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Lars Kepler: "Las redes sociales pueden ser destructivas"

  • El matrimonio sueco que publica bajo este seudónimo ha vendido más de cinco millones de libros de sus intrigas policíacas

Actualizada 03/02/2016 a las 09:03
  • colpisa. madri
Desde que escriben al alimón, su relación de pareja "ha mejorado mucho". Lo reconocen Alexander Ahndoril y Alexandra Cohelo, pareja que dio con la formula del éxito en 'El hipnotista', su primera novela negra, escrita a cuatro manos y bajo el seudónimo de Lars Kepler. Es un doble homenaje al astrónomo alemán Johannes Kepler y a Stieg Larsson, compatriota y creador del saga 'Millennium' de quien se consideran "herederos y admiradores". Un lustro después de su debut, entran 'En la mente del hipnotista' (Planeta) respaldados por un éxito global. Han vendido más de cinco millones de libros en cuarenta países de las intrigas de su atípico policía, Joona Linna, tiene ya su propia serie.

"Las redes sociales puede convertirse en algo monstruoso y destructivo" asegura la pareja, de visita promocional a España. Y es que las mil caras del acoso, en especial el cibernético, y sus terribles consecuencias, están en la médula de este trepidante thriller psicológico cuya intriga se desarrolla en 'tableros digitales' como Youtube, Twitter o Facebook. "La novela negra ha de conectar con mundo real y con el mundo retorciso y oscuro al mismo tiempo, con esa violencia que es siempre horrible" explican. "Nunca haremos que la violencia resulte hermosa o romántica en nuestros libros. Es siempre horrible y ha de dar miedo", plantean.

Y en este libro aterra un sanguinario asesino en serie que cuelga en Youtube videos de mujeres minutos antes de matarlas. La novata inspectora Silverman, desbordada por la situación, tendrá que recurrir a Linna, quien regresa "casi del mas allá". El acoso de los medios y los malos le llevó a fingir su suicidio para desaparecer de Estocolmo, adonde regresa en un lamentable estado físico para tratar de desenmascarar al asesino ayudado por el también estigmatizado psiquiatra e hipnotista Erik Maria Bark, "a entrar en la cabeza del asesino". "Casi un diez por ciento de los suecos dice haber sido víctima de algún tipo de acoso, y en los últimos años las redes son espacio donde se multiplica exponencialmente, el acoso es más salvaje y tiene terribles consecuencias" dice Alexandra, que sufrió en carne propia "el agobio de un acosador". Cuando era actriz de teatro un admirador entró en su habitación mientras dormía tras escalar hasta una ventana. "Aprendimos entonces que debemos tomarnos las señales de acoso muy en serio", tercia su esposo.

Hoy son extraordinariamente cuidadosos con su presencia en las redes sociales. Creen que "es algo de lo que se abusa sin calibrar el peligro". "Un exceso de exposición en las redes te puede destruir" insisten. "Si tienes un acosador, estarás solo. Puede empezar por una simple llamada, por una carta y acabar en un situación infernal. La policía no podrá hacer nada hasta que sea demasiado tarde" lamentan.

También fueron acosados para revelar su identidad. Una vez que su editor aceptó el juego de seudónimo, publicaron la primera de sus cinco novelas y el éxito les desbordó. Pronto tuvieron a los sabuesos de los tabloides suecos investigando quien había tomado el testigo de Larsson bajo ese seudónimo. "Nos asustamos cuando un noche, con nuestras tres hijas en una casa de verano, vimos a extraños con linternas a través de las cristales".

Fueron conscientes de que estaban siendo vigilados y "el miedo fue, en alguna medida, el germen de eta novela". Se deshizo un secreto editorial que ellos se habían propuesto mantener "aunque hoy estamos mucho mejor dando la cara". Pimpón creativo Cada uno tenía su propia carrera literaria antes de convertirse en Lars Kepler. "Nos peleábamos sin descanso por el estilo o la voz narrativa y ahora nos entendemos mucho mejor" dice risueño Alexander Ahndoril. Escriben codo con codo, pero se intercambian por correo electrónico las páginas que van puliendo y cerrando en unas suerte de pimpón narrativo que le resulta "tan divertido como enriquecedor". "Una especie de 'jam session' en la que Lars Kepler tuvo enseguida su propio estilo" se felicitan.

Alexander se ha sometido a sesiones de hipnosis. Alexandra nunca "para no dejar que nadie entre en mi cabeza". Y eso que prueban casi todo lo que escriben "desde las armas que usan la policía y los asesinos en las novelas a la coreografía de las peleas que narramos".

No creen que en el sur y el norte "se mate de manera distinta". Sí que en los países escandinavos "hay una tradición más intensa de lectura y escritura de novela negra y la concepción de que el crimen es un fracaso de todos, una responsabilidad colectiva que involucra a toda la sociedad que acaso no se da en los países mediterráneos". "La novela negra es un espejo de la vida real. Da respuestas al resolver los crímenes. De alguna manera pone orden en el caos, lo que no ocurre en la vida real, done impera el caos, el dolor y la violencia", concluyen construyendo su argumentación a medias, como sus libros.

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