LAS FUENTES MONUMENTALES DE PAMPLONA
Fuente de la Navarrería o de Santa Cecilia
Publicado el 31/07/2011 a las 01:01
ESTA fuente monumental se halla situada delante de la fachada barroca de la casa-palacio del marqués de Rozalejo, en la plazuela triangular que forma en su tramo central la calle Navarrería y que antiguamente se llamó de Zugarrondo por el olmo que existió en ella, que aparece citado en numerosos documentos de los siglos XVI y XVII. El caso de esta fuente en cuanto a su ubicación no deja de ser curioso, porque originariamente se pensó para un lugar, se construyó en otro diferente, y por fin, después de más de un siglo, fue trasladada al emplazamiento inicialmente previsto.
Construida en 1798
Esta fuente, lo mismo que las otras cuatro diseñadas por Paret en 1788, no se construyó hasta el año 1798, una vez aprobada por el rey Carlos IV -previo informe de los ingenieros militares- la introducción en la ciudad de la cañería maestra del agua de Subiza, mediante un pequeño acueducto que hubo que hacer en el foso del baluarte de la Reina.
Ya dijimos en el artículo inicial de esta serie que el agua de Subiza que inauguró la traída por el acueducto de Noáin llegó a Pamplona por primera vez el 29 de junio, festividad de San Pedro, de 1790. Un acta de entonces nos habla de "la feliz conclusión verificada el día de hoy, en el cual, con universal alegría del pueblo, ha amanecido colocado en el foso de esta plaza (fue junto al portal de San Nicolás) un surtidero provisional con veinticuatro caños de agua corriente".
Pues bien, como muchas veces ocurre, sobre todo en España, esa primera fuente o asca estuvo prestando servicio con carácter provisional más de siete años, debido a que la Real Orden autorizando la perforación de la muralla no se firmó hasta finales del año 1797. Fue entonces cuando los operarios que dirigía Santos Ángel de Ochandátegui pudieron acometer la obra de las tuberías subterráneas que debían conducir el agua a los puntos señalados. En primer lugar la conducción se llevó a la casilla-registro que se construyó pegante a la basílica de San Ignacio; después a una segunda fuente provisional que se habilitó junto al llamado Mesón de los Carros, en el solar del actual Banco de España, y por último a las cuatro fuentes proyectadas por Paret, en cuya construcción se trabajaba activamente.
Dice María Larumbe, en su libro El Academicismo y la arquitectura del siglo XIX en Navarra, que toda la labor de ornamentación de las fuentes se encargó a un grupo de buenos escultores que por entonces se encontraban en nuestra ciudad labrando los capiteles del nuevo pórtico y frontispicio de la catedral. Esta gran obra, proyectada por Ventura Rodríguez en 1783, se estaba ejecutando bajo la dirección de Ochandátegui, quien simultáneamente tenía también a su cargo la obra de las fuentes. De esos maestros, Juan Francisco Elorz con algún compañero, Manuel de Erviti y José Antonio de Malluguiza, se ofrecieron para realizar los surtideros de esta fuente de la Navarrería y la de la plazuela del Consejo, incluidos sus adornos, excepto los jarrones de los remates y los caños, por la cantidad de 2.500 pesos de a quince reales de vellón cada uno.
Primero en el Mentidero
En las "Trazas para las fuentes públicas que se han de erigir en esta M. N. y M. L. Ciudad de Pamplona", que el pintor y académico madrileño Luis Paret entregó en la casa consistorial el 23 de abril de 1788, una de las nueve láminas, la 6ª, representa sin lugar a dudas el diseño de esta fuente que hoy nos ocupa. Y en el pie del dibujo dice que "demuestra la planta y alzado de la fuente que se ha de erigir en la Plazuela de Zugarrondo o de la Nabarrería". Desde mucho tiempo atrás había en este sitio un pozo, a la sombra del olmo al que antes nos hemos referido. Aquel pozo contaba con una tapadera de hierro, que los mayorales del barrio se encargaban cuidadosamente de cerrar con llave todas las noches, desde que sonaba el toque de oración hasta el alba.
Sin embargo, a pesar de lo que dice el proyecto, al final el Ayuntamiento decidió emplazar la nueva fuente en el Mentidero, que es como entonces se llamaba la confluencia de las calles Navarrería, Curia, Calderería, Mercaderes y Mañueta, que era antiguamente uno de los puntos más transitados de la ciudad. En ese lugar estuvo desde el siglo XI la basílica de Santa Cecilia, que sería derribada en 1852 para levantar en su lugar la casa que actualmente hace esquina con la calle Curia.
Hay que decir que ya en 1505 Beltrán de Doances, alias "Cabezón", hizo a su costa una fuente en este sitio, que no debió de durar mucho tiempo, ya que la primitiva basílica fue demolida por primera vez en 1575, precisamente para construir una fuente pública, lo que dio lugar a un pleito con los mayorales y vecinos de la Navarrería, que decidieron reconstruirla en 1583 sin contar con la licencia municipal.
Al final, los regidores transigieron y acordaron hacer la fuente adosada a la pared de la basílica, donde se mantuvo hasta la construcción en 1798 de la nueva diseñada por Paret.
La decisión municipal de poner la fuente al lado de donde estaba la antigua estuvo motivada por la dificultad, o mejor la imposibilidad, de que el agua pudiera llegar por la cañería hasta la plaza de Zugarrondo, situada en un plano bastante más elevado. El secretario del ayuntamiento, Joaquín López, quiso dejar constancia del cambio de ubicación, mediante una nota añadida al pie del dibujo de Paret, que dice escuetamente: "Ejecutada junto a Santa Cecilia".
Cambio de ubicación
En julio de 1913 el Ayuntamiento acordó trasladar la fuente, de su anterior ubicación en lo que fue el Mentidero, a su actual emplazamiento en la plazuela de la calle Navarrería, frente a la casa señorial del marqués de Rozalejo, hoy muy deteriorada y a la espera de una urgente restauración. Con ella compone una de las estampas más sugerentes y evocadoras de nuestro casco antiguo. La dificultad que había en 1798 para que el agua pudiera subir hasta ese punto, algo más elevado que el otro, había quedado resuelta tras la implantación de la nueva traída de aguas de Arteta en 1894, y ya no suponía ningún problema.
La fuente, que ha sido recientemente restaurada, es de piedra de sillería, de estilo academicista, con un basamento o primer cuerpo, en el que se hallan las tres pilas o tazas en forma de concha; encima de él se alza un elegante cuerpo principal cilíndrico, dividido verticalmente en tres caras o frentes, enmarcados por una decoración clasicista a base de guirnaldas, que exorna también cada uno de los tres caños. La bonita composición, proporcionada y armónica, remata en un jarrón imperial, muy del gusto neoclásico, del que -como recoge el Catálogo Monumental de Navarra- ha desaparecido la piña que había al final.
Un juego peligroso
Hay que dejar constancia de una costumbre ciertamente lamentable, que en los últimos tiempos se ha convertido por desgracia en una tradición. Y es que muchos guiris, como se suele llamar coloquialmente a los extranjeros, por lo general bajo los efectos del alcohol y a veces también de las drogas, se entregan en las fiestas de San Fermín al peligroso juego de arrojarse desde lo más alto de la fuente a la calle, donde los recogen sus compañeros de bacanal y borrachera. Como consecuencia de esta inconsciente práctica, de indudable riesgo, se han producido ya numerosas lesiones, algunas de ellas de consideración. En tiempos relativamente recientes, algún alcalde llegó a tomar la drástica decisión de desmontar la fuente unos días antes de los Sanfermines y volverla a montar una vez pasados éstos. Y así se hizo varios años.