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PEDRO LOZANO BARTOLOZZI

Tora! Tora! Tora!

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Actualizada 08/12/2011 a las 01:01
  • PEDRO LOZANO BARTOLOZZI, PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE NAVARRA

W EBLEY Edwards, locutor de Radio Honolulú cogió fuertemente el micrófono con su mano y gritó angustiado: "¡No son maniobras! ¡Esto es un verdadero ataque!". Eran las 8 horas y 10 minutos, hora local, del domingo 7 de diciembre de 1941.

Una hora antes, los soldados Joseph L. Lockard y George E. Elliot observaron en la pantalla de radar una señal revelando que un numeroso grupo de aviones se aproximaban a las Hawai. Uno de ellos telefoneó de inmediato al teniente Tyler, pero este les dijo que no se preocupasen. El oficial suponía que se trataba de los B-17 que se esperaban de un momento a otro procedentes de California. Los aparatos norteamericanos volaban, efectivamente, a 300km al nordeste del archipiélago. Pero los aviones que aparecían por el noroeste, dirección opuesta, eran japoneses.

El ataque había sido preparado por el almirante Isoroku Yamamoto, y al frente de la flota iba el vicealmirante Nagumo que mandaba una formación compuesta por seis portaviones, dos acorazados, tres cruceros, nueve destructores, doce submarinos y doce barcos nodriza, además de 353 aviones de diversos tipos.

El 26 de noviembre, la flota nipona inició desde las Kuriles una larga singladura, con silencio absoluto de sus radios e instrucciones de hundir los barcos que se encontrasen y pudieran comunicar su posición. Los buques repostaron en alta mar poniendo el 3 de diciembre rumbo a las Hawai mientras Nagumo izó en el buque insignia, el Akogi la misma bandera que el Japón lució en la victoriosa batalla de Tsushima, en 1905, frente a la marina del Zar.

Otra fuerza naval japonesa, menor fue enviada ostensiblemente al golfo de Siam para distraer la atención de los aliados.

Tras alcanzar el punto de cita previsto, la escuadra de Nagumo recibió el mensaje cifrado que daba en clave la orden de ataque: "Escalar el monte Nitaka".

Sin portaaviones

En la gran base naval de Pearl Harbour estaba destinada la flota norteamericana del Pacífico, entre ellos dos portaviones - el Enterprise y el Lexington- que curiosamente se encontraban navegando en alta mar y lograron salvarse, ocho acorazados y nueve cruceros. El puerto tenía un enorme dique flotante. También eran importantes sus instalaciones aéreas. Mandaba la base el almirante Husband E. Kimmel.

Los japoneses lanzaron sus aviones en tres oleadas de ataque, la primera con 183 aparatos que en minutos destruyeron las principales pistas y dependencias. La segunda oleada fue acompañada por la acción de los submarinos de bolsillo que inexplicablemente encontraron abierta la red que cerraba la entrada. Tampoco se acaba de entender el modo en que estaba amarrada la flota, con los navíos muy juntos unos de otros. Extrañamente no había aviones de reconocimiento sobrevolando la zona y al ser día festivo se había reducido considerablemente el número del personal de guardia y en servicio. La artillería naval y los antiaéreos apenas pudieron responder al sorpresivo ataque.

La precisión y capacidad destructora de las bombas y torpedos fue terrible y tanto los barcos anclados como los aviones fijos en tierra quedaron destruidos en su mayor parte bajo las toneladas de explosivos arrojados, elevándose de inmediato enormes columnas de humo y rutilantes llamaradas.

Fueron inutilizados uno tras otro el Arizona, Nevada, Maryland, Tennessee, California, Oklahoma, West Virginia, Pennsylvania y el veterano Utah. Otras embarcaciones menores fueron hundidas o dañadas. El espectáculo resultaba dantesco, rotundamente histórico y estremecedor.

Las pérdidas norteamericanas se cifraron en el hundimiento de 19 grandes navíos, la destrucción de 188 aviones, más 159 averiados y 4.575 bajas humanas. Los japoneses perdieron solamente 29 aparatos y 5 submarinos de bolsillo, murieron 55 aviadores y 9 submarinistas.

Por cierto, el ataque a Pearl Harbour ha sido llevado al cine en varias ocasiones, con realizaciones tan gloriosas como De aquí a la eternidad de Fred Zinnemman, Tora Tora, Tora de Richard Fleischer y Pearl Harbour de Michael Bay.

El impresionante ataque a Pearl Harbour fue seguido de una sincronizada serie de golpes no menos fulminantes y eficaces. Horas más tarde los nipones bombardean Singapur, Filipinas, Guam, Hong Kong y Wake.

Al día siguiente los japoneses se hacen con las concesiones internacionales de Shanghai, lanzan paracaidistas sobre Luzón y tienen lugar los primeros desembarcos en Tailandia. En seis meses Japón va a señorear la mayor parte del Sudeste asiático y del Pacífico, amenazando India y Australia.

Gigantesca extensión

Sin embargo, como ha escrito Barrie Pitt acerca del dominio de tan gigantesca extensión de tierras y mares, "Japón se encontró con sus recursos militares esparcidos hasta el máximo: parecía un hombre que, tendido en el suelo, mantuviese cerradas las cuatro puertas de una habitación, dos con los pies y dos con las manos, temiendo que la presión ejercida sobre las puertas no fuera suficiente para abrir por lo menos una".

El texto de la declaración de guerra había sido telegrafiado la víspera del ataque a la embajada nipona en Washington y debía entregarse a las 13 horas a Cordel Hull, Secretaria de Estado, por Nomura y Kurusu, pero absurdos problemas burocráticos y de organización, incluido el tiempo que los diplomáticos debieron aguardar en antesala, a ser recibidos, hizo que la nota fatídica se entregara con 55 minutos de retraso. El ataque ya había comenzado, pero Roosevelt no mostró por ello excesiva sorpresa.

Se ha especulado sobre la posibilidad de que altas instancias americanas conocieran el plan japonés. Nada hay suficientemente claro en este asunto, pero es seguro que la Inteligencia de EEUU estaba al tanto del sistema de cifrado japonés, el llamado "Código Púrpura" y que Roosevelt deseaba una provocación para poder inclinar a la opinión pública y entrar en guerra contra el Eje.

El prólogo de Pearl Harbour fueron unos meses de intensas y tensas gestiones diplomáticas y de duras medidas económicas que implicaron en la práctica la ruptura de relaciones entre Washington y Tokio tras el fracaso de los intentos del jefe del Gobierno nipón, Konoye por llegar a un entendimiento Su relevo por el belicoso general Tojo decidió el destino. También hay que situar el ataque en el contexto general de los otros escenarios de la Segunda Guerra Mundial, incluido Europa y en los acontecimientos precedentes en Asia, con las agresiones japonesas a Manchuria y China y la ocupación de Indochina e Indonesia.

Todo el inmenso drama que comenzaba el 7 de diciembre de 1941, ahora hace setenta años, terminaría tras el espanto de Hirosima. El 2 de septiembre de 1945 en la rada de Tokio a bordo del acorazado Missouri se firmaba la rendición japonesa. Por cierto, el locutor Webley Edwards, también asistió a este acto, especialmente invitado por MacArthur.




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