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Una restauración sacude el Louvre

  • Dos miembros del comité que supervisa la restauración de un Leonardo lo abandonan en plena polémica sobre la posibilidad de que los trabajos afecten al "sfumato" del maestro renacentista

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Da Vinci pintó La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana hacia 1503. EC

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El cuadro, antes y después de la restauración. EC

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Actualizada 06/01/2012 a las 00:04
  • NATIVIDAD PULIDO . MADRID

ECLIPSADOS por la "Gioconda Superstar", cuelgan en una de las galerías anexas del Louvre otras obras de Leonardo cuya presencia pasa desapercibida ante la avalancha de turistas que buscan frenéticamente a la "Mona Lisa". Difícil de entender, pues son mucho más bellas. Hablamos de La Virgen de las Rocas (una de las dos versiones que existen), La belle ferronière, San Juan Bautista, La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana... Este último es hoy, con permiso de la "Gioconda", el gran protagonista del museo parisino, pero no precisamente por una buena noticia.

Hace 17 años, el Louvre abandonó la idea de su restauración por miedo a cómo acometer los trabajos. Se temía que los disolventes empleados para retirar los barnices afectaran al sfumato (célebre técnica inventada por Da Vinci, consistente en crear un efecto difuminado que se obtiene gracias a la superposición de varias capas de pintura, proporcionando a la composición unos contornos imprecisos).

Pero en 2009 se retomó aquella vieja idea y un año después comenzó finalmente la restauración del cuadro. Para ello se designó un comité científico internacional de 20 miembros, que establecieron las pautas de los trabajos, a punto de concluir. Está previsto que la obra vuelva a lucir en público a partir del próximo mes de marzo en una gran exposición. Pero en octubre saltó la polémica: la revista especializada Journal des Arts alertaba de los riesgos que suponía para el cuadro el tipo de intervención escogida. En un reportaje alzaban la voz algunos expertos denunciando que la restauración amenazaba con borrar de los rostros de la Virgen y el Niño el sfumato leonardesco y que proporcionaría a la obra unos brillos que nunca tuvo. Creían que la intervención era demasiado agresiva.

El Louvre se defendió entonces argumentando que las acusaciones no tenían fundamento alguno y que los trabajos eran necesarios y urgentes, pues se estaban borrando los rostros del Niño y de Santa Ana, así como detalles del vestido de la Virgen y del paisaje del fondo. Tuvo que salir al quite el responsable del Departamento de Pintura del Louvre, Vincent Pomerade, quien aseguró que se trataba de «una restauración extremadamente prudente» y que la mano de la restauradora, Cinzia Pasquali, del Centro de Restauración de los Museos de Francia, no se acercaba en absoluto a la capa de pintura original.

Dos reputados miembros del comité científico han abandonado el proyecto. Aunque ninguno ha explicado sus motivos, estaban en desacuerdo con el método seguido en la restauración de la obra. Se trata de Ségolène Bergeon Langle, conservadora jefe de Patrimonio y exdirectora del Instituto francés de restauración de obras de arte, y Jean-Pierre Cuzin, antiguo conservador jefe del Departamento de Pintura del Louvre. Dos pesos pesados del mundo del arte en Francia. La noticia ha caído como un jarro de agua fría en el Louvre.

Por si fuera poco, la prensa británica echa más leña al fuego. The Guardian y The Telegraph destacan en sus ediciones "on line" que en el comité científico hay dos especialistas de la National Gallery de Londres, Larry Keith y Luke Syson, que han sido muy favorables a esta restauración. Curiosamente, el museo londinense acoge en estos momentos la mayor exposición dedicada hasta el momento a Leonardo.

¿Un caballero sobre fondo negro o gris?

En España tampoco nos hemos librado de polémica con las restauraciones de las obras de arte. La más sonada fue la de El caballero de la mano en el pecho, de El Greco, una de las obras más célebres del Prado. En 1996 se presentó al público tras su restauración, pero cuál fue la sorpresa al contemplar que el fondo del cuadro no era negro, como se creía hasta entonces, sino gris. La obra perdía buena parte de su misterio y adquiría un nuevo sentido. Costaba acostumbrarse a ver perfectamente definida la silueta del caballero. Hubo entonces voces que se mostraron en desacuerdo con los trabajos del restaurador Rafael Alonso; decían que se le había ido la mano con la limpieza de los barnices oxidados y los repintes.

El asunto llegó incluso al Congreso de los Diputados. Un documental en 2010, Fondo para un caballero, sostenía que la restauración se hizo con prisas y contraviniendo protocolos internacionales.




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