Las miserias de la Moncloa

  • La periodista Pilar Cernuda presentó ayer en el Club Virtual de Lectura de Diario de Navarra su último libro, "El Síndrome de la Moncloa", en el que desgrana el proceso de aislamiento y cerrazón que han sufrido todos los presidentes españoles

AINHOA PIUDO . PAMPLONA

Publicado el 30/03/2011 a las 01:03

CONTÓ ayer la periodista Pilar Cernuda que el presidente Zapatero le llamó un día al teléfono después de escuchar algunas críticas que ella le había hecho. "Me dijo que pertenecía a otra generación", apuntó. "Yo le contesté que sí, y que estaba orgullosísima, porque mi generación es la de la Transición. Que en aquel momento, en la política había mucha más grandeza y generosidad, y los intereses de Estado estaban por encima de los personales y de partido", dijo. "Me quedé tanancha", bromeó.

La periodista gallega, colaboradora de Diario de Navarra "desde hace 40 años", presentó en el Club Virtual de Lectura de Diario de Navarra su último libro, El síndrome de la Moncloa. "Escribo libros, pero no soy escritora. Al menos, hasta que no dé el salto a la ficción, que en ello estoy", avanzó. En esta obra, que concibe como "un reportaje extenso", Cernuda descubre "la cara menos amable" de los cinco presidentes de Gobierno que ha tenido España desde 1976. "Me da un poco de rabia sacar a la luz estas miserias, pero lo que cuento es muy verdad. "Los cinco presidentes dijeron en algún momento que a ellos el poder no les iba a cambiar. Ninguno lo ha cumplido", afirmó con rotundidad ante una sala abarrotada, en la que se encontraban el consejero y portavoz del Gobierno, Alberto Catalán; el presidente del grupo La Información, Eugenio Arraiza; el consejero del grupo, Alfonso Bañón; y los ex presidentes del grupo Virgilio Sagüés y Álvaro Bañón.

Vanidad y paranoia

"Yo no soy psicóloga ni médico", admitió Cernuda. Por ello, se ha basado en la investigación del político inglés y neurólogo David Owen sobre cómo afecta el poder a una persona. "Establece cinco fases: distanciamiento, apropiación de las ideas de los colaboradores, no escuchar, no aceptar la crítica bajo ningún concepto y desarrollar una vanidad exacerbada. Y, finalmente, la paranoia". "Afortunadamente, en España ninguno ha llegado a este último extremo", aseguró.

A este último, no. Pero, a los cuatro anteriores, todos y cada uno de ellos, desde el primero al último, aunque con matices. "Adolfo Suárezfue un presidente excepcional los primeros tres años, pero los dos últimos fueron decepcionantes", recordó. Con él se acuñó el término síndrome de la Moncloa, casi desde el primer día en que la familia Suárez-Illana llegó. "Los presidentes antes tenían su residencia en la Castellana 3 pero, por motivos de seguridad, Suárez tuvio que mudarse y el lugar elegido fue la Moncloa. Cuentan tres colaboradores de Suárez que el mismo día que llegó allá, le cambio el carácter", explicó. "Su mujer también se sintió muy mal, y sufrió una profundísima depresión", apostilló. "Creo que el síndrome tiene mucho que ver con que la Moncloa esté fuera de Madrid, rodeada por un muro. Es un lugar de funcionarios y miembros de seguridad", reflexionó.

En Leopoldo Calvo Sotelo, sin embargo, el cambio no fue tan marcado. "Tenía un bagaje cultural impresionante. Era un sabio y su mujer, Pilar Ibáñez, hija de un ministro de Franco. Salían mucho, se les veía en restaurantes, cines y teatros", recordó. "Además, tenían ocho hijos, y eso obliga a tener los pies en la tierra", indicó. "Lo llevaron mejor".

De Felipe González, "un seductor, como Suárez", Cernuda dijo que "admitía muy mal las críticas". Aunque nunca llegó al nivel de Zapatero: "Ha llegado a humillar a sus colaboradores. Sé de una ministra que ha llorado en el Consejo de Ministros por los gritos del presidente. Eso no ha ocurrido con ningún otro". "Y Aznar, que fue un gran presidente durante la primera legislatura, desarrolló una vanidad tan exacerbada durante la segunda que sonrojaba", aseguró. "También digo que yo dije barbaridades de él por la guerra de Irak, y me seguía invitando a la Moncloa", contrapuso.

Por último, Cernuda hizo un vaticinio. "Creo que el próximo presidente, bien sea Rajoy o Rubalcaba, porque yo creo que será el candidato, no caerá en los mismo errores. Ambos llegan más curtidos", opinó.

La ruptura UPN-PP

Después de la charla, se abrió un turno de preguntas. Una señora quiso saber cómo pueden los tertulianos de los programas radiofónicos saber de todos los temas sobre los que opinan. "Los periodistas tenemos que estar a todas. Hay que leer muchos periódicos y hablar con mucha gente, periodistas, políticos, jueces... de todo", respondió Cernuda.

Otro asistente quiso saber qué opinión se tiene desde fuera de Navarra de la ruptura entre UPN y PP. "La mayoría de los periodistas en Madrid pensamos que fue un error de Rajoy. Con el paso del tiempo, algunos dirigentes del PP te cuentan que no están contentos con cómo se hicieron las cosas. Ahora bien, también es cierto que UPN pudo equivocarse en alguna votación en el Congreso, al no despegarse un poco más de Zapatero".

Una tercera pregunta abordó la relación entre política y periodismo. "¿No será que los periodistas ya no ponen el dedo en la llaga", inquirió un señor. "Totalmente de acuerdo", contestó ella. "La profesión ha caído en un descrédito generalizado. Me preocupan aquellos que toman partido sistemáticamente porque esperan algo a cambio, aquellos que instrumentalizan la información", lamentó Cernuda.

Las túnicas del coro

Por último, alguien le preguntó su opinión personal sobre Sonsoles Espinosa, mujer de Zapatero. "Es una persona difícil. No la conozco mucho, pero no me cae especialmente bien", dijo. Además, contó una anécdota en torno a ella y las famosas fotos de las hijas del Presidente en la Casa Blanca, para sorpresa de los asistentes. "Obama invitó a las niñas y, como no tenían que ponerse, Sonsoles les dejó unas túnicas del coro en el que canta. Sé que suena raro, pero esa es la versión que da Zapatero sobre el asunto. Se lo ha contado de esta manera a distintos cargos políticos".

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