El "mamotreto" sobre Sabina llega a Pamplona
- El "matroteto excesivo en críticas y alabanzas", como lo definió Sabina, contiene testimonios de gente que vivió con él
Publicado el 22/11/2011 a las 01:01
Son amigos, pero la biografía que Joaquín Carbonell ha escrito sobre Joaquín Sabina no es una hagiografía. Habría sido difícil, dado que el autor ha contactado con muchos ex de Sabina, exnovias, exchóferes, exsecretarias, exmanagers, hasta recabar los testimonios de 20 personas que han conocido intensamente al inquilino de la calle Melancolía. Ha empleado tres años en ello. Y este jueves a las 19 horas presentará Pongamos que hablo de Joaquín(Ediciones B) en la librería Elkar de la calle Comedias, en Pamplona. Allí interpretará, además, un par de temas del cantante de bombín junto con Dani Sancet, del grupo Insolenzia. El escritor Patxi Irurzun presentará el acto.
Carbonell tiene 64 años, un año y medio más que su amigo. Por eso, aunque uno es de Úbeda y el otro de Teruel, vivieron una España semejante. Se conocieron en 1978. Sabina fue a oírle a Madrid y se le presentó. Acababa de llegar de Londres. Luego se vieron con más frecuencia, y Carbonell cantó en La Mandrágora un par de veces, y alguna vez, incluso, se quedó a dormir en su casa. No en la de Tirso de Molina, conocida porque medio Madrid tenía una copia de la llave, sino en la que habitaba en la Cava Bajo, al lado del bar que dio nombre al grupo de Sabina, Krahe y Alberto Pérez. "Desde entonces tenemos una relación muy afectuosa", asegura.
El músico y escritor aragonés opina que la vida de Sabina es igual o más interesante que su obra. De la etapa londinense, "una época oscura", ha conocido a cinco personas que convivieron con él, como el historiador Publio López Mondejar. Otro de los momentos más destacables es la etapa de La Mandrágora. "Es cuando se cimienta su futuro", señala Carbonell.
Sus exnovias no hablan de él. "Son unos caballeros, frase muy de Sabina", bromea Carbonell. Y eso que fue el propio cantante quien sugirió al biógrafo que hablara con ellas. Así que contactó con la mallorquina Cristina Zubillaga, que fue la mujer que más tiempo estuvo a su lado, según el autor. "Me pidió que no publicase nada de lo que me iba a contar. Yo también soy un caballero, como sus novias", dice. "Las demás no han querido hablar. Sobre todo la madre de sus hijos, Isabel Oliart", añade.
Los secretarios, chóferes, managers... sí que lo han hecho. Paco Lucena, con el que trabajó 22 años, estuvo siete días hablando. "Sabina tiene un talento creativo descomunal pero no es muy dado a atesorar amigos. Cuando tú estás con él es muy amigo pero cuando te vas puede tardar dos años en volver a saber de ti", desvela Carbonell.
También sale el susto. Año 2000. Un infarto cerebral le hace ver la muerte de frente. "Cambió mucho, cogió miedo, se asustó, dejó de fumar, de beber, de meterse...". Jimena, su novia, cambió entonces la cerradura de casa, se acabaron las mil copias de la llave. Y llegó la tranquilidad. "Ella se dio cuenta de que una de las razones por las que a este hombre le pasa lo que le pasa era ese desorden vital: vivir por la noche, dormir por el día, no comer... mucha gente, droga..."
Este verano, Sabina dijo en una entrevista que el libro "es un mamotreto excesivo en críticas y alabanzas". Carbonell está de acuerdo en lo primero. Sí, es un mamotreto. 536 páginas y tres cuartos de kilo, concretamente. De lo otro, intuye que no le ha hecho gracia que escarben en su vida. "No ha asimilado que es una celebridad y que van a escribir libros sobre su vida. Pero más vale que lo haga gente como yo, que le conozco y le quiero mucho", defiende.
Y así, ahora Carbonell le da vueltas a escribir sobre José Antonio Labordeta, profesor suyo en el colegio (Federico Jiménez Losantos era compañero) y después colega de giras. Aunque quizá lo que debía hacer este hombre que recuerda un concierto bajo la nieve hace años en La Chantrea; que es escritor, periodista y músico - "Entre todo hacemos un sueldo"- es escribir su propia autobiografía.