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JOSÉ IGNACIO AGORRETA PINTOR

"Quiero hacer de puente entre el espectador y las escenas que le pasan desapercibidas"

  • Agorreta inaugura su nuevo estudio-galería de Barañáin con obras de los últimos dos años. En este tiempo, el artista sigue con sus edificios apocalípticos y post industriales, pero se ha atrevido también a penetrar en su interior.

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José Ignacio Agorreta posa con algunos de los interiores que presenta en la exposición con la que ha reabierto su estudio en Barañáin. JOSÉ CARLOS CORDOVILLA

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Actualizada 28/12/2011 a las 01:02
  • ION STEGMEIER . PAMPLONA .

José Ignacio Agorreta nunca pintaría su estudio. Al artista pamplonés, de 48 años, le gusta trabajar con escenarios del pasado, lugares abandonados, fábricas viejas, anacrónicas ya, o casas semi derruidas que aún conservan algún vestigio de sus habitantes del pasado. Así que su estudio no tendría interés. Lo acaba de renovar, y ya no es sólo un estudio.

Con esta crisis brutal para la cultura hay quien se lamenta y quien toma el toro por los cuernos...

Yo voy a seguir pintando porque toda la vida he pintado y no me veo haciendo otra cosa. Efectivamente, puedes estar todo el día quejándote, pero creo que tienes que pensar qué puedes hacer tú.

¿Y usted qué ha hecho?

Yo, por circunstancias mucho más prosaicas necesitaba hacer obra en el taller. A la vez que lo acondicionaba, quería que cuando la gente venga -que ésa es la mayor dificultad, atraer a la gente- pueda ver una exposición como si fuera una galería. Porque ahora vemos el cierre de salas, otras que alargan las exposiciones y por tanto programan menos, galerías que cierran...

Tras estos días de obras, ¿tiene mono de pintar?

Unos días, no. Llevo que no pinto seis meses. Tengo muchísimas ganas. Para mí venir al taller es una terapia, cierro la puerta, me aislo y me olvido de todo. Cuando el propio taller te está generando esa incertidumbre, no tenía dónde soltar esa adrenalina, y no voy a decir que lo he pasado mal, pero tengo una verdadera necesidad de empezar ya a trabajar.

Sus obras siempre sugieren misterios, enigmas, arquitecturas abandonadas, lugares de otro tiempo... ¿Son lugares que están ahí y sólo hay que buscarlos?

Ésa es la clave. Están en la mirada. Tú puedes ser una persona curiosa y puedes encontrarte enigmas o llámalos como quieras a tu alrededor, de hecho yo creo que pinto escenas cotidianas y mi cotidianeidad se tiñe de todo este tipo de obras. Es el ojo el que hace que esos objetos que pueden pasar desapercibidos tengan un carácter enigmático, o poético. Yo quiero que mi trabajo sirva de puente, hacerle ver al espectador estas escenas que normalmente le pasan desapercibidas.

¿El ojo se entrena?

Sí. El otro día hablaba con un amigo de la necesidad que tenemos por esforzarnos como espectadores para ver exposiciones, cine, conciertos... No nos podemos quedar simplemente en el mero acudir a algo. Tenemos que hacer muchos esfuerzos. Uno de ellos es que si acudes a ver una exposición en la que no es evidente lo que estás viendo, el buscar qué hay más allá, rascar un poco en el cuadro.

Ahora ha empezado a pintar interiores de esos edificios. ¿Cómo ha sido el proceso de meterse dentro de ellos?

Como me suele ocurrir habitualmente, es muy natural. Estás caminando y viendo ese tipo de arquitecturas, en un momento dado saltas la tapia, entras por la ventana y te encuentras con unas escenas que te empiezan a interesar. Reparas en que hay muchísimo que contar de esos interiores. Y entonces nos encontramos con ese paso del hombre por la vida. En el interior nos encontramos en lo más íntimo. A su vez, ese interior, como está muy afectado por la luz, juega con unos elementos que hacen que la mirada sea más introspectiva, le da un carácter más poético .

¿Cada vez tiene que hacer más kilómetros para encontrar estas escenas?

No, estamos rodeados de estos escenarios. El problema es la accesibilidad, los blindan ante la posibilidad de una ocupación, y porque ocurre algo tan absurdo como que si tú te metes en un edificio que no estaba vallado convenientemente y tienes un accidente, puedes pedir responsabilidades al dueño. Por eso la gente lo que hace es tapiarlos. Yo tengo verdaderas dificultades. Además a los que accedo, previamente han pasado ya chatarreros o lo que sea y han arrasado. A mí el edificio asolado no me interesa. La destrucción en sí no me interesa. Yo, de hecho, a una de las series la titulo Traslados, porque creo que tiene que ver con el cambio, con el paso del tiempo y el proceso de que una persona decide abandonar un espacio para irse a otro. Se habla muchas veces de mirada nostálgica. No. Tú puedes irte y dejar un espacio para mejorar. Lo que ocurre es que mucho queda en ese espacio.

Una huella.

Claro. Ahí habrá habido momentos buenos, malos, parte de tu vida queda en ese proceso. Por eso a mí me interesa que en esos espacios queden todavía elementos de ese paso del tiempo. Cada vez me es más difícil encontrarlos, pero los encuentro. Ocurre algo curioso, por otra parte. Antes, solar que veías medio abandonado, o ibas corriendo o ya no pillabas nada. En estos momentos la crisis para lo que ha servido es para saber que ese solar va a estar ahí durante mucho tiempo.

La pared expectante

La "culpa" es de un amigo arquitecto, Andrés Martínez, que diseñó un proyecto para trabajar en las mejores condiciones y a la vez poder disponer de un montón de metros de pared para exponer la obra. Al final, aunque Agorreta recorra los edificios abandonados sacándoles fotos, es en el estudio donde pasan las cosas. Él echa ahí las horas. Cree poco en la inspiración. La luz inundará el local todo el día -tiene orientación sur- por unos grandes ventanales. A él le gusta trabajar con luz natural, y empezar los cuadros por la mañana. Tiene ganas de empezar. "Esta es la pared sobre la que voy a trabajar", señala.




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