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MILLÁS Y EL MUNDO JUAN JOSÉ MILLÁS

Paciencia de santo

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Actualizada 26/12/2011 a las 01:04

P ARECE que Zapatero no decepcionó solo al votante ingenuo al que en la noche de los tiempos prometió que no defraudaría. También sorprendió a esa parte de su núcleo duro que ha devenido en los abajo firmantes del manifiesto Mucho PSOE por hacer, entre los que se encuentra Carme Chacón. Con más de un año de retraso, este grupo de decepcionados con carné (con carné del PSOE, queremos decir, no de decepcionados) se han dado cuenta de que las elecciones se empezaron a perder en mayo de 2010, cuando el entonces presidente del Gobierno regresó de los EE UU con el cuerpo de siempre, pero con una identidad distinta a aquella con la que le habíamos dejado ir. Para viaje iniciático, aquél. Se especula mucho sobre lo que le ocurrió a Zapatero la noche del 10 de mayo de 2010, incluso hay varias obras de teatro en marcha acerca de la duda hamletiana que acometió a nuestro personaje. ¿Ser o no ser (de izquierdas)?

Finalmente se decantó por el no ser y volvió a España y lo que dijo de cien formas sutiles fue esto: "Queridos votantes, la solución a la crisis es de derechas, de modo que no se dejen ustedes engañar por nosotros, los socialistas, y ni se les ocurra votar a Rubalcaba que nos lleva a la ruina". Es lo que dijo, tal vez por eso se le veía tan satisfecho en la toma de posesión de Rajoy. Había ganado su candidato real. Resultaba extraño que los militantes del PSOE no distinguieran entre los mensajes que circulaban por arriba, de cartón piedra, y los que circulaban por abajo, que iban a misa. O tal vez todos pensaban en el fondo lo mismo: que desde una política de izquierdas la cosa no tenía arreglo. Finjamos, se dirían entonces, que hacemos una campaña para ganar, pero creemos todas las condiciones para perder, porque lo que España necesita ahora mismo es alguien que se haya matriculado en Lehman Brothers (tal vez ellos mismos tenían ya en mente a Luis de Guindos).

Así las cosas, no es fácil adivinar si pecaron de ingenuidad o de astucia, por lo que también resulta complicado averiguar si el manifiesto de los 30 (o de los 29 más Chacón) es el resultado de una caída del caballo o de un cálculo contable. En todo caso, va a ser difícil que los votantes ingenuos (un servidor sin ir más lejos) regresen al redil. Le vuelven a uno malo.

Un viaje iniciático

A L mismo tiempo que las autoridades médicas aseguran que la homeopatía y las medicinas alternativas en general son un placebo, desde las autoridades financieras se lanza la idea un nuevo producto laboral, el minijob, que es al trabajo lo que la acupuntura a los dolores de espalda: un placebo. Sale uno del minijob como del acupuntor, diciéndose qué bien, qué alivio, pero cuando llegas a casa has de tomarte un paracetamol o un ansiolítico porque ni las agujas han curado la enfermedad ni el minijob te ha solucionado la vida. Por si fuera poco, la palabra con la que hemos bautizado esta nueva modalidad de homeopatía laboral, minijob, lleva dentro de sí una contradicción gigantesca, pues para soportar lo que significa debemos llevar dentro un gran Job, el santo bíblico de la paciencia.

Otro placebo que alivia mucho las dolencias del espíritu y algunas cefaleas de origen nervioso es el consumo, el "ir de compras". El problema es que sale por un ojo de la cara y ya no nos quedan ojos, que se los llevó la hipoteca o el último plazo del monovolumen. Así que lo del minijob estaría bien en una minirrealidad donde se practicara un miniconsumo. Una realidad, por ejemplo, en la que las tiendas tuvieran un metro de altura y en las que hubiéramos de entrar, lógicamente, agachados. Una realidad en la que hubiera una mininochebuena y un mininavidad y unos minirreyes magos. No es probable que el minijob funcione como una de esas reducciones de estómago gracias a las que uno se sacia con un par de aceitunas y un yogur.

Por el contrario, el minijob podría estimular las ganas de tener un trabajo como Dios manda, expresión que tanto le gusta utilizar a Rajoy. En el mundo de las falsificaciones y de la homeopatía han tardado mucho en encontrar el trabajo falso y el salario falso y el horario falso, pero aquí está, por fin, y en inglés, que es el idioma en el que en España se cometen todas las estafas. Échenle un vistazo, si no, a las empresas de la trama Gürtel o las fundaciones sin ánimo de lucro de Undargarín. Parece que si una institución se llama De Goes Center Stakeholder Management SL no puede ser fraudulenta, ni tóxica. Pues el minijob lo reúne todo.




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