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GONZALO FERNÁNDEZ JARNE

Jovellanos, 200 años después

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Jovellanos, retratado por Goya.

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Actualizada 31/12/2011 a las 01:02
  • GONZALO FERNÁNDEZ JARNE ES PROFESOR DE GEOGRAFÍA E HISTORIA

E STOS días hemos celebrado el ducentésimo aniversario del fallecimiento de uno de los españoles más ilustres de nuestra historia: Gaspar Melchor de Jovellanos. No se sabe con certeza la fecha exacta de su muerte debido al marco bélico y revolucionario en el que se produjo, a finales del mes de noviembre de 1811, en plena invasión francesa. Hombre insigne y miembro destacado de la Ilustración española había nacido en Gijón sesenta y siete años antes, el 5 de enero de 1744, en el seno de una familia acomodada. Por ello, y por su condición de décimo hermano, sus padres decidieron que se consagraría, como era habitual en aquella época, a la carrera eclesiástica. Sin embargo, tras desarrollar parte de sus estudios religiosos, cambió los hábitos por la toga, pues optó finalmente por dedicarse a la judicatura. Como hombre de leyes, empezó pronto a luchar contra un régimen político, social y económico que él consideraba, no solo trasnochado y obsoleto, sino injusto y que estimaba era obligatorio transformar si España quería desarrollarse como nación moderna. Tras su etapa de estudiante, a los veinticuatro años accedió a su primer puesto importante al ser nombrado Alcalde del Crimen de la capital andaluza. Así, desde su puesto en la audiencia sevillana, criticó el caduco sistema judicial español, negándose, como símbolo de rebeldía, a utilizar la peluca que distinguía a los jueces y que él consideraba un mero signo de prepotencia y distinción social. Renunció igualmente al uso del tormento como medio para conseguir la confesión del reo y criticó al tribunal de la Inquisición, con el que hubo de enfrentarse en numerosas ocasiones. Todas estas acciones, junto a su renuncia al cobro de las dietas que iban asociadas a su puesto, le fueron granjeando muchos enemigos, resultando cada vez más incómodo a los ojos de los poderosos.

Al mismo tiempo, su carrera profesional discurriría paralela a sus dos grandes pasiones: la literatura, especialmente la poesía, y su interés por el progreso social y económico de su tierra, a través fundamentalmente del fomento de la educación. En este contexto, habría que destacar su dedicación y constancia para que al final viera la luz el que quizá fuera su mayor proyecto en este ámbito: el Real Instituto de Náutica y Mineralogía, inaugurado en Gijón en 1794.

Pero pocos años después, en 1797, su vida da un giro inesperado ya que, a pesar de las enemistades con las que contaba en la corte de Carlos IV, Godoy le nombra secretario de Gracia y Justicia, alcanzando así el cenit de su carrera judicial. Sin duda alguna, las razones que le impulsaron al valido fueron sus sobresalientes cualidades, no solo como político, sino también como comunicador y, sobre todo, su fama de persona íntegra, incansable, luchadora y su prestigio como hombre de honor. Así pues, desde su puesto destacado como miembro del gobierno, arreció en su crítica al sistema, lo que le valió su destitución pocos meses después llegando incluso a ser injustamente encarcelado tras una falsa acusación, pues muchos miembros del gobierno y de la sociedad pudiente de la época lo consideraban non grato por sus duras críticas y sus propuestas de igualdad y libertad que solo podrían traer perjuicios a los privilegiados. Y allí, en su prisión en la isla de Mallorca, permaneció hasta 1808, año en el que los cambios políticos se suceden a una velocidad vertiginosa tras la invasión napoleónica y en los que Jovellanos, tras su excarcelación, toma partido, como miembro destacado de la Junta Central, por los patriotas enarbolando la bandera de la revolución política contra el Antiguo Régimen. Sin embargo, gran parte de su labor en su lucha por la construcción de una sociedad más justa quedaría inconclusa, pues solo tres años más tarde la muerte le sorprendería en su Asturias natal tratando de escapar de los franceses.

Ahora, dos siglos después, España está inmersa igualmente en un periodo de dificultades e inestabilidad, aunque sin la violencia de una guerra y donde las injusticias contra las que tanto luchó son solo un recuerdo lejano, al menos en España. Si Jovellanos se levantara de su tumba, se quedaría atónito al comprobar las cotas de desarrollo social, político y económico alcanzadas por nuestro país en este tiempo e inimaginables para un hombre de su época. Cierto es que la incertidumbre por el futuro ahora también planea sobre la sociedad española y más tras las últimas elecciones generales en las que los españoles elegimos directamente a aquellos en quienes recaerá durante los próximos años el poder legislativo, e indirectamente a quienes ostentarán el ejecutivo. Serán especialmente estos últimos, los que tengan la ardua tarea de gobernar, quienes deberán guiarnos a todos para salir de la crisis en el marco de unas estructuras políticas, sociales y económicas más justas que pongan al ser humano en el centro del proceso de desarrollo, evitando los errores cometidos en el pasado más reciente.

Para finalizar, como último homenaje a Jovellanos en su aniversario, dejándonos aconsejar por su sabiduría y para que pueda servir de guía al nuevo gobierno en la dura tarea que tiene por delante, transcribo un cita extraída del discurso que en 1781 leyó ante los miembros de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Asturias y que recoge gran parte de su pensamiento: .la ignorancia siempre es ciega. No conoce el bien para seguirlo, ni el mal para evitarlo. Deja de hacer muchas cosas por temor a hacerlas mal, y cuando quiere obrar, ni sabe buscar caminos nuevos, porque no los conoce, ni huir de las sendas comunes y trilladas, porque desconoce los errores y males a que le han conducido.




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