ARQUEOLOGÍA
Maravillas bajo el suelo
- El curso de Las Maravillas de Navarra, que centra su 3ª edición en la arqueología, arrancó ayer con un centenar de asistentes. La necrópolis de El Castillo de Castejón, una de las más importantes de la Península, fue uno de los puntos de interés.
Publicado el 20/09/2011 a las 01:01
NO pensemos que en el siglo VI a.C la gente se moría de cualquier manera. A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre ha concebido la muerte como el tránsito entre dos dimensiones, como un paso que requiere todo un ritual a su alrededor. Si algo nos enseñan hallazagos como el de la necropólis del Cerro del Castillo, en Castejón, es que no somos tan distintos de aquellos pobladores que en la Edad del Hierro honraban al fallecido con banquetes, sacrificios de animales, procesiones y horas de velatorio en público antes de despedirse definitivamente.
"No es tan diferente a lo que se hacía hasta hace bien poco en los pueblos", apuntaba ayer ante un centenar de asistenes José Antonio Faro Carvallo, arqueólogo del Grupo Trama y uno de los ponentes de la primera jornada del curso Maravillas de Navarra. Esta ciclo, organizado por la UNED en colaboración con Diario de Navarra, se centrará en esta tercera edición en la arqueología, y se prolongará hasta mañana por la tarde en el Salón de Actos del Palacio Condestable.
Lugares simbólicos
Aunque se conocía su existencia con anterioridad, el primer sondeo en Castejón fue hecho en 1999. Entre los años 2000 y 2006 se acometieron diversas campañas que fueron sacando a la luz una de las más importantes necrópolis del mundo funerario protohistórico en el Valle Medio del Ebro, por la cantidad de objetos encontrados (más de 1.500) y su estado de conservación. "Responde con precisión al modelo de necrópolis extensa, con más de dos hectáreas de enterramientos y 3.000 metros cuadrados de tumbas halladas prácticamente intactas", explicó ayer Faro.
Las necrópolis se situaban en cotas bajas, en zonas llanas, cerca de cursos de agua y a escasa distancia del asentamiento, rara vez a más de un kilómetro del poblado. "Esto permitía a los habitantes tener control visual", añadió. "No eran sólo lugares funerarios, sino espacios con alto contenido simbólico y sagrado". Esto, entre otras razones, explica por qué los romanos, siglos después, mantuvieran este punto como lugar de enterramiento, de modo que las sepulturas romanas quedaron incustradas en un campo de enterramiento muy anterior.
Incineración
La incineración, hoy tan de moda en la sociedad occidental, era el ritual más extendido ya en los primeros siglos de la Edad del Hierro, pero convivía con otros en el ámbito celtibérico. Por ejemplo, se realizaban inhumaciones infantiles dentro de los propias viviendas. Por otra parte, los caídos en batalla eran, en ocasiones, expuestos a los buitres, que eran tenidos por animales sagrados.