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JAIME IGNACIO DEL BURGO

Un poco de historia

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Juan de Albret con los Reyes Católicos, en una tabla de Juan de Flandes.

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Actualizada 02/11/2011 a las 01:00
  • JAIME IGNACIO DEL BURGO ES ACADÉMICO CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.

E N ciertos medios de comunicación de orientación nacionalista se presta una gran atención a la conmemoración el año próximo del "V centenario de la conquista de Navarra·. Es lo cierto que en 1512 un poderoso ejército castellano, al mando de Don Fadrique Álvarez de Toledo, duque de Alba, invadió Navarra y en pocas semanas se apoderó de Navarra, destronando a los reyes Catalina de Foix y Juan de Albret. Dicho así, a los navarros nos habrían hecho españoles por la fuerza de las armas.

Pero la historia es bastante más compleja. Europa vivía por aquel entonces una gran convulsión provocada por las pretensiones hegemónicas, sobre todo en Italia, de las dos potencias emergentes: Francia y España. La posición de los reyes navarros era muy complicada. Además de reinar en Navarra poseían grandes dominios al otro lado de los Pirineos. En el Bearn (Pau) gobernaban como señores independientes, pero al mismo tiempo eran súbditos del rey de Francia por los extensos territorios de los Foix y de los Albret en suelo francés, de donde obtenían cuantiosas rentas. Navarra, en cambio, sólo les proporcionaba disgustos a causa del enfrentamiento cainita entre agramonteses y beaumonteses, que desde mediados del siglo XV ensangrentaba y arruinaba el solar navarro. Con mimbres tan heterogéneos y aun contrapuestos, la forja de un Estado navarro-bearnés capaz de hacerse respetar en el concierto internacional era inviable.

Para Fernando el Católico, rey de Aragón y regente de Castilla, era vital la neutralidad de sus sobrinos navarros ante un posible conflicto bélico con Francia. Si la Navarra peninsular caía en la órbita francesa la amenaza para la integridad de los demás reinos españoles era evidente. En 1511 la situación en Italia era explosiva. El rey francés, Luis XII, impulsaba el cisma de un grupo de cardenales díscolos, que pretendían nada menos que la destitución del papa Julio II. A la convocatoria del "conciliábulo de Pisa" el pontífice respondió con la organización de una "Liga Santa". Era aquélla una época en que las contiendas religiosas se dilucidaban en el campo de batalla. Fernando el Católico, Enrique VIII de Inglaterra, la Serenísima República de Venecia y los regimientos suizos se sumaron al bando papal.

Los ingleses enviaron un ejército a Fuenterrabía para recuperar, con el apoyo de los castellanos, las tierras de la actual Aquitania, que entre 1152 y 1453 les había pertenecido. Fernando el Católico exigió a los reyes navarros permanecer al margen, pues temía -y con razón- que Luis XII les atacara por la retaguardia cuando pusieran sitio a Bayona. Catalina y Juan trataron de jugar a los dos palos, pero la neutralidad es privilegio de los fuertes. El astuto monarca francés los tenía agarrados por el cuello al haber alentado contra ellos una serie de pleitos sucesorios ante el Parlamento de París y el de Toulouse, que podían sentenciar la privación de sus dominios, incluido el Bearn.

Los reyes navarros se encontraban ante una terrible encrucijada. Si apostaban por Fernando arriesgaban sus territorios ultrapirenáicos. Si lo hacían por el rey francés podía implicar la pérdida de Navarra. Al final, pesaron más sus rentas que el trono pamplonés. El 18 de julio de 1512 firmaron en Blois un tratado secreto de amistad con Luis XII que les convertía en "amigos de sus amigos y enemigos de sus enemigos". Cuando sus espías en la corte francesa le informaron de lo ocurrido, Fernando el Católico montó en cólera por la traición de sus sobrinos y ordenó al Duque de Alba la ocupación temporal de Navarra, que cayó en su poder en pocos días. Los reyes destronados huyeron al Bearn, negándose a parlamentar con el monarca aragonés la devolución del reino. Hubo tres intentos infructuosos de recuperación del reino. La batalla de Noáin, en 1521, acabó definitivamente con toda esperanza de la dinastía destronada.

En 1513, las Cortes navarras, previo juramento de los fueros del reino, reconocieron al rey Católico como "rey y señor natural". Dos años más tarde (1515), Fernando comunicó a las Cortes de Castilla su decisión de que a su muerte heredarían Navarra, con la obligación de respetar sus fueros, su hija Doña Juana (la Loca) y quienes fueran sus sucesores en los reinos que integraban lo que se dio en llamar Corona de Castilla. Al año siguiente, su nieto Carlos, el futuro emperador de Alemania, se convirtió en rey de Navarra como Carlos IV, asumiendo el compromiso de mantener a Navarra como "reino de por sí".

Se produjo así el reencuentro de Navarra con la comunidad hispana de la que se sentía parte integrante a pesar de la condición francesa de sus reyes. Andando el tiempo, Enrique III, el Bearnés, de apellido Borbón y biznieto de los reyes destronados, se convertiría en rey de Francia (1589) después de convertirse al catolicismo ("París bien vale una misa").

En todos estos sucesos fue extraordinaria la aportación militar de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya bajo las banderas de Castilla. Si Navarra es la cuna del pueblo vasco, como sostienen los nacionalistas, los vascongados de ayer contribuyeron decisivamente a la reunión de todos los vascos en el seno de la monarquía española.



  • ElAgenteSmith
    (02/11/11 20:32)
    #10

    Lo menos que se puede pedir a un político que quiere escribir sobre Historia, es que sea fiel a los hechos y que se le note poco su ideario. Aquí el Sr. Del Burgo ha patinado en ambas. Es un escrito sesgado y... "adornado" con meras opiniones. La intervención por ejemplo de vascongados en la conquista militar de Navarra, se debió no a su amor a España sino a estar bajo un señor obligado a acudir al "apellido", y a encontrarse más cerca de Navarra que (pongamos) La Mancha, por lo que salían más baratos. Fueron además obligados bajo amenazas expresas a sus bienes y a su vida, publicadas y bien conocidas (salvo al parecer por Del Burgo)

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  • Simple aficionado a la historia
    (02/11/11 18:24)
    #9

    Aún leyendo el artículo del Sr. Del Burgo no se puede dejar de ver en ningún momento que ser trató de una invasión en toda regla..... viene a decir que: Navarra lo tenía difícil, eran tiempos complicados, estaba entre dos estado poderosos... y qué? Parece que es una invasión en toda regla, no? Estoy leyendo algo de historia al respecto y decir que Navarra ya había tomado partido con el tratado de Blois y que casi se lo merece , me parece una barbaridad. Y también querer darle una pátina de legalidad a unas Cortes absolutamente manipuladas y tendenciosas. Si encima, como dicen otros autores, el Tratado es posterior a la intención de invasión.... pues queda claro lo que pasó. Otros autores afirman que Fernando se basó en una manipulación de ese tratado para justificar la ruptura de negociaciones (ESARTE). Cada uno lee la historia como quiere.. pero... datos son datos y fútbol es fútbol. A estas alturas, uno puede declararse lo que quiera pero no manipular la historia al menos. 

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  • Publio Cornelio Dolabela
    (02/11/11 16:16)
    #8

    La pregunta del millón dijo..
    Contéstate tú mismo: ¿Tiene legitimidad un país conquistado por un estado extranjero, sujeto a una corona que no es la suya por derecho de conquista basada en una legalidad al menos dudosa, y años después despojado de la soberanía (convertido en provincia del país conquistador) mediante una serie de leyes (1839, 1841) emanadas de unas cortes extranjeras y que jamás fueron aprobadas por las cortes de el país provincializado? Yo creo que Navarra tiene legitimidad más que suficiente para exigir (no digo pedir) que se le devuelva su estado; otra cosa es que los navarros del siglo XXI lo deseen o no: ese es otro cantar; pero tal y como le van las cosas a España, creo que mejor estaríamos fuera.

    Responder

  • Publio Cornelio Dolabela
    (02/11/11 16:05)
    #7

    El Conde de Lerín fue expulsado de Navarra en 1507, y murió poco después; esta expulsión puso fin a la guerra civil en Navarra cinco años antes de la conquista, de modo que una nueva excusa queda invalidada. Su hijo Luis, siguiente conde, no deja de intrigar en la corte castellana para recuperar sus bienes en el reino; incluso planteó abiertamente la conquista de Navarra, cuestión que no cayó en saco roto ya que desde 1497 al menos estaba en mente de Fernando de Aragón el anexionarse Navarra, tal y como negoció en tal año con el rey de Francia: Navarra para Fernando y Nápoles para Francia. De nuevo nos encontramos con una sarta de excusas mal perjeñadas para justificar una conquista; guerra civil, tratado con Francia, etc etc. Todo estuvo premeditado y amañado.

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  • La pregunta del millón
    (02/11/11 15:58)
    #6

    Ya, pero, ¿Tiene o no legitimidad Navarra para decidir sobre sus status político?, o ¿Puede legitimarse lo conseguido por una invasión militar?

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  • Publio Cornelio Dolabela
    (02/11/11 15:30)
    #5

    El bisho animando a la turba, a ver si algún lucio pica el señuelo.

    Responder

  • Bitxejo
    (02/11/11 15:13)
    #4

    Aupa Jaime Ignacio, eres el mejor!!!!

    Responder

  • Publio Cornelio Dolabela
    (02/11/11 14:30)
    #3

    (Sigue). En cuanto a las cortes de 1513, es señor del Burgo se olvida mencionar que fueron convocadas por Fernando de Aragón, y que sólo acudieron nobles de la facción beaumontesa, y del brazo eclesiástico sólo tres abades (a pesar de la bula papal Exigit Contumacium), por lo que son de dudosísima legalidad: no se puede justificar un cambio de dinastía en el resultado de unas cortes cuanto menos dudosas, teniendo en cuenta además que los reyes legítimos habían convocado cortes (legales) en Pau. Estamos acostumbrados a las piruetas y medias verdades que justifican la conquista de Navarra sobre bases de barro; creo que a estas alturas del siglo XXI, hay posturas que difícilmente se pueden mantener sin sonrojarse.

    Responder

  • Labrit
    (02/11/11 14:28)
    #2

    Decir sólo la mitad de la verdad es mentir, señor Del Burgo. Si los reyes Juan y Catalina eran "extranjeros" (aunque llevaban reinando 25 años), su admirado Fernando de Aragón también lo era, como le dirán en Sos. ¿Por qué no dice tampoco que las "Cortes" de 1513 estaban compuestas únicamente por beamonteses y partidarios del invasor? ¿Por qué se calla que la anexión de Navarra en 1515 fue decidida en las Cortes castellanas de Burgos, sin que hubiera un solo navarro presente en ellas? Lo único verdaderamente cierto, es que Navarra era un país soberano y fue invadido por otro sin más derecho que el de la violencia.

    Responder

  • Publio Cornelio Dolabela
    (02/11/11 14:04)
    #1

    Como es habitual en el señor del Burgo, arrima el ascua a su sardina y nos ofrece la interpretación de la conquista a la que nos tiene acostumbrados: dice el señor del Burgo que "El 18 de julio de 1512 firmaron en Blois un tratado secreto de amistad con Luis XII que les convertía en "amigos de sus amigos y enemigos de sus enemigos". Y que "Fernando el Católico montó en cólera por la traición de sus sobrinos y ordenó al Duque de Alba la ocupación temporal de Navarra, que cayó en su poder en pocos días". Bien, a no ser porque la invasión de Navarra se inició el 10 de julio con la caida de Goizueta, 8 días antes de la firma del tratado de Blois: la invasión estaba meditada antes de la firma del tratado. Por otra parte, dicho tratado no iba más allá de lo que podía ir, por ejemplo, el de Tordesillas de "amistad" con Castilla o cualquiera de los que frecuentemente se firmaron entre Navarra y francia o Navarra y Castilla. El tratado fue una excusa para actuación muy premeditada. En cuanto al sentimiento "hispano" de la comunidad navarra, es una idea tan repetida como traida por los pelos; seguro que el señor del Burgo conoce el informe del ingeniero Antonelli a Felipe II sobre la ciudadela de Pamplona de 1569 (55 años tras la conquista): "Pamplona es ahora más frontera que metrópoli... ha de tener un muy principal castillo, porque estando aún fresca la memoria del gobierno de su rey natural... todavía es necesario asegurarse también con una fuerza, de sus voluntades." En este informe está clara la voluntad de los navarros: ni bien ni mal querían un rey extranjero a la cabeza del reino; la voluntad hispánica de los navarros, si es que existía, no pasaba por la anexión del reino a la corona de Castilla. Ya es hora de que dejen de vendernos la moto.

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