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MARTA CORONADO, COREÓGRAFA

En la meca de la danza

  • La bailarina navarra Marta Coronado ha ejercido de maestra durante tres meses en la Ópera de París. El objetivo, mostrar a los mejores bailarines del mundo la coreografía de danza contemporánea "Rain".

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Marta Coronado (sentada, la segunda por la derecha) observa los movimientos de los bailarines de la Ópera de París. ROSAS

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Actualizada 26/05/2011 a las 01:04
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  • MICHELLE UNZUÉ . PAMPLONA

SOBRE su escenario deslumbró el mejor bailarín de todos los tiempos, el ruso Rudolf Nureyev. En sus salas de ensayo se crearon piezas de danza tan famosas como Giselle. La Ópera de París, en la que se mueve la crême de la crême de la danza, se ha convertido desde hace tres meses en el hogar de la bailarina y coreógrafa navarra Marta Coronado Ayarra (Pamplona, 1973).

Ella ha sido quien ha ejercido de maestra para enseñar a los bailarines de la ópera los pasos de la pieza de danza contemporánea Rain, que se estrenó ayer en el prestigioso recinto francés. "Estuve bailando en la compañía belga Rosas durante once años, y en 2001 estrenamos el montaje Rain. La directora de la Ópera de París se puso en contacto con la coreógrafa, Anne Teresa De Keersmaeker, para que enseñáramos los pasos a sus bailarines. Es algo muy inusual porque la Ópera de París es la mejor compañía del mundo de ballet, aunque desde finales de los 90 están introduciendo algunas piezas de contemporáneo", explica Marta, que colabora en la sección La aldea global de Diario de Navarra.

Junto al bailarín Beniamin Boar se ha encargado del desafío de enseñar a unos bailarines tan competentes un lenguaje muy distinto al que estaban acostumbrados. "Ellos son de ballet clásico, donde se utilizan las puntas, las líneas ligeras, el hombre levanta a la mujer... Y sin embargo en la danza contemporánea bailamos con los pies descalzos, hacemos más acrobacias y los roles entre hombre y mujer no están tan marcados. Lo espectacular es que una casa tan tradicional, con dos siglos de danza clásica, esté intentando abrir las miras, porque el público de París es muy clásico", asegura la bailarina navarra, que ahora es freelance en Bruselas, donde reside. Para ella, aclimatarse a una estructura tan "férrea" como es la Ópera de París no ha sido tarea fácil. "Para ellos ha sido un poco difícil comprender que esta pieza es muy democrática, en la danza contemporánea no hay solistas ni estrellas, lo que importa es la calidad del grupo", sostiene la artista navarra, que junto a otros ex bailarines de Rosas ha formado una compañía de danza, House of Berta, y están trabajando en su primera pieza.

Sindicato de bailarines

La versión de Rain que se representa en la ópera hasta el 7 de junio no ha cambiado ni un ápice respecto a la puesta en escena de su estreno en 2001.Como es lógico, Marta Coronado ha observado una evolución, positiva en este caso, en el aprendizaje de los bailarines de la Ópera de París con la pieza Rain. "El día que llegué pensaba que eran todos iguales, me costó mucho aprenderme los nombres de las chicas porque tenían el mismo tipo de pelo, de cuerpo y de fisonomía. Un cánon de belleza rígido, y como encima la gran mayoría son francesas... Y me ha gustado descubrir que dentro de esa igualdad cada una tiene su propia personalidad, ahora las miro y me parecen totalmente diferentes que al principio, es lo mejor de todo", recuerda. Y el principal escollo con el que se ha enfrentado ha sido la jerarquía existente. "Te reirás pero hay un sindicato muy fuerte de bailarines, no pueden bailar más de cinco días seguidos, si no es ilegal. Es bueno para ellos pero muy poca gente trabaja así en la danza contemporánea, porque si el coreógrafo está inspirado igual te quedas un rato más; pero ellos se van a la siete, incluso si coincide que están bailando una pieza", lamenta.

Marta reconoce que se ha perdido muchas veces por los pasillos de la ópera, ya que es una de las más grandes del mundo. "Estar aquí es como un fetiche, todos conocemos esa ventana de la ópera desde fuera, pero mirar desde dentro y ver París hacia fuera es algo increíble. El escenario es grandísimo, con una cantidad enorme de técnicos, y es bastante surrealista porque mientras ensayamos hay visitas guiadas y no dejan de hacernos fotos. Es la meca de la danza, todo un honor estar aquí", comenta la bailarina navarra, que permanecerá en la capital francesa hasta que termine la representación. Luego volverá con su marido y sus dos hijos a Bruselas, aunque otro proyecto le mantiene muy contenta: la compañía navarra Fueradeleje les ha pedido, tanto a ella como a su marido, que también es coreógrafo, que diseñen una pieza. "Estaremos en octubre y noviembre con el proceso creativo en el centro Huarte. Estoy muy ilusionada, al tener tiempo libre como freelancees un honor volver a Pamplona y estar con la gente, todos son amigos", concluye.




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