JOSERRA MUÑOZ LEZA ACTOR
"El teatro me ha hecho mejor persona"
- "Los talleres de teatro ayudan a enfermos, a niños, hasta en empresas
Publicado el 17/11/2011 a las 01:00
Podría estar ahora despachando antibióticos en una farmacia con su título de farmacéutico colgado a su espalda y un buen negocio entre manos pero aunque pasó siete años de su vida entre fórmulas químicas y técnicas de laboratorio, Joserra Muñoz Leza (Tudela,1962) siempre prefirió ganarse la vida, y sobre todo vivirla, haciendo lo que más le apasionaba: teatro. Y ahí le tenemos ahora en el Teatro Español de Madrid que se llena cada día para verle coprotagonizar una obra de larguísimo título (Veinticinco años menos un día. The the is ready), todo un delirante enredo en el que media docena de actores abordan el eterno embrollo de un triángulo amoroso en el que Leza es el marido que no quiere enterarse de nada.
¿Por qué el teatro?
Porque lo he vivido desde niño, cuando estudiaba en los jesuitas de Tudela, que tenían un teatro precioso. Los jesuitas fueron los primeros en darse cuenta en España de que el teatro era una potente arma pedagógica. Con ellos hacíamos autos sacramentales, teatro religioso. Yo participaba entusiasmado en todo ello y cuando me fui a la universidad a estudiar Farmacia.
¿Por qué Farmacia?
Mi padre era médico en Ribaforada, que es donde pasé los primeros siete años de mi vida, y luego médico hematólogo en Tudela. Por eso Farmacia. No me entusiasmaba la idea pero yo era entonces un chaval muy bueno, no quería enfrentarme con mi familia así que puse mi mejor interés en la carrera. Pero el ambiente de la Universidad de Navarra. digamos que me ahogaba bastante. Menos mal que en el Colegio Larraona, donde vivía, se respiraba un ambiente cultural muy abierto. Allí conocí al jesuita Ellacuría, que fue a darnos unas charlas, y que poco después asesinaron en El Salvador, a Aranguren. Eran gentes muy inquietas. Pero en cuanto pude trasladé mi matricula lejos, a Granada, y aquello fue otro mundo.
El sur de las luces.
Así es. Allí empezó mi ciclo andaluz. Al poco de llegar, un día iba por la calle y vi un letrero: "Taller de actores excéntricos". Entré y ahí cambió mi vida.
Dejó su carrera universitaria.
No, no. Uno es navarro tozudo. Acabé y hasta estuve trabajando dos años en un proyecto de botánica, pero llevaba el veneno dentro.
¿Qué veneno escondía aquel taller de actores excéntricos?
Lo dirigía Alfredo Mantovani, un abogado argentino que se desvió hacia el mundo del teatro, de la psicología y de la pedagogía. En Andalucía ha sido una de las grandes personalidades de la renovación del teatro pedagógico. Ha sido uno de mis principales maestros y el responsable de que eligiese este camino como vocación.
¿Y qué ocurría en aquel taller?
Allí me encontré la posibilidad de jugar a ser otras personas. Para mí, que llevaba un cacao mental tremendo, fue una válvula de escape muy buena, un lugar de libertad, de juego y encuentro con la gente. gente como yo, estudiantes universitarios y también gente trabajadora curiosa por las cosas. Gente a la que, en el fondo, que no les gustaba lo que hacían. Todos éramos unos inconformistas con lo que nos había tocado en la vida y Mantovani nos llevó a un lugar lleno de imaginación y nos ayudó a canalizar nuestra frustración.
Y desde entonces.
. mi transición hacia el teatro se deslizó suavemente: seguía trabajando en el departamento de Botánica y a la vez hacía teatro hasta que una compañía de Sevilla me llamó para incorporarme como profesional. Pero a la vez continuaba mi formación en el instituto de teatro . Allí descubrí el mundo del payaso (he estudiado con Leo Bassi, Pepa Díaz Meco, Carlo Colombaioni) y me entusiasmó, y de ahí mi pasión por el teatro grotesco.
¿Por eso eligió esta obra y este papel que interpreta ahora en el Teatro Español?
Al principio interpreto a un estúpido, y yo adoro la estupidez. Empecé a trabajarla haciendo el payaso y es cuando más inteligente me he sentido, cuando más ternura he percibido, cuando más cómodo me he sentido conmigo mismo. Si me interesó esta obra fue porque muestra lo tonto que es uno cuando vive en un mundo tan de superlistos, tan preocupados por demostrar lo inteligente que uno es, lo interesante que uno es, lo buen amante que uno es. Tan inflados estamos representando esos papeles que llegamos a asfixiarnos para estar a la altura de lo representado. El payaso te coloca en tu sitio, te enseña a no temer el fracaso porque el payaso es un especialista en fracasos. "Mira qué bien fracaso y cómo me río de mi fracaso", te dice.
Muy pedagógico.
Es que el teatro es un gran instrumento de aprendizaje. Lo aprendí también con Mantovani así que, a la vez que hago teatro, he dado talleres por pueblos y ciudades de Andalucía, y también en Tudela. El teatro me ha aportado tanto a nivel personal que quiero ayudar a los otros a que encuentren en esos talleres un lugar de libertad, de conocimiento grupal, de comunicación. Los talleres son una fiesta, un juego donde la gente respira libremente y no sabes cuánto ayudan a la gente enferma en hospitales, a los niños, y hasta en empresas, haciendo jugar y representar a sus directivos.
¿Cuál ha sido su papel preferido en el teatro?
En el teatro he hecho de todo, clásico, moderno. Pero mi actuación preferida es la de una obra que escribí yo mismo, Ecce homo, un monólogo en el que vuelco mi experiencia como actor y persona.