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prima de riesgo

La prima se estabiliza un año después de marcar su máximo histórico

  • Ya no se debate sobre el rescate y la recesión ha tocado fondo, pero la recuperación se presenta débil

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29/07/2013 a las 06:00
  • colpisa. bilbao
Si nada se tuerce a última hora, este será el primer verano en tres años en que inversores y analistas podrán irse de vacaciones tranquilos y con una sonrisa. Este julio está siendo positivo en los mercados, nada que ver con el infierno sufrido tanto en 2011 como en 2012. Hace justo doce meses, la prima de riesgo se disparó hasta su récord histórico de 638 puntos -eso al cierre, porque en la sesión superó los 640- y el rescate de España parecía inminente. Ahora ese termómetro que mide la percepción de riesgo del país se ha estabilizado en torno a los 300 puntos, menos de la mitad, y no se contempla la posibilidad de una intervención similar a la de Grecia, Portugal e Irlanda. El 'caso Bárcenas' no se ha notado en el parqué, aunque sí está haciendo sudar la gota gorda a Mariano Rajoy, que este jueves dará explicaciones en el Congreso en medio de la conmoción por la tragedia de Santiago. 


Es un trance difícil, quizás uno de los peores de su carrera, pero seguro que también le será complicado olvidar el de julio del pasado año. El mes arrancó torcido pese a que a finales de junio tuvo lugar una importante cumbre europea en la que se acordó impulsar la unión bancaria para poder recapitalizar directamente a los bancos sin cargar la factura al Estado. Pero enseguida se vio que el proceso iba para largo y no iba a llegar a tiempo para aliviar el rescate de la banca española solicitado el 9 de junio (se habilitó una línea de 100.000 millones de la que se consumieron 42.000). Una losa demasiado pesada para España, a la que encima se sumaron las comunidades autónomas. El viernes 20 de julio se desató el pánico al solicitar la Comunidad Valenciana auxilio financiero. En días posteriores le siguieron Murcia y Cataluña.


La prima de riesgo se desbocó ante la impasibilidad del Banco Central Europeo (BCE), que muchos interpretaron como una señal de que el Eurogrupo había decidido dejar caer a España a pesar del riesgo de contagio a Italia. De Guindos viajó desesperado a Berlín, París y Roma en busca de apoyos. Hasta que, por fin, el 26 de julio el presidente del BCE, Mario Draghi, dio un paso adelante y dijo aquello de "haré todo lo que sea necesario para preservar el euro". Bastaron esas palabras para frenar el acoso de los especuladores. "Ese mensaje marcó el punto de inflexión", recuerda David Cano, de Analistas Financieros Internacionales (AFI), si bien la denominada OMT no se concretó hasta septiembre.

La oferta de Draghi


A la vuelta del verano, Draghi explicó que solo compraría deuda de un país con problemas si éste pedía antes ayuda a los fondos de rescate europeos. Rajoy recibió entonces fuertes presiones interiores y exteriores para pasar por el aro, pero se resistió, una decisión que luego se ha confirmado como acertada. La mera existencia de la OMT, sin ser utilizada nunca, ha servido para disolver el miedo a la ruptura del euro y devolver una relativa estabilidad a los mercados. "Sin esta red, el episodio de Chipre, las elecciones en Italia o la crisis política de Portugal habrían tenido un impacto mucho mayor", asegura Cano.


El Gobierno español atribuye a sus reformas la relajación de la prima de riesgo pero, sin quitarle méritos, los analistas coinciden en que la clave reside en las masivas inyecciones de liquidez de los bancos centrales. "No solo intervino el BCE. La Reserva Federal se comprometió entonces a mantener sus medidas de estímulo y más tarde, en abril de este año, se sumó el Banco de Japón. Esa ingente cantidad de dinero se ha dirigido, en gran medida, a los activos de los países periféricos que daban algo más de interés y eso ha sido de gran ayuda para el Tesoro", relata Juan Mari Otxoa, de Fineco.


Estas inyecciones de liquidez, coinciden los expertos, han permitido comprar tiempo, pero no han resuelto los problemas y el futuro se presenta plagado de obstáculos. Para empezar, recuerda Otxoa, los bancos centrales tendrán que retirar antes o después las medidas de estímulo y solo la mención al respecto que hizo en junio el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, desató el nerviosismo en los mercados. "El interés del bono estadounidense y alemán a diez años ya está subiendo. Y en España creo que va a ser difícil que baje del 5% a ese plazo", explica. Para este año la calma parece asegurada porque el Tesoro ya ha cubierto el 73,3% de sus necesidades de financiación a medio y largo plazo, pero no hay que olvidar que la deuda española no para de crecer y ronda el 90% del PIB.

El reto, reducir el paro



El reto más importante sigue siendo crecer lo suficiente para crear empleo. Los últimos indicadores apuntan a que la recesión ha tocado fondo -en el segundo trimestre la economía solo se contrajo un 0,1% respeto a enero-marzo, según el Banco de España-, pero la recuperación se presenta muy lenta. Hay previsiones demoledoras como la última del Fondo Monetario Internacional (FMI) que apunta a un crecimiento nulo en 2014. Otra asignatura pendiente es el crédito, que sigue contrayéndose a un ritmo del 7% para las empresas. Todavía existen dudas de si la banca española necesitará recurrir otra vez a la línea abierta de 100.000 millones. "Lo más importante para la economía española es tratar de reducir cuanto antes el desempleo y finalizar el proceso que conduzca a una estabilidad bancaria, de modo que vuelva el crédito", indica Santiago Carbó, catedrático de Economía de la Bangor University y de la Universidad de Granada e investigador de Funcas.

En opinión de este experto, uno de los principales riesgos para el futuro es "el retraso de proyectos como la unión bancaria", una de las razones que están detrás de la hecatombe de julio de 2012. Ha habido importantes avances, pero quedan incógnitas por despejar. En este sentido, hay muchas esperanzas puestas en que de las elecciones alemanas del 22 de septiembre salga una 'nueva Merkel' más flexible y dispuesta a echar una mano a los países del Sur. Pero no todos están de acuerdo en que se producirá tal cambio. "Yo no lo esperaría", señaló recientemente el representante alemán en el BCE Jörg Asmussen. Pero eso será a la vuelta de vacaciones. Por ahora, a disfrutar del verano.



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