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Museo Thyssen

Los siete magníficos del realismo

  • El museo Thyssen reivindica con una muestra histórica a los maestros de la pintura realista española

'Lavabo y espejo', obra de Antonio López.

Los siete magníficos del realismo

'Lavabo y espejo', obra de Antonio López.

Actualizada 04/02/2016 a las 07:42
  • colpisa. madrid
Nunca fueron un grupo, porque jamás compartieron un programa. Pero sí amistad, formación, solidaridad, ausencia de narcisismo y un lenguaje plástico conectado con la mejor tradición pictórica. La realidad es el credo de los siete grandes pintores cuya trayectoria repasa ahora el Museo Thyssen-Bornemisza en una muestra para la historia. Titulada 'Realistas de Madrid', recorre seis décadas de la fructífera andadura de estos siete magníficos del realismo. Una generación prodigiosa y aún activa que no sucumbió a ninguna moda, que resistió con firmeza al tsunami informalista de los setenta y los setenta, y al narcisismo que exacerbó la movida en los 80. La encabeza desde la modestia y el reconocimiento unánime de sus colegas Antonio López García (Tomelloso, Ciudad Real, 1936). Es el "jefe" a su pesar. Y el único a quien el Thyssen le había dedicado ya una retrospectiva. Fue en 2011 y con récord de asistencia, dejando claro que el público ha apreciado y disfrutado siempre de la obra este mago del realismo.

"Jamás quiso ser el jefe de la banda, pero lo es por méritos propios" dice otro de los siete grandes, el escultor Julio López Hernández (Madrid, 1930), que repasa su carrera junto a compañeros de viaje como su hermano Francisco (Madrid, 1932); la mujer de este, la también pintora Isabel Quintanilla (Madrid, 1938), y María Moreno (Madrid, 1933), esposa de Antonio López. Todos activos, muestran su obra junto a la de las ausentes: la mujer de Julio, la pintora Esperanza Parada (San Lorenzo de El Escorial, Madrid, 1928 - Madrid, 2011), y Amalia Avia (Santa Cruz de la Zarza, Toledo, 1930 - Madrid, 2011), esposa del llorado Lucio Muñoz. "No nos hemos sentido ni incomprendidos ni marginados.

Yo, y creo que los demás, hemos hecho nuestro trabajo con voluntad y plena libertad, aunque es cierto que hemos sobrevivido a muchas cosas y que no ha sido fácil" resume Antonio López. "Reunir nuestra obra en Thyssen y en una muestra como esta le dota de una solemnidad y un peso determinantes", dice de una exposición "que recrea un viaje que comenzó en 1955 y que ha sido un largo recorrido en busca de los misterios del mundo desde la figuración". Solidez entusiasta En cartel del 9 de febrero al 22 de mayo, es la primera muestra que se les dedica a estos siete apóstoles de la figuración en la capital en el último cuarto de siglo. Supone la puesta en valor de una generación que no se dejó amilanar ni por la abstracción ni por ninguno de los muchos ismos y modas que se han sucedido desde los cincuenta. El reconocimiento y la puesta en valor de un grupo sólido, que nunca rebajó su entusiasmo y cuyos octogenarios miembros siguen engrandeciendo el arte.

Reúne noventa piezas entre óleos, esculturas, relieves y dibujos expuestos de manera que destaquen sus puntos común, "tanto en la elección de los temas como en la forma de abordarlos", según Guillermo Solana, director del museo y comisario de la exposición junto a María López, hija de Antonio López. Unos nexos reforzados por la estrecha relación personal de los siete artistas, las coincidencias en su formación académica y su postura común frente el informalismo que dominó el panorama artístico español desde los años cincuenta.

"Nos hemos querido y hemos hecho mucho los unos por los otros" destaca un Antonio López que asegura haber sido "siempre sincero y prudente en la crítica" a sus colegas. Reconoce también que hubo fases de desánimo "momentos en los que me harté de estar solo, como estamos casi siempre los pintores y los escritores". Pero esta banda de grandes artistas veteranos sigue siendo una piña. "Que nos den un encargo", reclama López.

"Podemos hacer cosas juntos y ofrecer algo que antes no podíamos", desafía. "Nuca tuvimos, por fortuna, un programa como tuvieron los abstractos o El Paso" asegura López, que sitúa su denominador común en "la ausencia del narcisismo que define al arte contemporáneo, y que es lo que nos diferencia de lo que llegó en los 60" "Nacimos en la guerra y con la forma, y nos define la solidaridad, la preocupación por la gente y una postura ante el mundo que nos acerca a la Generación del 98 y nos aleja del 27" asegura. "El arte moderno es narcisista y nosotros renunciamos a la modernidad para acercarnos a los demás", resume. Una cercanía con la gente "que ha sido providencial" asegura López asumiendo su indeseado papel de portavoz. "Estuve callado, escuchando lo que todos los demás decían, pero luego me puse a hablar y no he parado", ironiza.

De lo íntimo a lo público Muchas de las obras expuestas no se veían desde hace mucho y han sido elegidas por los comisarios buceando en las colecciones de los propios artistas y en otras de articulares y de instituciones internacionales de España Alemania o Estados Unidos. La muestra sigue un itinerario temático que va lo íntimo a lo público. "Del bodegón a la ciudad; del plano corto, la escala pequeña y la proximidad, al gran formato y las vistas urbanas panorámicas", según los comisarios.

Un recorrido por los temas que todos comparten: el bodegón, el interior doméstico, las calles y los patios, la figura humana y la ciudad de Madrid en la que todo han vivido y trabajado desde la década de los 50. "Madrid es de crucial importancia para todos, aunque algunos no la han representado en su obra", destaca López. Otra singularidad es la presencia femenina en el grupo, con cuatro mujeres frente a tres hombres, en la primera generación artística tras la Guerra Civil en la que las mujeres ocupan un lugar relevante. Isabel Quintanilla reconoce que fue una suerte tener maridos artistas "que comprendían lo que hacíamos y nos han ayudado y animado, como nosotras a ellos". Reconoce Antonio López que para él ha sido determinante el apoyo de su mujer, Mari, cuyo respaldo y criterio busca siemope. "Ella ha tenido más limitaciones que las que he podido tener yo. Nosotros hemos podido escapar más del mundo de la casa y hemos podido pintar en lugares a los que ellas no podían ir solas", admite.

Casi todos compartieron formación en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en la década de 1950 y sus trayectorias vitales y profesionales ha transcurriendo en paralelo. Coincidieron en colectivas cruciales como 'Realismo Mágico en España' (Fráncfort, 1970) y 'Otra realidad. Compañeros en Madrid' (Casa de las Alhajas, Madrid, 1992). "En ellas se revela una poética compartida: una visión de lo cotidiano, de los objetos y los espacios familiares, que está impregnada de misterio, melancolía e intimidad, marcada por el paso del tiempo y la presencia de la muerte" destacan los comisarios.

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