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RAMÓN IRIGOYEN

María Ostiz e Ignacio Zoco

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Actualizada 05/12/2011 a las 01:02
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E N el madrileño Museo de la Ciudad, la presidenta del Gobierno de Navarra, Yolanda Barcina, entrega el III Premio Francisco de Javier a la cantante María Ostiz y a Ignacio Zoco, que tiene aire de científico sueco - quizá matemático o acaso físico -, pero que, en la realidad, es un químico del fútbol, nacido en Garde, un pueblo del valle del Roncal. Entre las hazañas científicas memorables que atesora mi memoria destaca el debut de Ignacio Zoco en Osasuna, allá por 1962, en el campo de San Juan, el campo anterior al campo del Sadar, que luego se terminó denominando Reyno de Navarra. Y, como, por cierto, bien recordamos los hinchas, la temporada en que el campo perdió su nombre de campo del Sadar y pasó a denominarse Reyno de Navarra, a los jugadores les afectó tanto el cambio de nombre que, durante varios partidos, no lograban ganar en casa porque quizá tenían la sensación de estar jugando en campo contrario. ¿Qué le pasaría a Rajoy, si, por ejemplo, mañana el Rey le cambia el apellido y le dice que ya no se llama Rajoy sino García? ¿No sería comprensible que, durante una temporada, anduviera desorientado sin atreverse a abrir el pico ni siquiera en familia?

Hoy Ignacio Zoco es vicepresidente de la Asociación de Ex Jugadores del Real Madrid, club en el que jugó 12 temporadas. Vistió la camiseta de la selección nacional en 25 ocasiones, una cifra que lo convierte en el futbolista navarro con más entorchados nacionales. ¿Cuál es en mi memoria el rasgo más destacable de este extraordinario atleta? Sin duda, el rasgo en el que nadie nunca pudo compararse con él fue la zancada. La zancada de Zoco daba la seguridad de que siempre se anticiparía al rival porque daba la impresión de jugar con las botas de siete leguas. También en el juego aéreo la seguridad que el hincha tenía en él era total. Siempre lograba despejar el balón porque su altura se imponía o remataba de cabeza a la puerta contraria entre un batallón de rivales.

Entre sus muchos días de gloria futbolística, ¿cuál fue quizá su día más glorioso? Probablemente el día en que vistiendo la camiseta nacional ganó en 1964 la primera Eurocopa para España venciendo a Rusia. Para que se valore aquella hazaña, hay que recordar que a España le costó cuarenta años volver a ganar su segunda Eurocopa. Cuarenta años, contemplados desde la óptica de la evolución humana, iniciada hace tres millones de años, no son muchos. Pero, si esos cuarenta años los vemos desde la óptica humana en que son la mitad de los años que vive, por ejemplo, un octogenario, cuarenta años sin volver a ganar la Eurocopa son una eternidad.

Abrió el acto el Delegado del Gobierno de Navarra en Madrid, Salvador Estébanez, que glosó las carreras profesionales de María Ostiz e Ignacio Zoco con la brillantez que le caracteriza. Para quienes no estuvieran informados, como, por ejemplo, era mi caso, nos enteramos - o volvimos a recordar porque, en su día, sí debimos enterarnos de la noticia - de que María Ostiz fue la cantante que, por primera vez, obtuvo para España el primer puesto en el Festival de la OTI. Tampoco sabía que el primer equipo en el que jugó Ignacio Zoco fue el Roncesvalles del pamplonés Instituto Ximénez de Rada.

La presidenta del Gobierno de Navarra dijo en su discurso que el premio había sido otorgado a una pareja - y así, si, por ejemplo, la embajadora de Haití, presente en el acto, no lo sabía, se pudo enterar de que los premiados son marido y mujer -, una pareja, dijo la presidenta, ejemplar y admirable.

Habló Ignacio Zoco y nos dijo que lo haría sin papeles, de corazón. Fue un discurso emocionante. Yo, emocionado por sus palabras, y, además, recordando el día trágico para un osasunista en que Zoco abandonó Osasuna y fichó por el Madrid, contenía las lágrimas por pudor porque fui educado con la consigna militar de que los hombres no lloran.

El discurso de María Ostiz fue espléndido, muy personal, dramático - no en vano es una excelente actriz - y la anécdota en que contó cómo su padre le dijo, al despedirla en la estación de Atocha cuando ella se vino a estudiar a Madrid, que, si quería, podía olvidarse y pasar de su padre y de su madre, pero que nunca se olvidara ni pasara de Dios, me indujo, al día siguiente, a la lectura errónea de una noticia de prensa que cuento inmediatamente.

El espléndido barítono navarro Iñaki Fresán, acompañado al piano por Juan Antonio Álvarez Parejo, dio un recital de villancicos y jotas, que emocionó a una sala llena de público. Los aficionados al fútbol disfrutaron con la presencia de ex jugadores del Real Madrid: Gento - La Galerna del Cantábrico -, Amancio, Santamaría, Pirri, Pachín - osasunista y luego madridista -, Rubiñán, Pérez-Payá, Butragueño, entre otros. También asistieron el vicepresidente de Osasuna, Juan Pascual, y el magnífico ex futbolista Adolfo Marañón.

Ay, no tengo espacio para contar mi lectura errónea de una noticia de prensa inducido por la anécdota de María Ostiz. Pido disculpas al cielo, al purgatorio y al infierno.




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