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Esos valiosos cómics del siglo XII

  • Mercedes Jover, la directora del Museo de Navarra, ofreció ayer una visita guiada por los capiteles que pertenecían al desaparecido claustro románico de la Catedral de Pamplona, y que se guardan en el museo desde su inauguración

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Los asistentes al Aula de Historia contemplan los capiteles románicos que guarda el Museo de Navarra en la sala 1.7. MARC EICH

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Actualizada 02/12/2011 a las 01:04
  • AINHOA PIUDO . PAMPLONA

AVECES se nos olvida que las catedrales esconden historias. Pasamos por alto que las fachadas o las columnas no son meros elementos arquitectónicos. Nos hablan. Cuentan pasajes de tiempos inmemoriales en los que la escritura y la lectura estaban reservados para una elite. Por eso Umberto Eco dice que los capiteles románicos fueron el principio del cómic, como recordó ayer Pedro Lozano Bartolozzi, presidente de la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra (SEHN).

Precisamente sobre capiteles se habló ayer largo y tendido en el Museo de Navarra. El encuentro con el público estaba convocado en el marco del Aula de Historia que organizan la SEHN, el Gobierno de Navarra y Diario de Navarra. La directora del museo, Mercedes Jover, condujo a más de un centenar de personas en una visita guiada por los restos del desaparecido claustro románico de la Catedral de Pamplona, que se conservan desde hace décadas en el museo. Cuatro capiteles de estos, los más llamativos, relatan escenas bíblicas: la vida de Job, la Última cena, la Pasión, la Pascua. Hay otros tres con ornamentación vegetal. Datan del siglo XII y son, según dijo Jover, "una joya del románico europeo". "No es raro que los visitantes extranjeros muestren su extrañeza al saber que los tenemos aquí y no en el Metropolitan de Nueva York o en el Museo Británico", expuso Jover.

Tallados en piedra caliza en torno a 1135 o 1140, son obra de un taller de la zona de Toulouse. Son "excepcionales" porque desafían los atributos que suelen atribuirse al románico. "Totalmente innovadores, gozan de una libertad compositiva total, dominan una volumetria muy compleja y también la plasmación del cuerpo humano", enumeró la ponente. Transmiten movimiento y su realismo es tal que se aprecian hasta las fístulas que la viruela provocó a Job o cómo los demonios tiran del pelo al ladrón condenado en la cruz junto a Jesucristo. "Eran verdaderas biblias en piedra, así se transmitía la fe entonces", indicó.

La catedral románica

La catedral románica de Pamplona, con sus 70 metros de planta, era la segunda más grande de la Península después de la de Santiago de Compostela. "Sabemos que tenía una entrada de doble puerta, semejante a la de las Platerías, y dos torres", explicó ayer la directora. Estilísticamente, se parecería a la Catedral de Santiago o a la de Toulouse.

En torno a ella vivía un cabildo regular, cuya principal misión era atender el culto. El claustro, que tuvo un uso funerario, comunicaba las diferentes estancias en las que vivió hasta 1860 la comunidad de cabildos. "Era una rotonda del siglo XII", ejemplificó Jover. Pero, además, se encontraba abierto al acceso de la población, y por eso mismo tenía tanta importancia el "mensaje iconográfico" que se le trasladaba.

El claustro se construyó gracias a la promoción del obispo Sancho de la Rosa, era de una sola planta y se encontraba justo debajo del actual, de estilo gótico. "Lo que aún no sabemos delimitar es el tamaño exacto que tenía", apuntó ayer Jover. Fue destruido durante la guerra de la Navarrería, entre 1256 y 1277. "Fueron años terribles, el burgo quedó totalmente arrasado", recordó Jover. Entonces, se desmontó para construir uno nuevo, el gótico, y los capiteles anteriores se desmontaron y se guardaron. A partir de ahí, hay diversas teorías sobre su paradero a lo largo de los siglos. Hay una cita documental que dice haberlos visto en la capilla Barbazana allá por 1846. "Difícil de comprobar". Otras referencias posteriores los sitúan en la capilla de Santa Catalina, dentro de la propia seo pamplonesa, o en una hornacina dentro del nuevo claustro.

El hecho es que en 1947, estos capiteles pasan a ser propiedad de la Diputación Foral. ¿Por qué? "Porque el cabildo catedralicio tenía, desde el siglo XVIII, un importante plan de higiene de la catedral, para el cual debía acometer reformas", expuso la directora. "Por tanto, necesitaba dinero y vendieron patrimonio, como los capiteles o el Retablo Mayor", apuntó. Desde 1956 en que el Museo de Navarra se inaugura, permanecen en la sala destinada a las piezas de la época románica.




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