¿Con qué sensaciones está comenzando este sexto taller? Hay alumnos que todavía no se lo creen.
Esto es parte del trabajo de la pintura, yo lo vivo como un hecho cotidiano, aunque nunca estás seguro de cómo va a a salir. Es un acto de fe de unos con otros. Yo creo mucho en esta forma de relación entre un grupo de pintores: unos mayores, otros más jóvenes, unos con más experiencia, otros con menos... Y a todos nos une un deseo de investigar, de crecer y de avanzar.
El próximo 27 de octubre volverá a la Universidad para ser investido doctor honoris causa. ¿Cómo afronta este reconocimiento?
(Se ríe). No sé qué decirle. Estoy agradecido, pero siempre pienso si se habrán equivocado. Yo puse muchas pegas cuando me lo dijeron, pero por otro lado respeto de una manera muy profunda todo lo que tenga que ver con la formación de las personas. Desde que el hombre nace, tiene que ser ayudado por las personas que saben más.
¿Y de qué manera se va a implicar en el futuro museo de la universidad?
No sé qué espacio me van a permitir, pero lo que esté en mi mano lo entregaré cuando me lo pidan. En principio, el museo ya está creado por unos coleccionistas de muchísimo nivel.Luego, los artistas podemos venir a charlar y aportar nuestro punto de vista sobre el arte, pero todo eso dependerá de quienes soliciten nuestra colaboración.
Hablando de museos, su exposición antológica en el Thyssen está siendo un acontecimiento. ¿Cómo lo está viviendo?
Pesa mucho, es un poco opresivo, porque es una exposición en mi propia ciudad, Madrid, y con el carácter de que abarca toda mi vida. Pero estoy muy tranquilo porque la respuesta de la gente ha sido muy positiva, y al final se hace para eso, para que tu trabajo quede en manos de todos los que llegan, lo ven y dan su punto de vista. Pero, aunque sea positivo, me resulta duro. Lo viví hace 18 años en el Reina Sofía: cuando acabó la exposición, respiré.
¿Y cómo se ha sentido al convertirse en espectador de su propia obra?
Me he sentido muy interesado en descifrar el trabajo de tantos años, desde que yo tenía 17 años hasta ahora que tengo 75. Es muy difícil encontrar el "quid", es decir, penetrar en el sentido que tiene todo ese trabajo. No cómo lo estoy expresando, sino qué estoy expresando. ¿Cómo soy yo como pintor, como ser humano? Ahí está.
¿Y ha encontrado la respuesta?
A lo mejor es que no hay ninguna. Quizá no puedo ser más que un espectador de mí mismo. A lo mejor tendría que tener a un psicólogo o un investigador del alma que me guiara por mi propia obra, como si fuera un grafólogo que descifra tu letra y te aporta datos sobre ti. Me gustaría que alguien descifrara mi obra desde el punto de vista psicológico. Todo lo que has vivido en cada momento va dejando una huella en la pintura. Entonces, ahí no estás solamente tú, sino tu época.
Entonces, ¿se ve como un testigo de lo que nos toca vivir?
Sí, sin duda. Todo eso queda incorporado al trabajo, pero lo difícil es hacer una lectura de ello.
Teniendo como escenario de trabajo la Puerta del Sol, ¿qué opina sobre el movimiento de los "indignados", que la han tomado como un símbolo?
Pienso que la sociedad va mal. Está muy mal gobernada. Nos llevan gentes que no tienen la inteligencia suficiente como para ser nuestros guías. Y el capitalismo es un fracaso enorme. Yo no he estado en la Puerta del Sol, pero siento todo eso. El descontento está en todos esos millones de personas que tienen la sensación de que hay que cambiar.
Entonces estamos hablando de algo que va mucho más allá del sistema económico.
El capitalismo tiene una capacidad terrible de violentarlo todo. Si no se aparta eso, no se va a encontrar nada.
Entonces, ¿cómo nos reinventamos?
Creo que los artistas no lo podemos decir, y está visto que los políticos tampoco. Yo pienso que ahora es el momento de los hombres de ciencia, de los que no estén demasiado vendidos. En este momento, hay que reaccionar y rectificar.
¿Y qué valores deberían sustentar a esa nueva sociedad?
La justicia, en la medida de las posibilidades que tiene el hombre. Porque la naturaleza no conoce la justicia: nacen hombres tontos, inteligentes, hermosos, feos... Ahora, el hombre tiene un poder sobre la naturaleza que jamás ha tenido. Si no lo maneja bien, puede ser su final. Y si nos hundimos, nos ahogamos todos.
Y si hablamos del futuro del arte, ¿en qué etapa se sitúa ahora Antonio López, con qué obras está más involucrado?
Para mí el arte es una providencia, una tabla de salvación, algo reconfortante. Ahora, la obra primordial en la que tengo que seguir hasta que la remate es el cuadro de la Familia Real. Si puedo hacerlo en este año, mejor.
¿Qué dificultad concreta le plantea el retrato de los Reyes?
Quiero hacer algo que vaya más allá de cumplir con un encargo.
¿Algo que sea especialmente recordado?
No, tampoco es eso. No quiero que sea original ni nuevo, sino que tenga sentido, que tenga veracidad.
¿Cree que los futuros manuales de arte podrían interpretar esa obra como un Velázquez del siglo XX?
No, es tal la diferencia de perspectiva y de distancia que no se puede intentar. Ahora sabemos lo que es Velázquez porque hay tres siglos de experiencia para ver la dimensión que tiene. Y eso es imposible saberlo en un pintor que todavía está vivo.
¿Por eso no quiere exponer en el Prado?
Yo no veo que sea mi sitio. ¿Qué ganas con ir a buscar el punto más alto? Tu obra no va a ser mejor.
El año pasado se llevó a casa un retrato hecho por una de sus alumnas. ¿Qué vio en él?
Me pareció que era verdadero, no tenía fingimiento alguno.
Grupo La información Iogenia Digital