El acento delata a Salvador Boix. Es catalán, catalán, nacido en Banyoles en 1958. Y su aspecto tiene algo que recuerda a lo taurino. De hecho, ayer viajó a Pamplona para presentar Toros sí. Una defensa razonada,un ensayo que aborda la abolición de los toros en Cataluña. Pero, ante todo, Boix es conocidos como apoderado, como el apoderado de José Tomás.
¿Existen posibilidades reales de ver a José Tomás en Pamplona?
Es sabido que José Tomás no torea en plazas donde está todo vendido a la tele, que es el caso de Pamplona. Mientras esta situación no cambie, será muy difícil.
¿Le gusta, por cierto, el ambiente de Pamplona?
José Tomás tuvo grandes tardes en Pamplona. Es un ambiente particular pero es una de las paradas de la temporada taurina con más enjundia.
No torear en corridas televisadas, ¿no sirve para agrandar ese misterio que parece rodear a Tomás?
En absoluto. Los hechos son tan evidentes que pasan por encima de cualquier otra especulación. Las relaciones entre negocio televisivo y taurino funcionan con imposiciones que no aceptamos.
¿En qué consiste ese misterio de José Tomás?
No sé. Transmite una dimensión de esencialidad desconocida, muy singular. Está su personalidad, los terrenos que pisa y ese concepto muy litúrgico, casi místico que tiene de su profesión.
Asume tanto riego que algunos le tildan de suicida. ¿Exageran?
Es desproporcionado. José Tomás no es un suicida, es un torero. Y se debe al compromiso de torear y jugarse la vida. Las cornadas no las ha inventado José Tomás . Pero su grado de compromiso es colosal. Va muy en serio y tiene una gravedad que se transmite. La gente se emociona muchísimo pero no sólo por jugarse la vida, sino por la tauromaquia que despliega.
Su libro trata de la prohibición de los toros en Cataluña. ¿Fue una decisión sólo política o se debió a que la sociedad catalana había dado la espalda a los toros?
La estricta prohibición ha sido una pantomima política. Hemos sido víctimas de intereses particulares políticos que han pasado por encima de sentimientos, de la afición y del interés de mucha gente. Que los toros no vivían en Cataluña un momento álgido, es cierto, pero ha habido 20 años de presión para erradicarlos. La población catalana no estaba por prohibirlos. No sé cuantos años le quedaban de vida al toreo en Cataluña, pero le han querido dar la puntilla antes de tiempo sin contemplar muchísimos costos, económicos, culturales, emocionales.
¿Es la sociedad española menos taurina que antes?
La taurina siempre ha sido una afición minoritaria. En todo caso, hoy en día son el segundo espectáculo de masas en España y el que más recauda en IVA. Eso significa que algo de movilización popular hay. Es cierto que parece haber dificultades de encaje entre la tauromaquia y el mundo de hoy. Por ejemplo, hay pocos jóvenes en los tendidos. Quizá sea momento de que la tauromaquia se replanteé cuáles son las líneas para intentar atraer público joven y encajar en la cultura del siglo XXI.
¿Podrá ocurrir en otras comunidades lo que pasa en Cataluña?
Creo que no. En Cataluña hemos sido víctimas de una circunstancia política concreta. Se ha identificado lo taurino con lo no catalán y se ha ido a saco para erradicarlo. Eso no se da en otra parte de España.
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