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LAS FUENTES MONUMENTALES DE PAMPLONA (6)

Fuente de la calle Descalzos

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Fuente de la calle Descalzos

El acuerdo de instalar la fuente en Descalzos se tomó en el año 1877. ARCHIVO

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Actualizada 22/08/2011 a las 01:03
  • JUAN JOSÉ MARTINENA RUIZ . PAMPLONA

SITUADA en la calle de ese nombre, cierra la belena o callejón por el que hasta el año 1876 comunicaba la calle Eslava -antigua belena del burgo- con el paseo de ronda del frente norte de la muralla de la ciudad. Es la única de las fuentes monumentales que hoy se pueden ver en el viejo Pamplona que no fue diseñada por Luis Paret en 1788.

Primero en Santo Domingo

Sin embargo, no se proyectó ni construyó para ese lugar, sino para la plaza de Santo Domingo, hoy de Santiago, detrás de la casa consistorial y dando frente a la portada barroca de la iglesia de los dominicos. Había allí un edificio de una sola planta, con un reducido patio en medio, que era conocido como el Almudí y que servía de oficina de contratación y pósito o almacén de grano. Ocupaba una gran parte del solar de la actual plaza. Ya en 1565 se determinó "que se haga una fuente en la plaza de Santo Domingo, con su abrevadero, junto a la casa de la Ciudad". En 1581 se le colocó un león de piedra, que hizo el maestro Juan de Arteaga por siete ducados. Cuando se reedificó la casa del ayuntamiento en 1753-59, se rehizo también el Almudí y se acordó instalar en él, adosada a la pared una fuente con su correspondiente abrevadero o asca, como se decía en Pamplona, ya que eran muchas las caballerías que pasaban cada día por aquel lugar, camino del mercado.

Aquella fuente no debía de valer gran cosa. En la descripción de la ciudad que el Ayuntamiento remitió a la Real Academia de la Historia el 20 de junio de 1801, se dice de ella sencillamente que "está a la testera de la Casa del Ayuntamiento, sin ornato particular porque no lo permite el paraje". En vista de su escaso mérito, en 1856 el ayuntamiento mirando por el embellecimiento de la ciudad, acordó sustituirla por una de nueva planta, cuyo diseño guardase relación con el de las que trazó Paret en 1788.

Obra de José Mª Villanueva

El proyecto lo realizó en 1854 el maestro de obras municipal José María Villanueva, que ocupó ese puesto desde el año 1851 hasta su jubilación en 1884. Cuando le nombraron para el mismo ya llevaba algún tiempo en el oficio, porque consta que en 1839 estuvo trabajando como ayudante del arquitecto don José de Nagusía -autor entre otros edificio notables del palacio de la Diputación- en la cimentación del Teatro Principal, edificio neoclásico que hasta 1931 cerraba el lado sur de la plaza del Castillo y que se derribó para comunicar dicha plaza con la nueva avenida de Carlos III.

María Larumbe, en su tesis sobre la arquitectura academicista en Navarra, incluye una relación bastante detallada de las obras que realizó Villanueva, tanto públicas como privadas.

La ejecución material de la obra de la fuente, que se llevó a cabo el año 1856, corrió a cargo del maestro cantero Inocencio Lipúzcoa, a quien el Ayuntamiento le abonó por su trabajo la cantidad de seis mil reales de vellón.

Esta fuente, a diferencia de las que se inauguraron en 1798, que son todas exentas -es decir construcciones aisladas, que se pueden rodear-, se pensó desde el principio para que estuviera adosada a una pared, por lo que presenta un único frontis. Según la describe el Catálogo Monumental de Navarra, "Consta de un asca de trazado mixtilíneo que da paso al cuerpo decorativo convexo y jarrón de remate. La decoración se reduce a una guirnalda que se enrolla en el cuerpo y en el jarrón".

Hay que decir que, aunque como acabamos de ver no forma parte de las que proyectó Luis Paret en 1788, en nada desmerece ni desentona si se la compara con ellas. Concebida también con arreglo a las pautas del estilo academicista, o si se quiere neoclásico, no solo guarda una evidente relación con las otras cuatro, sino que además recuerda mucho a la de la plaza de los Santos Juanes, en Bilbao, que fue diseñada por el propio Paret en 1785, a la vez que la de la plaza de Santiago de la misma villa, tan solo tres años antes que las de nuestra ciudad.

Sin embargo, la nueva fuente apenas permaneció veinte años en el lugar para el que fue proyectada, en la plazuela de Santo Domingo. En las obras de remodelación que se llevaron a cabo en dicha plaza en 1876, el Ayuntamiento acordó retirarla de allí y trasladarla a otro emplazamiento distinto. El Dr Arazuri cuenta en su libro Pamplona antaño que primeramente se pensó en llevarla a la Plaza Consistorial, idea que se desechó por no ser lugar a propósito para una fuente adosada. Se consideró después la posibilidad de cambiarla a la plazuela que había junto al extinguido convento de la Merced, que desde mediados del siglo XVI hasta su derribo en 1945 existió frente al Palacio del Obispo, donde hoy se encuentra el Retiro Sacerdotal. Hasta que por fin con fecha 18 de mayo de 1877, se tomó el acuerdo de instalarla en la calle Descalzos, frente a lo que se llamaba las belenas -hoy calle de Eslava- como efectivamente se hizo.

La fuente cambia de calle

Como anotó acertadamente el mismo Dr. Arazuri en la más importante de sus obras, Pamplona, calles y barrios, la fuente se puso precisamente aquí para adecentar aquel paraje, tapando el infecto callejón que salía a la muralla, que en algún documento de la época se le cita como "bago de minetas". Los trabajos de desmontarla en su antiguo emplazamiento y volverla a montar en la actual ubicación, corrieron a cargo del cantero Ignacio Urrestarazu, quien percibió de la tesorería municipal por este concepto la cantidad de 1.063 pesetas con 62 céntimos. La época de los reales había pasado, aunque -como ocurre en nuestra época con el euro- la gente siguió durante mucho tiempo haciendo sus cuentas en la vieja moneda.

Se pretendía dignificar el aspecto que presentaba aquella parte de la ciudad, tradicionalmente descuidada e incluso degradada. Por esos años el Ayuntamiento trataba de acometer una costosa e importante mejora urbana, que fue la transformación de la antigua belena del burgo de San Cernin -actual calle Eslava-, que hasta entonces era una calleja oscura y angosta con una anchura de apenas siete pies, en una calle moderna, ventilada, alegre y con más luz. Para ello fue necesario tomar una medida drástica, que fue la de derribar parcialmente todas las casas del lado izquierdo de la calle, desde la actual plaza de San Francisco hasta el callejón que comunicaba la belena con el paseo de ronda de la muralla de Descalzos.

Aquel proyecto tan necesario se había empezado a tratar por los munícipes en 1862 y fue precisamente José María Villanueva el encargado de elaborar el estudio previo, que incluía los correspondientes croquis, con indicación expresa de las casas que resultaba necesario expropiar u ocupar en parte para dar a la futura calle la alineación deseada.

Dado el elevado coste que se calculó tendría la operación, hubo que aplazar de momento su ejecución, que no se acometió hasta 1879, dos años después de trasladar la fuente. Pero una vez realizada la obra, el resultado no pudo ser mejor. Se construyeron nuevas casas, se reformó la fachada de otras, y en definitiva, Pamplona ganó una nueva calle.

La satisfacción del vecindario fue tal que se dirigieron al Ayuntamiento solicitando que se le diese el nombre de 1879, en recuerdo de la fecha de su inauguración. No obstante, la corporación el 10 de marzo de 1883 acordó dedicarla al ilustre compositor don Hilarión Eslava y Elizondo.

Y un detalle curioso: debido a que la fuente se instaló en 1877, dos años antes de la ampliación de la calle Eslava, su frontis quedó descentrado respecto al eje de la citada calle, como visualmente se puede comprobar todavía.




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