarse que el informe de la Comisión va a ser muy crítico con Madrid. Todo empieza el día en el que el Gobierno decide que dejará aprobado el Presupuesto de 2016 antes de que se disuelvan las Cortes a mediados de este mes. En España, la decisión no pasa de ser un debate político; en Bruselas, el problema es técnico. ¿Por qué? Porque según la nueva normativa, la Comisión está obligada a analizar el borrador y emitir unas recomendaciones que también deben ser avaladas por el Eurogrupo antes de que se aprueben las cuentas en cada país. Madrid envío el proyecto el 11 de septiembre, lo que ha obligado a los funcionarios comunitarios a trabajar contrarreloj para llegar a tiempo a la fecha límite, que en teoría expiraba la semana pasada.

El problema es que todo debía hacerse con datos demasiado provisionales, ya que las previsiones de otoño se presentan el 5 de noviembre. Así ha sido. La opinión se ha realizado basándose en unas proyecciones de crecimiento ‘ad hoc’ con datos de septiembre -la opinión del resto de países se publicará a finales de noviembre-. Según Bruselas, España crecerá este año el 3,1% y el 2,7% en 2016, frente al 3,3% y el 3% previsto por Madrid. Según el ministro de Economía, Luis de Guindos, si sus previsiones se cumplen -"como viene sucediendo en los dos últimos años", matiza-, nuestro país cumplirá el déficit fijado en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, tanto el de este año (4,2%) como el de 2016 (2,8%). En Bruselas, por contra, se habla del 4,5% y del 3,5%, un mazazo porque supondría volver a incumplir el objetivo de situarse, por fin, por debajo del 3%, algo que España, que ha recibido tres prórrogas en los últimos años, no hace desde… ¡2007! Y esto, al margen de lo sucedido con Moscovici, es una realidad que desespera a Bruselas.

DEFENSA DE ALEMANIA

Sigamos con el relato. El pasado lunes, día 5, se celebró un Eurogrupo en Luxemburgo en el que al final, el comisario de Economía sí presentó a los ministros de Finanzas el trazo grueso de una opinión que iba a aprobar al día siguiente el Colegio de Comisarios, que se reunía en Estrasburgo. Toda la tormenta se desató en torno a las seis y media de la tarde, cuando Moscovici desveló en la rueda de prensa y sin que nadie le preguntase, muchos más detalles de los que debería haber ofrecido teniendo en cuenta, además, que la decisión no estaba formalmente adoptada por el Colegio. "Ésta es la clave de todo lo que vino después. El problema fueron las formas no el contenido del informe, que se aprobará casi con total seguridad a comienzos de esta semana sin apenas modificaciones, más allá de la actualización de algún dato que haya podido llegar a última hora tras la última visita de los expertos de la Troika", aseguran fuentes europeas.

El mensaje del comisario socialista francés descolocó a la delegación española, que tuvo que escuchar cómo el próximo Gobierno que salga de las urnas deberá presentar una actualización del Presupuesto para cuadrar las cuentas y, por ende, cumplir con el déficit. Todo fue tan extraño que al día siguiente, mientras Bruselas confirmaba a mediodía lo dicho por Moscovici y De Guindos intentaba amortiguar el golpe antes de abandonar Luxemburgo, el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, ofreció una rueda de prensa en la que respaldó sin fisuras a España y acusó al comisario francés de haber dicho cosas a los medios que no había explicado minutos antes en el Eurogrupo. De esto, la delegación española se enteró camino del aeropuerto.

Ídem de ídem con lo que se estaba fraguando en Estrasburgo, donde en paralelo se estaba reuniendo el Colegio de Comisarios. Mientras todos esperaban la comparecencia del vicepresidente Valdis Dombrovskis para que explicase la opinión sobre España, todo saltó por los aires: la decisión había quedado aplazado. ¿Por qué? Oficialmente, "porque no había habido tiempo suficiente para analizarla". La verdad, "porque había cierto malestar con Pierre Moscovici por su forma de actuar", aseguran estas mismas fuentes. De hecho, así lo expuso en la reunión el propio Drombovskis, teórico jefe directo del francés.

El revuelo fue tal que Jean-Claude Juncker, también molesto, decidió dar un puñetazo encima de la mesa y paralizar todo. Era el único que tenía potestad para hacerlo ya que el asunto se abordó por "procedimiento escrito urgente" -si el procedimiento escrito es normal, basta con que un comisario muestre dudas para que se aplace-. El mensaje estaba claro y tenía un destinatario: Pierre Moscovici, que recibió una suerte de escarmiento para evitar que reincida en este tipo de actuaciones. El francés, aseguran estos medios, se molestó y mucho, como era de esperar.

¿Y Rajoy? ¿Llamó Rajoy a Juncker? "Sí hablaron, pero lo hicieron a posteriori, no antes del Colegio. No fue una llamada desde Madrid exigiendo explicaciones", desvelan las fuentes consultadas. Lo cual no quiere decir que, desde Moncloa, algunos de sus más estrechos colaboradores sí marcasen el prefijo de Bélgica durante las frenéticas horas de lo vivido.

¿Y ahora, qué? Salvo sorpresa mayúscula, la valoración sobre el Presupuesto español de 2016 se aprobará en la reunión de este miércoles y "no habrá grandes modificaciones de lo ya desvelado". "El problema no es técnico, sino político. Sin esa rueda de prensa de Moscovici nada hubiera pasado", aclaran estos medios. Es decir, que en Bruselas siguen extremadamente preocupados por la evolución de las comunidades autónomas o por una bajada de impuestos como la del IRPF que no se contrarresta con subidas en otros campos, como en la fiscalidad del consumo.

MARCAJE AL NUEVO GOBIERNO

Más allá del ‘affaire Moscovici’, que al fin y a cabo se va a reducir a una interpretación basada en los términos socialista y francés, el mensaje principal es que la Comisión, sus técnicos, ya han marcado el territorio al próximo presidente del Gobierno de España, se llame Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera o Pablo Iglesias. El déficit, sobre todo después de una década de incumplimientos, está para cumplirlo, y según Bruselas, para alcanzarlo habrá que hacer ajustes por valor de 7.000 millones en el mejor de los casos y siempre tomando como referencia las criticadas cuentas diseñadas por Cristóbal Montoro.

Quizá el baño de realidad que sufrirá España esta semana, el mismo que alerta de que el déficit no se cumplirá (también lo dice el FMI), no sea tan malo para Mariano Rajoy. En España le critican por austero; en Bruselas, por no serlo tanto como debería. Seguro que nadie del PSOE, Ciudadanos o Podemos le va a pedir que suba impuestos, congele las pensiones o el sueldo de los funcionarios. Y en lo referido al déficit, no hay que olvidarlo, la última palabra la tiene Bruselas, que ya está empaquetando una tijeras como regalo de bienvenida al nuevo Gobierno.



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