Veintiocho años de megalomanía en la SGAE
- La sociedad tiene 145 millones que no sabe a quién corresponden y gastó 255 en inversiones que no se recuperarán
Publicado el 29/11/2011 a las 01:05
La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) comenzó ayer a purgar sus pecados y, sobre todo, a lavar su imagen de cara a la opinión pública. El primer paso con consistencia fue la presentación de la auditoría externa dirigida por el abogado y exmagistrado del Tribunal Supremo Ramón López Vilas y realizada por Ernst&Young. Desde septiembre, han entrevistado a casi cincuenta personas, y estudiado todos los papeles de la entidad para comprobar que "las facturas tuvieran su contrato". Asimismo, analizaron las decisiones que tomó la entidad que gobernó Teddy Bautista durante 28 años. Mejor dicho, las ideas que ejecutó él mismo. Porque el informe acusa al expresidente del consejo de dirección de "megalómano", de atesorar el máximo poder posible en una sola persona y de tomar decisiones muy personales, sin contar con nadie, como la gestión de los teatros Arteria.
Inversiones sin retorno
El propio magistrado calificó de "elefantística" este proyecto. "Las decisiones de compra de espacios no estaban soportadas en una estrategia previa con un plan de negocios que justificara económicamente la inversión. Eran decisiones individuales, movidas por una idea general, acaso bienintecionada, pero sin que existiera suficientemente un necesario estudio, soporte y planificación de riesgos o rentabilidades", aseguró López Vilas en su prolija intervención.
Los números llamaron su atención. La Fundación Autor, el instrumento de la SGAE para la compra la red Arteria, se gastó 255 millones a septiembre de 2011, de los que 215 millones se invirtieron en España y el resto en América. Además, en esta partida hay que incluir casi nueve millones (8,8) que se destinaron a proyectos que luego fracasaron. El auditor está convencido de que la SGAE "no va a recuperar la inversión nunca".
Gran parte de este dinero se destinó a pagar los honorarios de los arquitectos Santiago Fajardo y Antón García Abril, elegidos personalmente por Bautista. Los dos cobraron 1,4 millones por el teatro de Zaragoza; 2,7 millones por Torre de Valencia y la misma cantidad por el palacio Infante Don Luis de Boadilla del Monte (Madrid). La SGAE invirtió 83,7 millones en los madrileños Lope de Vega y Coliseum, cuando no generan ingresos superiores a 3,5 millones al año. También se gastó 12,1 millones en el teatro Paral-lel de Barcelona. "La recuperación de la inversión es imposible", añade en el informe.
También se gastaron 17, 2 millones por el teatro Campos Elíseos de Bilbao y otros cinco millones en adecentar el mítico cine California de Madrid (donde estrenó su primera película Pedro Almodóvar) para convertirla en la sala Berlanga.
El caso más llamativo es el del teatro Al-Andalus de Sevilla. Se invirtieron 62,5 millones en un recinto que el banco valoró en 24. López Vilas se quedó muy sorprendido cuando vio este teatro entre los papeles. "Está en La Cartuja y es bien sabido que a los sevillanos les cuesta mucho cruzar el rio e ir a este recinto. Estaba condenado al fracaso", indicó. ¿La solución? "Perder lo menos posible. No quiero decir que se queden en cero. Hay proyectos como el de Campos Elíseos o Paral-lel que pueden tener futuro", añadió. Además de las compras, Bautista puso al mando de las obras de todos los teatros a Ángel Quintanilla y Emilio Cabrera, ambos apartados por la nueva dirección; en cuanto a la programación, de esta se ocupó Luis Álvarez, cuya elección tampoco salió de ningún concurso público.
Además, la "hucha" de la SGAE tiene 145 millones sin nombre. Es el dinero que ha recaudado la entidad por las obras artísticas y que no ha podido pagar a sus socios porque se desconoce quiénes son. Los auditores piden a la SGAE que acelere este proceso de identificación.
Concentración de poder
"No se puede estar tantos años y con tanto poder". Esa es la conclusión más gráfica del magistrado sobre la importancia que adquirió Bautista desde que se convirtió en vicepresidente ejecutivo en 1983. "Ha sido un sistema presidencialista, como una monarquía absoluta". "
Con el respaldo del presidente, José Luis Rodríguez Neri llegó a la SDAE, la filial digital de la SGAE. Esta empresa, según el auditor, se desentendió de las "reglas de calidad" y los procedimientos habituales de un buen gobierno. El informe señala que entre 1997 y 2011 SDAE, Portal Latino (filial de la anterior) y Microgénesis (empresa independiente controlada por Neri primero y luego a través de testaferros) facturaron a la SGAE 86,1 millones de euros. López Vilas recalcó que no se puede saber si estos servicios fueron prestados o si las facturas contemplan cantidades abusivas.