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CHINA

El drama del pequeño inversor chino en un panorama poco esperanzador

  • La falta de conocimiento sobre el funcionamiento de los mercados y la facilidad para invertir forman un peligroso cóctel con efectos sociales

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25/08/2015 a las 06:00
  • COLPISA. Shanghái
Incapaz de apartar la mirada de la pantalla de su teléfono móvil, en la que una aplicación le informa en directo del rumbo que toma la montaña rusa en la que se ha convertido la Bolsa de Shanghái, Chen Yu, nombre ficticio de una veinteañera empleada en la capital económica de China por una importante multinacional alemana del sector de automoción, ayer se llevaba las manos a la cabeza, desesperada. El valor de todas las acciones que compró a mediados de mayo, cuando decidió hacer caso a sus padres y puso gran parte de sus ahorros en el mercado de valores, cayó al máximo permitido del 10% diario. Así, según unos cálculos rápidos, Chen reconoce a este periódico haber perdido en torno a 90.000 yuanes (12.500 euros) en los últimos tres meses. Para alguien que apenas ingresa 8.000 al mes, se trata de un batacazo importante.

«Al principio todo fue bien. Me decidí tarde, pero hasta el mes pasado las ganancias fueron sustanciales y eso me llevó a comprar más acciones. Entonces vino el porrazo de julio. Pensé en venderlo todo antes de perder dinero, pero mis amigos me aseguraron que el Gobierno impediría una caída mayor. ‘Espérate que volverá a subir’, me dijeron. Y como los políticos aseguraron que el índice de los 3.500 puntos de la Bolsa de Shanghái estaba asegurado, me fie. Hice mal», afirma. No en vano, ayer el principal mercado de valores del gigante asiático cerró a 3.209,91 puntos tras una caída del 8,5%, la mayor desde 2007. Del millar largo de acciones cotizadas en Shanghái sólo 100 acabaron la jornada, porque el resto se desplomó un 10% o pidió la suspensión temporal. En total, únicamente 12 cerraron con ganancias. Y muchos pequeños inversores como Chen, que tienen en sus manos el 80% de las acciones del país y que saltaron al parqué aupados por la euforia colectiva de quienes pensaban que la Bolsa nunca caería, no daban crédito a sus ojos.

GANANCIAS ESFUMADAS

«Quienes invirtieron hace tiempo, dos o tres años, todavía pueden llevarse grandes beneficios. Por eso venden ahora todo lo que pueden para hacer caja. Pero para los que hemos invertido tarde cada día es un suplicio», cuenta Chen. No en vano, ayer la orden de muchos accionistas era vender y no comprar nada hasta que el índice no caiga a 3.000 puntos, una actitud que acentuó el descalabro. Así, las ganancias de todo el año se esfumaron. Y eso no es todo. Chen también está preocupada por el rumbo de la segunda potencia económica del mundo. «La sensación es muy mala, sobre todo en la automoción. Hay rumores de despidos y se ha reducido la producción». Empresarios españoles del sector confirman que la mayoría de las marcas de automóviles han reducido drásticamente sus previsiones de ventas para el resto del año, y que han llegado a eliminar hasta el 40% de su capacidad productiva. Sin embargo, la joven de Shanghái se niega a vender sus acciones. «Sigo teniendo esperanza en que, a medio plazo, recuperen su valor».

No es la única. «No debemos subestimar la capacidad del Gobierno para rescatar al mercado», afirmó Guo Tianyong, profesor en la Universidad Central de Finanzas y Economía de Pekín, en declaraciones a AP. «Si quieren, los líderes chinos pueden impulsar el índice de Shanghái hasta los 5.000 puntos, pero todavía no es necesario que jueguen un papel tan importante. Sigue siendo más recomendable que sea el propio mercado el que busque un equilibrio». Desde el pasado mes de junio, la Bolsa china se ha dejado un 37% de su valor, razón por la que muchos comienzan a preguntarse dónde está el suelo. Y, mientras tanto, la divisa china continúa devaluándose frente al euro, por el que ayer se pagaban más de 7,4 yuanes, casi una unidad más que en abril, cuando la moneda europea marcó su mínimo frente al renminbí.

UN SECUESTRO

Sin duda, el panorama del gigante asiático no parece muy esperanzador: según estimaciones de Bloomberg, en julio la economía china creció un 6,6%, el menor ritmo en tres décadas, y tanto la producción industrial como el consumo interno han frenado considerablemente su crecimiento. Además, el comercio exterior ha caído con ímpetu. Así, gana fuerza la temida posibilidad de un aumento de las tensiones sociales y la reproducción de hechos como el ocurrido el pasado fin de semana en Shanghái. Un grupo de inversores, que habían confiado su dinero al mercado de metales Fanya, con sede en la ciudad sureña de Kunming, voló desde todas las partes de China para secuestrar a su director y entregarlo a la Policía, que, tras prometer una investigación para calmar los ánimos, lo dejó en libertad sin cargos. Aparentemente, este peculiar mercado, en el que se compran y venden metales de segundo orden, ha congelado sus cuentas y ha suspendido el pago de dividendos. Claro que las autoridades de la provincia de Yunnan ya habían advertido de que era una de las entidades con más riesgo.

¿Pero qué no tiene riesgo en China? Las manifestaciones por inversiones fallidas se han extendido por el país, ya sea para protestar contra la caída de la Bolsa o por la bajada en el precio de las viviendas de algunas promociones inmobiliarias. El problema, en parte, reside en la opacidad de las estadísticas oficiales y en la distorsión que supone un mercado capitalista intervenido por un Gobierno que todavía esgrime la hoz y el martillo, y al que la población exige que garantice el rédito de sus inversiones.

Esa aparente contradicción, además, tiene efecto inmediato en todo el continente, como se pudo ver ayer con el desplome de las bolsas y como se ha comprobado también con la repentina caída de muchas divisas asiáticas en respuesta a la devaluación del yuan. El ringgit malayo, por ejemplo, retrocedió a su nivel más bajo de los últimos 17 años frente al dólar, mientras que el baht tailandés y el won coreano regresaron a mínimos de hace seis y cuatro años respectivamente. Con su recién adquirido poderío, si China tose, el mundo se resfría.



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