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ORIPHEAN EN OCHAGAVÍA

Retales de una época

  • La VIII Orhipean, Oficios y Tradiciones de Ochagavía transportó ayer a sus más de 600 vecinos y a cientos de curiosos que se acercaron a un 27 de agosto de 1911, época en la que las lavanderas lavaban a mano en el río y la matanza del cerdo se hacía en la plaza mayor

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Retales de una época

Las ovejas de Jose María Azcoiti bajan desde Salazar para seguir su camino hasta las Bardenas, representando el trayecto que se hacía durante la trashumancia. CALLEJA

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Retales de una época

Una vecina ataviada con ropa del siglo pasado, cocina como lo hacían antaño. CALLEJA

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Las lavanderas lavan la ropa en el río Salazar, frotando contra las piedras. CALLEJA

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Retales de una época

Una hilandera hace su labor. CALLEJA

Orhipean en Ochagavía 14 Fotos

Orhipean en Ochagavía

Hilanderas, lavanderas, barberos... regresan a Ochagavía, una localidad pirenaica donde los relojes han retrocedido un siglo para deleite de sus visitantes. Los vecinos podrán disfrutar de objetos perdidos y juegos de antaño.

CARMONA
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Actualizada 28/08/2011 a las 01:41
  • VIRGINIA URIETA . OCHAGAVÍA.

SE hace saber, que al anochecer queda terminantemente prohibidas las rondas y reuniones públicas al aire libre; se prohíben las quedadas y juegos de niños y niñas con los del pueblo de Ezcaroz, hoy, a 27 de agosto de 1911, el alcalde Don Francisco Goyena". Así rezaba el pregón, con éstas y otras medidas de orden público precedidas por un grito de trompeta, que ya anunciaba el orden de una época. Ochagavía transportó ayer a sus visitantes al siglo pasado, en la VIII Orhipean, feria de Artes y Oficios que transformó el pueblo y a sus más de 600 habitantes tal y como eran antaño. Y todo, es todo: hasta las señales de tráfico se taparon para contribuir a un escenario lo más real posible.

El tañido de las campanas de la iglesia San Juan Evangelista a las 9.30 horas anunciaba un día como otro cualquiera, allá por un 27 de agosto de 1911. Ataviados con la vestimenta de la época y ejerciendo las labores propias de su tiempo, todos salieron a la calle: las lavanderas lavaban su ropa en el río Salazar, echando ceniza como desinfectante (ahora sustituida por la lejía) y frotando la ropa sobre una piedra lisa, con jabón elaborado por ellas mismas. Las hilanderas, el médico, el dentista, el costurero, el herrero... La feria congregó ayer a cientos de curiosos que no quisieron perderse un día en la vida de aquella villa de Ochagavía, que ayer se implicó por completo para encarnar un pequeño retal de la historia. "Es una gran fiesta porque todo el pueblo se presta. Algo complicado, pero todos se implican y cada uno asume su trabajo, lo hacemos con mucha ilusión y se vive con intensidad", explicó Ione Villanueva, desde la organización. "Es increíble la cantidad de cosas que guarda la gente, y gracias a eso hemos podido hacer posible la feria, porque antiguamente era un pueblo de labranza", agregó.

Un matatxerri muy legal

Hace ya dos años que, por cuestiones legales y de respeto hacia los animales, el cerdo ya no se mata en la plaza. Jesús Mª Mantxo Goyana se encargó de llevar a cabo el matatxerri o matanza del cerdo, que fue después despiezado para elaborar la morcilla, el chorizo y la birica (un embutido que aprovecha distintas partes del animal). Después, todos almorzaron unas migas de pastor en la plaza.

A las 11.30 horas bajaron los pastores con el rebaño, desde Salazar y pasando por Ochagavía para llegar a las Bardenas, tal y como se hacía antiguamente la trashumancia. Además, los visitantes pudieron asistir a una auténtica clase de las de antaño, en la que los alumnos saludaron a su rígida y estricta profesora con un "Ave María Purísima", y ella echó en falta la ausencia de algún alumno, que no pudo asistir por sus obligaciones en el hogar, que eran primordiales.

Rescataron del olvido actividades como la trilla, ejercieron de panaderos y queseros y hasta se tomaron un descanso en una taberna de época. Cada esquina del pueblo era un viaje al pasado, parte de la historia de Ochagavía que, cada año, vuelve a nacer.




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