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CINE | LA CONSPIRACIÓN

La ley en tiempos de guerra

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Mary Surrat (Robin Wright) escucha a su abogado, Frederick Aiken (James McAvoy) en el juicio por el asesinato de Lincoln. DEAPLANETA

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Actualizada 07/12/2011 a las 00:05
  • MIGUEL URABAYEN

MIENTRAS asistía en Washington a una función teatral, Abraham Lincoln recibió un tiro en la cabeza la noche del 14 de abril de 1865 y falleció al día siguiente. Fue el primer presidente de Estados Unidos asesinado y la conmoción social de su muerte nunca se había conocido en la breve Historia de la república nacida en el siglo anterior. En la primavera de 1865, la terrible guerra civil comenzada cuatro años antes estaba a punto de terminar. El general Lee y su ejército se habían rendido en Appomatox el 9 de abril y muy pronto lo harían las últimas tropas que todavía resistían. Los Estados de la Confederación del Sur habían sido vencidos.

Precisamente, el sentimiento de la derrota inminente impulsó a un grupo de jóvenes confederados a planear los asesinatos simultáneos del presidente, el vicepresidente y el secretario de Estado de la Unión del Norte. Los conspiradores se movían más por venganza ante la derrota que por la esperanza de cambiar el destino final de la guerra. Y aquella noche del 14 intentaron cumplir su propósito. Lo consiguieron con Lincoln, eliminando al único hombre que podía haber suavizado la postguerra. Pero no con el Secretario de Estado, que sobrevivió a su apuñalamniento, ni con el Vicepresidente Andrew Johnson, protegido a tiempo.

Los conspiradores

El jefe de la conspiración y asesino de Lincoln, el actor teatral John Wilkes Booth, murió en un tiroteo durante la huida de Washington y sus principales cómplices fueron detenidos con gran rapidez. Ocho en total, entre ellos la viuda Mary Surrat dueña de la pensión donde se habían reunido los juramentados y madre de uno de ellos. John Surrat no pudo ser localizado y ella fue juzgada por la sospecha de que había compartido la conspiración con los reunidos en su casa.

El actor y director Robert Redford ha tomado el caso de Mary Surrat como base de la octava película que realiza. La presenta desde el punto de vista del joven abogado Frederick Aiken que defendió a la viuda en su proceso ante un tribunal militar, nombrado a toda prisa para juzgar a los detenidos. Y, como observó Aiken, ahí empezaron sus dificultades. Los conspiradores eran paisanos, no soldados, y por tanto debían haber sido llevados ante un tribunal civil.

Pero según pensaba Edwin Stanton, secretario de Guerra y el hombre fuerte de aquellos momentos, la oleada de dolor e indignación que barrió a los Estados del Norte requería medidas rápidas y firmes. En consecuencia, las leyes debían ceder ante la extraordinaria situación creada por el asesinato de Lincoln. Según vemos, la posición de Aiken, un héroe de guerra entre los nordistas, va cambiando conforme avanza el proceso y al terminar el juicio está convencido de que Mary Surrat no había conspirado y su silencio se debía a que protegía a su hijo. En el fondo se estaba sacrificando por él, sin querer denunciarlo como le exigía el tribunal.

Posible ampliación

La conspiración cuenta el proceso con detalle, en una cuidada ambientación realizada en parte en Savannah, única gran ciudad de Estados Unidos donde todavía existen edificios del siglo XIX. Otro aspecto a elogiar es el de buenos intérpretes en sus numerosos personajes (véase ficha), sobre todo la magnífica actuación de Robin Wright como la señora Surrat y la muy notable del británico James McAvoy que logró encarnar a Aiken borrando su acento inglés, según elogiaron algunos críticos norteamericanos.

La historia contada por el director Robert Redford resulta interesante en sí misma pero lo es más si ampliamos la situación descrita -el respeto a la Ley en circunstancias sociales extraordinarias- a un ambiente más cercano en el tiempo. Por ejemplo, a los Estados Unidos después del ataque del 9 de septiembre de 2001 Me parece evidente que Redford apunta a la actuación del gobierno de George Bush en las semanas que siguieron a aquellos horribles atentados.

Porque a Bush y a sus ministros (los norteamericanos les llaman secretarios) se les puede aplicar todas las frases que el guionista James Solomon pone en boca de Stanton y del fiscal del juicio militar, entre ellas esa de que las leyes deben adaptarse a las situaciones excepcionales. Y uno piensa en la prisión de Guantánamo y comprueba que el caso de Mary Surrat no está tan lejos de nosotros como podríamos suponer al ver las panorámicas de un Washington en construcción realizadas por Redford en su película.

Curiosamente, La conspiración (el título original es más concreto, La conspiradora) no ha tenido mucho éxito en su país de origen, como demuestran las cifras de taquilla. Estrenada allí el 17 de abril último, al final de su carrera comercial en septiembre solo había obtenido 11 millones de dólares, menos de la mitad de un presupuesto calculado en unos 25 millones. Quizá sus ingresos fuera de Estados Unidos cambien esa proporción, pero en cualquier caso su éxito grande o pequeño no importa demasiado. Su mensaje, sí.

EN RESUMEN: La historia del asesinato del presidente Lincoln y el juicio inmediato de los conspiradores que lo causaron, entre ellos una posible inocente. Muy buenas interpretaciones del numeroso reparto, sobre todo de Robin Wright y James McAvoy.

Ficha

Título original: The Conspirator, USA, 2011. Duración: 2 horas. Director: Robert Redford. Guión: James Solomon. Fotografía: Newton Thomas Sigel. Montaje: Craig McKay. Música: Mark Isham. Intérpretes principales: Robin Wright (Mary Surrat), Evan Rachel Word (Anna, hija de Mary), Johnny Simmons (John, hijo de Mary), James McAvoy (Frederick Aiken, abogado de Mary Surrat), Alexis Bledel (Sarah, novia de Aiken), Tom Wilkinson (Reverdy Johnson, jefe y colega de Aiken), Danny Huston (Joseph Holt, fiscal del juicio), Kevin Kline (Edwin M. Stanton (Secretario de Guerra), Colm Meaney (general Hunter, presidente del tribunal militar).




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