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TOROS/FERIA DE BILBAO JUAN MIGUEL NÚÑEZ

Tres rejoneadores, tres orejas

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Tres rejoneadores, tres orejas

Un momento de la faena de Pablo Hermoso de Mendoza en la primera corrida de Bilbao. EFE

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Actualizada 21/08/2011 a las 01:05

B ILBAO, feudo tradicional de Pablo Hermoso de Mendoza, se ha rendido hoy a su rival más directo, Diego Ventura. En el marcador de trofeos, sin embargo, aparece una oreja para cada uno. Incluso el testigo del duelo, el joven Leonardo Hernández, se llevó también un apéndice. Pero la diferencia entre unos y otros es que para la oreja de Hermoso faltaron pañuelos, mientras que en la de Ventura sobraron abrumadoramente. Con Leonardo no iba la guerra, pero le sirvió para sacar tajada de la misma inercia del ambiente.

Hermoso salió con atuendo rondeño, chaqueta granate larga con bordados en negro y pantalón ceñido sin zahones. El caso es que llamó la atención esta vestimenta, que ya en otro color más discreto había lucido la semana pasada en Illumbe.

Pero lo verdaderamente llamativo de Hermoso fue su falta de concentración, con notables desigualdades en sus dos toros. La corrida no fue fácil, viniéndose los toros en ocasiones muy cruzados, y eso le pesó, hasta el punto de pasar muchas veces en falso sin clavar. Repitió con Chenel en los dos toros, a la postre para firmar con él lo más interesante de su actuación, saliendo a dos pistas después de dejar las banderillas arriba y muy reunidas. Una actuación comprometida, de aguante, valor y arrojo, en la que Ícaro jugó también un papel determinante en el cuarto toro.

Quede claro que cortó una oreja con más voces que pañuelos en la petición.

Ventura se presentaba por fin en Bilbao al cabo de doce años llamando a la puerta. A nadie se le oculta que había sido precisamente Hermoso quien venía impidiendo este debut. Por eso se notó más el pique.

A Ventura no le gustó que se lidiara esta corrida, de una camada que Hermoso tiene comprada de antemano para su temporada. Pero tragó, y al final la exigencia fue más un inconveniente para el rival.

Las dos actuaciones de Ventura, presididas por el entusiasmo y el ímpetu. Muy certero, ajustado y espectacular, incluso temerario en su toro primero. Clavó siempre arriba y muy reunido. Superó con Nazarí todos los alardes que se habían hecho antes a dos pistas, templando a milímetros de los pitones.

Faena de verdadero clamor, empañada sólo por los tres golpes de descabello que necesitó tras el rejón, pues hubiera cortado si no las dos orejas, al menos una con mucha fuerza.

Y tanto frenesí en la faena al quinto, aunque esta vez las evoluciones tuvieron más armonía, marcando muy bien tiempos y espacios.

Con Wellington, en banderillas, fue una especie de no va más, clavando de poder a poder y en cites de plaza a plaza, de una punta a otra del ruedo, dejándose ver una barbaridad. Hasta en los adornos con las cortas hubo mucha pureza, dejando tres hierros sin interrumpir el círculo.

Leonardo cumplió una primera actuación accidentada, tropezando en el primer tercio con el caballo Clairel, que resultó herido. Más entonado y centrado en el sexto, procuró hacer las cosas de frente y al estribo, apoyándose finalmente en los "efectos especiales" de las cortas "al violín" para sumarse al triunfo. Bilbao. Primera de abono.
Toros de herederos de Ángel Sánchez y Sánchez, bien presentados y convenientemente "afeitados", con genio y alguna que otra complicación, muchos de ellos poniéndose por delante y la mayoría también buscando tablas al final.
Pablo Hermoso de Mendoza: rejón (ovación tras leve petición); y pinchazo y rejón (oreja).
Diego Ventura: rejón caído y tres descabellos (ovación); y rejón (oreja con fuerte petición de la segunda).
Leonardo Hernández: tres pinchazos y rejón (silencio); y rejón (oreja).
El caballo Cairel de Leonardo fue operado en la misma plaza de una cornada en la axila derecha, de la que según los veterinarios se recuperará sin problemas.
La plaza rozó el lleno en tarde de calor asfixiante.




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