La burbuja cultural y la pólvora del rey

  • Cuando había dinero, se gastó en exceso en dotaciones y en programar espectáculos sin tener en cuenta si atraían al público o no

Diario de Navarra

Publicado el 28/11/2011 a las 01:03

JOAQUÍN Romero aseguraba que en Navarra, "al igual que una burbuja inmobiliaria, ha habido una burbuja cultural". Se refería a la gran producción de "continentes culturales", llámense casas de cultura o auditorios "cuyo origen han sido a veces los ingresos extraordinarios de un ayuntamiento". Y sin embargo, hoy no pueden abandonarse. "Estamos obligados a mantenerlos, y eso nos deja menos recursos al sector", lamentaba el gerente del Orfeón. "Hemos vivido con gradilocuencia", llegó a definir Camino Paredes.

De igual forma que Romero se quejaba de un exceso de construcciones de carácter cultural, Iñaki Gordejuela hablaba de los tiempos, hace pocos años, en los que se disparaba "con pólvora del rey". "Cuando había dinero, si a un programa cultural iban sólo 100 personas aunque nos costará un ojo de la cara, no pasaba nada. Pero ya había un problema", decía el coordinador cultural de Burlada, también profesor universitario de gestión cultural. "Es el momento de conjugar para siempre los conceptos de arte y eficiencia. El gran fallo de muchas empresas culturales es que el lado artístico lo tienen muy bien cubierto, pero no tiene preparadas la gestión, la comunicación, la financiación. En varias ocasiones me han dicho eso de que las gentes de la cultura tenemos un buen producto pero lo vendemos mal".

La sobreproducción está muy relacionada con estos tiempos de la pólvora del rey. "Hay un gran desequilibrio entre la oferta, que es muchísima, y la demanda, que es poca", seguía Gordejuela. "Y el problema es que se seguimos produciendo. Las unidades de producción no han parado, seguimos reponiendo género aunque haya menos ventas", abundaba Fernando Sáenz de Ugarte, el coordinador cultural del Auditorio Barañáin. Gordejuela recordaba que en un congreso de hace un tiempo, un reputado experto en gestión cultural aseguró que era "imposible que en Navarra hubiera 30 compañías profesionales. Es un sector ficticio. No hay público para tanto y no tiene sentido que haya financiación pública para tanta compañía. Alguna deberá desparecer". "Se mantendrá quien aporte calidad, y quien tenga apoyo e ilusión", matizaba Carlos Gorricho, de la Federación de Coros de Navarra. "Pero más de uno se va a quedar en el camino. Lo malo es que esas compañías también hacen una labor social, que para mucha gente la hora y media que pasa ensayando es toda un terapia".

Jokin Zamarbide, de la promotora In&Out, llevó al terreno de la organización de conciertos esa burbuja cultural. "Hasta ahora todos se basaba en un gran caché, que tenía poco que ver con lo que el artista podía generar". El ayuntamiento o la Administración sufragaban el déficit. "Hoy la administración está a dos velas. El artista debe tomar responsabilidad sobre la recaudación que genera, asumir su papel de promotor. Y la Administración, centrarse en las propuestas que añaden valor añadido, en las que pone 10 para que se ganen 100".

El papel del artista

Miguel Goikoetxandia, como actor y director en la compañía Iluna, se ponía en el papel del creador. "Existe sobreproducción, de acuerdo. El problema es que el actor quiere actuar y que el músico quiere tocar. Y resulta que a veces un proyecto sólo se ve en una o dos funciones. Por eso el artista prueba con otro proyecto, con otro grupo Y el entorno es muy reducido, siempre la misma gente viéndole".

"Hablamos de arte y muchas veces el artista defiende su manera de hacer porque es arte. La dificultad es encajar ese producto con el público", señalaba Romero. "El artista debe distinguir si quiere vivir de su arte o si quiere canalizar su flujo creativo sin importarle un bledo lo que digan los demás", respondía Zamarbide. "Los artistas muchas veces son conscientes de que lo que aportan a la sociedad es muy bueno independientemente de que tenga público o no", indicaba Gordejuela. "Si lo tiene, muy bien; si no, espera que sea la Administración quien pague. No sé si esto debe ser así". "El problema", abundaba Gorricho, "es que el que no es bueno quiere que le pagen como al bueno".

Los componentes de la mesa estaban de acuerdo en que llegan tiempos de cambio y de austeridad. "Hay que reestructurar el sector cultural a fondo", reclamaba Joaquín Romero. "Pero tampoco tenemos que darnos latigazos", se defendía Camino Paredes. "Siempre hemos sido los más pobres". "Si un sector está acostumbrado a la escasez ese es el de la cultura",coincidió Gordejuela. Quizá un camino es el que, quizá con un poco de sorna, apuntaba Carlos Gorricho: el de Cuba. "Allí, como no tienen para imprenta, los carteles los pintan. Sin recursos, todo lo hacen con ingenio y talento".

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