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Cuando los otros europeos nos tenían en cuenta

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27/01/2013 a las 06:00
  • colpisa. madrid
Desde que pertenece a la Unión Europea, la etapa en que España desempeñó un papel más destacado en el grupo de socios fue durante la gestación del euro. El ex ministro de Economía Miguel Boyer formó parte del Comité Delors, el grupo de sabios al que un Consejo Europeo celebrado en 1988 encargó redactar las bases de una unión monetaria. Fue en Madrid, en diciembre de 1995, cuando la cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, bajo presidencia de Felipe González, adoptó los acuerdos de lanzar una moneda única y de crear un banco central compartido, y en esta misma capital, seis años después y en idénticas circunstancias, se bautizó la divisa común con el nombre de euro, sin apellido. 


España no era entonces una formidable potencia económica -de hecho, uno de los principales logros de aquella época fue la consecución de ingentes ayudas por la vía de los fondos comunitarios- pero ejercía una notable influencia. La sintonía alcanzada entre el Jefe del Ejecutivo, el socialista Felipe González, con el canciller germano Helmut Kohl, pese a las distancias ideológicas, hizo mucho por el reconocimiento. Cuando Kohl emprendió la reunificación de Alemania, la primera llamada de felicitación y aliento que recibió de sus colegas europeos fue la de González, que se mostró entusiasta del proyecto, frente a las reticencias del presidente galo, François Mitterrand, que recelaba de la resurrección de la gran Alemania por razones comprensibles.


Además, España fue un alumno aventajado en el cumplimiento de las exigencias de Maastricht para el acceso a la unión monetaria. En fase de relanzamiento económico, disciplinó el déficit -la deuda era una de las más bajas- y domeñó la inflación. Los desembolsos de la cohesión contribuyeron a que, en paralelo, se fueran construyendo muy buenas infraestructuras. Ya en el seno del euro, la política europea de bajos tipos de interés alimentó el desarrollo del tejido productivo, pero también la burbuja inmobiliaria y unos desequilibrios financieros que estallarían tiempo después, relegando al país al pelotón de los torpes. La ampliación de la Unión Europea por el centro y el este del continente contribuyó igualmente a la marginación del sur.


Por su tamaño, y también por su peso político, siempre ha ejercido España la opción de proponer comisarios europeos, primero dos y más tarde uno, rebaja justificada por el aumento del número de socios de la UE. Desde la creación del Banco Central Europeo, además de la obligada pertenencia del gobernador del Banco de España al Sistema Europeo de Bancos Centrales, también ha contado con un asiento en la cúpula del órgano supervisor y ejecutor de la política monetaria común. Eugenio Domingo Solans y José Manuel González Páramo se sucedieron en ese puesto. Vencido el mandato de este último, el Gobierno español ya no ha contado con la influencia suficiente para imponer a quien iba a relevarle.


España, que llegó a colocar al ex vicepresidente económico Rodrigo Rato al frente del FMI, y a Javier Solana como secretario general de la OTAN y alto representante del Consejo Europeo para la Política Exterior y la Seguridad Común, apenas mantiene ahora presencias destacadas en el puente de mando de organismos internacionales. Ni en la Unión Europea, ni en la Monetaria ni fuera de ellas. Y se da la circunstancia de que las tres personalidades que ocupan puestos relevantes en organismos europeos son de militancia o afinidad socialista y fueron propuestas antes o al margen de que se alzara al poder el gobierno conservador de Mariano Rajoy. Se trata del vicepresidente de la CE y comisario de Competencia, Joaquín Almunia, de la vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, Magdalena Álvarez, y del número dos de mecanismo de rescate, David Vegara, que fue secretario de Estado de Economía en el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. A Vegara le ha fichado recientemente el director gerente del MEDE, Klaus Regling.



Han sido las carreras profesionales de José Viñals y de Jaime Caruana, buena parte de ellas en el Banco de España, las que han contribuido a auparles a la dirección de Asuntos Monetarios del FMI y del Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS), respectivamente. Y ya no se encargan a los españoles funciones de alto asesoramiento. Luis Ángel Rojo, que fue gobernador del Banco de España, formó parte en el año 2000 del comité Lamfalussy, promotor del desarrollo legislativo de los servicios financieros en la UE. Todavía en diciembre de 2007, en los comienzos de la gran crisis, y cuando aún no se había puesto de manifiesto su virulencia, se encomendó a Felipe González presidir un grupo de reflexión sobre el futuro de Europa. El informe de estos 'sabios', publicado en junio de 2010, tuvo tintes dramáticos. Ante la crisis global, el rescate de los bancos, el envejecimiento de la población y la pérdida de peso político de Europa en el conjunto de las naciones, solo cabía adoptar medidas radicales, aconsejaron.


Rodrigo Rato dio la espantada en el FMI, pero Francia ha sido capaz de digerir sin problemas el escándalo de Dominique Strauss- Kahn, su sucesor en el cargo. Los analistas creen que detrás de la pérdida de peso internacional de España hay una combinación de factores económicos y sociales, además de un bajo perfil de liderazgo político.



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