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El libro como artefacto emocional

  • Discípulo de Miguel Sánchez-Ostiz, fue él quien le animó a lanzarse como escritor

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De izquierda a derecha: Belén Galindo, responsable del Club Virtual de Lectura, el escritor Eduardo Laporte y el editor David Villanueva, sentados frente al público. J.A. GOÑI

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Actualizada 23/09/2011 a las 01:04
  • NEREA ALEJOS . PAMPLONA

CON su primera novela, el periodista pamplonés Eduardo Laporte Miqueléiz ha dado el salto de transformar en literatura sus recuerdos más íntimos y dolorosos, los que le acompañaron en los últimos días que vivió junto a su padre, el diseñador de moda Philippe Laporte, antes de que el cáncer se lo arrebatara. Solo diez meses antes, también había perdido a su madre, María, por el mismo motivo.

Aquello sucedió en 2000. Cinco años después, Eduardo Laporte sintió la necesidad de fijar sobre el papel todas aquellas vivencias que le perseguían. "Me di cuenta de que la historia no debía morir con mis padres, quería compartir todas esas imágenes, en las que también había destellos de belleza".

Finalmente, la novela vio la luz con el evocador título Luz de noviembre por la tarde. Y ayer, Laporte era presentado como escritor en el Club Virtual de Lectura de Diario de Navarra, encuentro al que asistieron medio centenar de personas. Entre el público que acudió a escucharle se encontraba el también escritor Javier Díaz Húder, que había seguido muy de cerca la gestación del libro. "Recuerdo que tu primer manuscrito era más emotivo", comentó.

Su editor, David Villanueva, de Demipage, se refirió a Laporte como un escritor "con madera clásica, porque tiene una manera de escribir de corte clásico". Y Belén Galindo, responsable del Club Virtual, calificó a Luz de noviembre como un libro "inclasificable, valiente, personal y universal". Su autor solo tenía 25 años cuando empezó a escribirlo.

Pero quizá el mayor elogio que recibió ayer fue por parte de uno de sus lectores. "El libro conmueve, es sincero. Es algo que sólo podías haber escrito tú", alabó. Y a continuación opinó sobre cuál es el mayor reto a la hora de escribir un libro. "Hay que crear un artefacto emocionante, ya sea con tu propia vida o con la de un mercader de Persia". Laporte le respondió que la ficción pura suele tener más "prestigio" que la literatura autobiográfica.

"La gente no está acostumbrada a leer cosas reales. Por ejemplo, en España no hay tradición de leer diarios íntimos", reflexionó, citando entre sus referentes a Francisco Umbral o Philip Roth. De este último asumió una enseñanza clave: "Se puede escribir de tu familia y no aburrir a la gente". De hecho, Luz de noviembretambién podría entroncar con Mortal y rosa, la indiscutible obra cumbre de Umbral, escrita al poco tiempo de morir su hijo.

"Eduardo tiene "tela" de escritor", insistió David Villanueva utilizando una expresión que se convirtió en un homenaje involuntario al padre de Laporte, tan vinculado al mundo textil.

"Tela" y pedigrí

Eduardo Laporte no sólo tiene "tela", sino también el pedigrí que aporta haber sido discípulo desde la infancia de Miguel Sánchez-Ostiz, a quien se refiere como si fuese un familiar más. De hecho, fue el propio autor de No existe tal lugarquien le animó a Laporte a que enviara su primera "novelilla", Naúfrago cosmopolita,a Pere Gimferrer, de la editorial Seix Barral.

Como cabía esperar, no recibió respuesta, ya que consideraron que se trataba de una "novela fallida". "Con aquella novela me quité toda la rabia del escritor que quiere serlo. Era un libro lleno de citas, muy de escritor joven", reconoció. En él volcó la fascinación de los primeros años de formación como lector y "futuro escritor". Entre sus influencias de aquella época citó a Josep Pla, Andrés Trapiello, Pío Baroja o Coetzee, sin olvidarse de su maestro, Miguel Sánchez-Ostiz.

Luego bromeó con su editor. Cuando comentó que todavía no sabía si se podía considerar escritor o si podría llegar a serlo en el futuro, Villanueva le replicó : "Me has mandado cinco libros escritos". A lo que Laporte respondió: "Pero igual son fallidos".




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