Álvaro Pombo se alza con el Premio Nadal de novela 2012
- El escritor consigue este prestigioso premio con la novela "El temblor del héroe", una obra que trata sobre el engaño
Publicado el 07/01/2012 a las 01:01
Álvaro Pombo es el ganador del Premio Nadal de novela 2012, que falló ayer su 68 edición en Barcelona. Pombo (Santander, 1939), narrador de brillante trayectoria y múltiples registros, académico y político de última hornada, se adjudicó el decano de los galardones literarios españoles con la novela El temblor del héroe, un relato sobre el engaño, la manipulación y la falta de sensibilidad ante el dolor ajeno. La presentó bajo el seudónimo de Jorge Bruno y el título provisional de Los amigos de Román.
Se embolsa gracias a ella los 18.000 euros de dotación de este premio que inaugura cada año la temporada editorial y liga su nombre al de Carmen Laforet, Miguel Delibes, Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Francisco Umbral, Ana María Matute y tantos grandes nombres de nuestras letras que han obtenido el Nadal a lo largo de estas casi siete décadas. Lo suma Pombo a galardones como el Herralde (1983), los nacionales de la Crítica (1990) y de Narrativa (1997), el Fastenrath de la RAE (1999), el José Manuel Lara (2002) o el Planeta (2006).
Ambientada en el Madrid de hoy, la novela de Pombo discurre en torno al último tramo de la vida de un profesor universitario de Filosofía, jubilado y en horas bajas. Un veterano de vuelta de muchas cosas y sumido en cierta melancolía, que se verá enfrentado a una situación que le desborda. Observa un mundo que se le aparece hostil y desabrido en el que prima la falta de compromiso, de modo que la narración es en alguna medida un alegato a favor de la buena pedagogía y la ausencia de empatía.
Capaz de moverse en una notable variedad de registros expresivos, se dio a conocer como poeta con Protocolos (1973) y Variaciones (1974), poemario este último galardonado con el premio El Bardo. Publicó después Relatos sobre la falta de sustancia(1977), conjunto de doce cuentos centrados en personajes estrafalarios y fuera de foco. Aunque nunca abandonó la poesía, se dedicó luego básicamente a la novela y pudo dejar su trabajo como empleado en un banco, en Londres y luego en Madrid.