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TEJIDO EMPRESARIAL

Tocadas. ¿y hundidas?

Imagen de la planta de Fagor en Arrasate

Imagen de la planta de Fagor en Arrasate

AFP
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26/12/2013 a las 06:01
  • COLPISA. MADRID
Cada día echan el cierre cerca de 190 empresas en España, la mayoría de tamaño pequeño y mediano (pymes). No obstante, durante 2013 y tras un fuerte incremento a comienzos de año su avance se ha ido ralentizando con el paso de los meses. Con todo, el número de empresas que entran en concurso de acreedores -el procedimiento jurídico que ha sustituido a las antiguas suspensiones de pagos y quiebras- es hoy casi un 11% mayor que hace 12 meses, y en gran medida están vinculadas a los sectores de la construcción y el comercio, dos de los que más han acusado la larga crisis económica de la que parece estar saliendo el país con pasos todavía muy lentos.

No obstante, aunque su importancia cuantitativa parece estar moderándose algo -pese a lo cual el ejercicio terminará con una cifra cercana a los 9.250 concursos, su máximo histórico-, en términos cualitativos 2013 ha sido, sin duda, un año negro para las empresas, sobre todo para algunas emblemáticas que vienen estando presentes en los hogares españoles desde hace décadas. Es el caso, por ejemplo, de Pescanova. La histórica compañía de origen gallego, hoy una gran multinacional presente en más de una decena de países, entró en el capítulo más negro de su historia el pasado 28 de febrero. Ese día informó de manera sorpresiva que no publicaría sus cuentas anuales de 2012, un día más tarde presentó lo que se conoce como preconcurso de acreedores, un sistema que le permite negociar durante cuatro meses antes de tener que declararse oficialmente en suspensión de pagos.

A la semana siguiente fue suspendida de cotización -así continúa desde entonces- por la Comisión Nacional del Mercado de Valores y un mes y medio después un juez de Pontevedra declaraba el temido concurso. La sospecha era que su agujero real distaba mucho del declarado por sus administradores, con el luego dimitido Manuel Fernández de Sousa a la cabeza. El primer informe del auditor forense, luego avalado por otros estudios periciales, confirmó el peor de los escenarios: su deuda se había multiplicado por cinco en apenas un año. y eso dando por buenas las cifras de partida que daba el anterior equipo gestor, ahora imputado en la Audiencia Nacional por la presunta falsedad de sus cuentas. El resultado, al cierre de 2012, es que su pasivo total alcanza los 4.218 millones de euros, mientras que su déficit patrimonial (la suma que no podría cubrir ni aún vendiendo a buen precio todos sus activos) es de 1.487 millones.

FAGOR, SIN VUELTA DE HOJA

Su única salida pasa por una ampliación de capital -que probablemente asumirán fundamentalmente dos de los que otrora fueron principales socios de Fernández de Sousa, la familia Carceller (Damm) y el fondo Luxempart- y, al mismo tiempo, que la banca acreedora acepte una quita de hasta el 80% capitalizando además el resto del pasivo; complicado, si bien cada vez menos imposible. Pero si el futuro de Pescanova se antoja aún ciertamente incierto, el de Fagor (Electrodomésticos) -y de su mano, también la marca Edesa- no parece tener ya vuelta de hoja. Una vez que su matriz, el Grupo Mondragón, desestimó hace pocas semanas cualquier nueva inyección económica para un proyecto que no ven viable por su elevada deuda -necesitaba 120 millones a corto plazo, arrastrando además un pasivo superior a los 1.000 millones-, su desaparición parece un hecho cierto sólo pendiente de que los juzgados de lo mercantil de San Sebastián dictaminen cómo se liquida la compañía.

Aún puede tener salida, aunque cada vez se antoja más complicada, la también emblemática Panrico, conocida por fabricar los populares Donuts. La negativa de buena parte de su plantilla -fundamentalmente su planta principal de Barcelona- a aceptar un ERE y un severo ajuste salarial parece abocarla al concurso (ya están en la fase previa para ello). Tras haber tenido que suspender el pago de los nominas, y también de los pagos a sus distribuidores, las líneas de crédito parecen habérsele agotado y el tiempo sigue apremiando.

Otras marcas conocidas, como Pikolín y Flex (fabricantes de colchones), o Roca (saneamientos), han acusado con fuerza el desplome del sector inmobiliario. Ya no es que se vendan pocas casas; es que, además, tampoco se alquilan muchas. La crisis ha hecho que, aún teniendo más población, apenas haya aumentado el número de hogares, con lo que no hay necesidad de amueblarlos. En ambos casos, los expedientes de regulación de empleo (ERE) han sido el primer paso ante caídas de ventas de hasta el 50%. Y todo, con la sombra del concurso aún encima de ellas. Las firmas de moda Caramelo y Blanco ya tuvieron que dar ese paso este año, al igual que la cadena de peluquerías Marco Aldany. Al grupo turístico Orizonia y el fabricante de motos Derbi, sin embargo, no les sirvió de mucho y terminaron desapareciendo también en este 2013. Como suele decirse en estos casos: 'requiescat in pace (descansen en paz)'.



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