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MÚSICO Y COMUNICADOR

Fernando Argenta: "Un país inculto es lo peor que nos puede pasar"

  • Fernando Argenta dirige hoy a la Orquesta Sinfónica de Navarra en el Auditorio Barañáin para ofrecer uno de sus "Conciertazos", una versión "pequeña" del famoso programa que emitía La 2 de Televisión Española

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Fernando Argenta, en la calle Nueva de Pamplona, hace un gesto simpático. J.A. GOÑI

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Actualizada 04/01/2012 a las 10:40
  • AINHOA PIUDO. . PAMPLONA

Fernando Argenta (Madrid, 1945) se despidió en 2008 de RTVE, que había sido su casa durante décadas. Codirigió Clásicos populares en RNE junto a Araceli González Campa durante 32 años, y en 2000 transformó ese mismo afán por acercar la música clásica en un programa de televisión para niños, El conciertazo, que emitía La 2. Argenta, hijo del director de orquesta Ataulfo Argenta, se vio afectado por las prejubilaciones que puso en marcha el ente público en 2008, pero se llevó consigo el formato de El conciertazo, del que tenía los derechos, y desde entonces viaja por auditorios de toda España empujado por la misma pasión que toda su vida: la música. Simpático y dicharachero, enlaza una anécdota con otra y no tiene pelos en la lengua para admitir que ha tenido más de un encontronazo con los que él llama puristas. "Parecía que la música clásica había que escucharla de rodillas, y que Mozart era un dios. Pues no señor", sonríe.

Llega a Barañáin con las entradas agotadas. ¿Le suele ocurrir?

Va a parecer que soy un fatuo, pero suele pasar. Es normal, y más en estas fechas. No nos damos cuenta de que en este país hay muchísima gente que quiere formar a sus hijos y que les quiten ese concepto de que la música clásica es un rollo. Además, es que son padres que han visto o conocen El conciertazo, y saben que pueden traer a sus niños, de 2, 4 o 10 años.

¿Cómo es el espectáculo?

Yo procuro que sea un concierto fiesta. Aquí la pedagogía está en que el niño diga: qué bien me lo he pasado, quiero volver. Son obras muy conocidas: Las bodas de Fígaro, La guerra de las galaxias, Guillermo Tell, el vals de la Bella Durmiente. Otro de los alicientes está en que suceden cosas, para que el público participe.

¿Es muy distinto el formato desde que El conciertazo ya no se emite en televisión?

Un programa es otra cosa, claro. Antes contaba con unos medios que no tengo ahora. Esto es una especie de Conciertazo en pequeño. Pero mucha gente se lleva una sorpresa.

¿Había trabajado alguna vez con la OSN?

Sí, hace años, en los conciertos didácticos en el Gayarre. Pero dirigirla, es la primera vez. Son unos profesionales fantásticos. Iba a decir que es un lujo tener una orquesta como esta, pero no, no es un lujo, es una necesidad.

Hay mucha gente que no lo entiende así.

Es que es muy fácil cargarse una orquesta. Y muy tentador, porque es pura demagogia. Es el chocolate del loro. Carguémonos todo, y veremos qué país nos encontramos después de la crisis. Yo no conozco un país culto que sea económicamente débil. Un país inculto es lo peor que nos puede pasar. Seremos menos libres y tendremos una economía peor. Es así.

¿Se ha recuperado de su salida amarga de TVE?

Sí, gracias al cariño de la gente. Pero para mí la salida fue muy penosa. No la mía, que también, sino la de tanta gente válida, tantos compañeros que a partir de los 52 años tenían que estar en su casa cobrando sin trabajar.

Usted no estuvo nada de acuerdo con aquello.

Me parecía un disparate. Además, era mentira. Decían que iban a rebajar el presupuesto de RTVE y porque el 50% de la plantilla se iba fuera. ¡Pero ese 50% sigue cobrando casi lo mismo que si trabajara a costa del Estado!

¿Y por qué se hizo?

Se hizo de cara a la galería, para hacer ver que se estaba poniendo una solución a eso que tanto se dice del pozo sin fondo de Radio Televisión. Parecía que alguien por fin le había puesto el cascabel al gato, y no. Desde los 52 años, son 13 años cobrando vacaciones pagadas.

¿Ha visto alguna vez El club de Pizzicato, el programa heredero de El conciertazo?

Lo he visto, sí. Ellos se esfuerzan, pero es complicado porque tienen un presupuesto muy bajo. No es El conciertazo, pero es que nosotros contábamos con muchos más medios.

¿Siente reconocida su labor o le han puesto muchas chinitas en el camino?

Claro que me han puesto chinitas, ¡pufffffff!, muchas. La gran mayoría no, pero siempre hay una minoría, esos que yo llamo puristas, a los que les ha molestado que yo intentara divulgar la música. ¿Es que no ve usted más allá de sus narices?, me preguntaba yo. Parecía que la música clásica había que escucharla de rodillas, y que Mozart era un dios. Pues no señor, eran seres humanos. Además, comprendes mejor su música cuando conoces a la persona. La Patética de Tchaikovsky no se comprende sin saber hasta qué punto él estaba amargado por su homosexualidad. Al principio me afectaba mucho, me hacían daño, pero al final, nada. Hagas lo que hagas, hay gente a la que no le gusta, y también es respetable.

¿Su apellido ha generado recelos?

No, eso no. Cuando yo empecé en este mundo, hacía ya tiempo que mi padre había muerto. Esos recelos sí surgieron cuando mi padre había muerto hacía tres años y yo tocaba rock and roll. No podían comprender cómo el hijo de Ataúlfo Argenta se ponía a hacer eso, que en España se consideraba una gamberrada.

¿Ser director de orquesta es su sueño incumplido?

Sí, soy un director de orquesta frustrado.

¿Su historia hubiera sido distinta si su padre no hubiera muerto tan joven y la situación familiar no hubiera cambiado tanto ?

Completamente. Si mi padre no hubiera muerto cuando él tenía 44 años y yo 12, yo hubiera sido director de orquesta o compositor. Seguro, seguro, seguro. Yo le adoraba, le idolatraba, como padre y como director de orquesta. Para mí era un ejemplo a seguir.

¿Y sigue frustrado o ya lo ha asumido?

Como diría Freud, tuve que matar a mi padre. Yo estaba frustrado, había estudiado Derecho y había empezado en la radio, pero no pensaba que mi vida fuera a terminar ahí. Siempre tenía la esperanza de retomar los estudios musicales. Pero ya era muy tarde. La música hay que empezarla muy pronto, muy pronto.

Los "pecadillos" de los grandes músicos

En el último libro que ha escrito,Los clásicos también pecan (Plaza y Janés), Argenta hace un repaso por las vidas privadas de las grandes compositores y sus debilidades. "Casi todas tenían que ver con el sexto mandamiento", sonríe. "No sé por qué la gente se escandaliza tanto", dice. "Estos trapos sucios les sirven para humanizarlos", argumenta. Y entra en detalle: "Vivaldi era cura, pero tuvo una amante, una cantante de ópera que tenía una hermana enfermera. Los tres formaban un trío, no sé si precisamente musical", apunta. "Liszt también fue cura, aunque muy adelantado para su época, y se acostaba con todas las duquesas y marquesas que podía. Eso sí, de baronesa para abajo, nada". "Wagner era, para mí, el más pecador de todos, porque era un soberbio, un ególatra que manipulaba a la gente, que no pagaba sus deudas y tenía que ir de sitio en sitio huyendo. Era muy feo, pero le presentabas a tu mujer y te la había birlado en cinco minutos. Eso sí, luego tonteaba con Luis II de Baviera, y le sacaba la pasta a base de filtrear ".




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