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MIGUEL URABAYEN

La divisoria temporal

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Actualizada 30/11/2011 a las 00:02

E N noviembre de 1942, hace ahora 69 años, el desarrollo europeo de la Segunda Guerra Mundial tuvo un cambio decisivo. Hasta entonces el ejército alemán había vencido en sus aplastantes campañas de Polonia en 1939; Noruega, Holanda, Bélgica y Francia en 1940; Rusia en los veranos de 1941 y 1942. Además, en el Mediterráneo se habían sucedido victorias aplastantes sobre Yugoeslavia, Grecia y Creta. Y en el norte de Africa, Rommel estaba, por primera vez, a punto de llegar al Canal de Suez.

A comienzos de aquel noviembre, el imperio de Adolf Hitler estaba en su máxima extensión, desde el cabo Norte en Noruega hasta El Alamein en Egipto, desde las costas atlánticas de Francia en el oeste a Stalingrado y el Caucaso en el este. Al terminar noviembre, el derrotado Afrika Korps del general Rommel se retiraba hacia Trípoli y el ejército soviético había lanzado una inesperada ofensiva que amenazaba a todas las fuerzas alemanas del Sur de Rusia.

Aquel enorme cambio en la marcha de la guerra se debió a tres acontecimientos que en rápida sucesión cayeron como otras tantas sorpresas sobre Hitler y sus ejércitos. Los recordaré en el orden en que sucedieron, tal como yo los viví con emoción a través de la radio (BBC) y algunos diarios españoles de entonces, casi todos partidarios de la Alemania nazi.

El primer acontecimiento fue la victoria del Octavo Ejército británico bajo el nuevo mando del general Montgomery en la segunda batalla de El Alamein. Las fuerzas británicas habían atacado el 23 de octubre pero no lograban vencer al Afrika Korps de Rommel y a las divisiones italianas. Tras siete días de durísimos combates, Montgomery decidió alterar su plan inicial y cambió el peso del ataque a otro punto del frente. El 3 y 4 de noviembre tuvo éxito porque era tenaz y tenía clara superioridad numérica sobre sus enemigos en hombres, tanques y cañones.

En mitad de la batalla y al límite de su resistencia, Rommel había pedido a Hitler - jefe supremo del ejército - que permitiera una retirada a tiempo pero la respuesta del Führer fue un breve mensaje ordenando vencer o morir. Aun así, el general germano empezó a retirar al Afrika Korps un día antes de que Hitler autorizara por fin la retirada. Y así empezó una de las más largas persecuciones (1.400 kilometros hasta Tripoli) de la historia bélica.

Hoy día, aun sorprende que con la superioridad numérica en hombres y tanques, más el dominio del aire por la RAF y del mar por la Royal Navy, el Octavo Ejército no pudiera alcanzar y destruir al Afrika Korps. La excesiva prudencia mostrada por su nuevo jefe venía del temor a la demostrada habilidad táctica de Rommel. Por cierto, el no impedir la fuga de tropas vencidas se repetiría más tarde en las campañas de Montgomery en Sicilia y en Europa.

En su descargo puede citarse el segundo acontecimiento de aquel mes. El 8 de noviembre, domingo, las tropas norteamericanas e inglesas comenzaron a desembarcar en Marruecos y Argelia, entonces bajo la autoridad del gobierno colaboracionista del Mariscal Petain. Muy pronto, después de breves combates, los aliados angloamericanos al mando del general Eisenhower lograron convencer a los oficiales superiores de ambas colonias francesas a unirse a sus filas. Así se formó una gigantesca tenaza entre las tropas desembarcadas y el Octavo Ejército que avanzaba desde el oeste.

La reacción germana fue fulminante. El día 11, Hitler ordenó la invasión de la zona no ocupada de Francia y trató de apoderarse de la flota gala anclada en Toulon (el 27 los barcos fueron hundidos por sus tripulantes). Además, anticipándose a los aliados, invadió Tunez y su territorio. Primero, por vía aérea y luego con transportes marítimos. A esas fuerzas se sumó el Afrika Korps con Rommel a la cabeza, aunque no como jefe de todas las tropas alemanas. Tal puesto lo ocupó el general von Arnim. Aun así, el Zorro del Desierto, como era llamado, pudo obtener su última victoria en el norte de África, (Kasserine, 2-2-1943) sobre el bisoño II Cuerpo norteamericano.

El final ocurrió en mayo de 1943, cuando los aliados vencieron la resistencia alemana y obtuvieron unos 200.000 prisioneros, entre ellos los restos del Afrika Korps. Un detalle (importante para las campañas aliadas futuras) fue el conocimiento mutuo de Eisenhower y los generales Patton y Bradley por un lado y el general Montgomery por otro. No hubo mucho calor en aquellos primeros encuentros, anticipo de futuras desavenencias.

Y peor en Rusia

El tercer acontecimiento de noviembre de 1942 ocurrió en Stalingrado y para los alemanes fue más grave que la batalla de El Alamein. La tenaz ofensiva para apoderarse de la ciudad del Volga fue un asunto personal de Hitler. "Stalingrado caerá, podéis estar bien seguros" había proclamado en discursos públicos. Casi acierta. El 18 de noviembre, el último foco de resistencia soviética junto al río parecía a punto de terminar. Pero al día siguiente el ejército rojo atacó al norte y sur de aquel frente.

Se ha sabido después que el general Zhukov convenció a Stalin de resistir en las ruinas de la ciudad de su nombre mientras acumulaba grandes reservas de tropas y tanques en los flancos del empuje alemán. Así pues, el centro absorbió la ofensiva nazi y al hacerlo ofrecía la posibilidad de que la unión de ambos flancos cercara al Sexto Ejército alemán. Era el mismo plan que en el año 216 (a.C.) había dado al cartaginés Anibal su gran victoria sobre los romanos.

Aquella antigua batalla en Cannas era bien conocida por los generales alemanes y ellos habían aplicado planes similares en sus campañas relámpago. Por tanto, advirtieron del peligro pero Hitler tenía la obsesión de apoderarse de Stalingrado y despreció todos los avisos. Creía que lasfuerzas rusas estaban agotadas y que la conquista de aquella simbólica ciudad precipitaría el colapso de la URSS.

Las dos ofensivas soviéticas se unieron en Kalach, a 80 kilómetros al oeste de Stalingrado, y comenzó el cerco a unos 200.000 alemanes. Aislados y sin los aprovisionamientos aéreos prometidos por Goering, el Mariscal Friedrich von Paulus y 60.000 supervivientes de su Sexto Ejército se rindieron a primeros de febrero de 1943, con gran furia de Hitler.

Los tres acontecimientos de noviembre de 1942 marcaron, como dijo Churchill, no el principio del fin pero sí el fin del principio en la derrota de la potencia nazi.




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