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Literatura

El erotismo literario vuelve con 'La pasión de Mademoiselle S.'

  • Las explosivas cartas una damisela parisina en los años veinte dejan en pañales la mojigatería de Grey

Jean-Yves Berthault con las cartas originales que conforman 'La pasión de Mademoiselle S'.

El erotismo literario vuelve con 'La pasión de Mademoiselle S.'

Jean-Yves Berthault con las cartas originales que conforman 'La pasión de Mademoiselle S'.

EFE
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22/01/2016 a las 06:00
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  • colpisa. madrid
El salvaje apetito sexual de la señorita S. explotó como un volcán ante los ojos de un atónito Jean-Yves Berthault. Este diplomático francés ayudaba a una amiga a vaciar un sótano cuando halló de forma casual una elegante cartera de piel con iniciales grabadas en plata repleta de cartas manuscritas con la misma y cuidada caligrafía. Espoleado por la curiosidad, leyó la primera. Y no pudo parar. "Leí otra, otra y otra y descubrí una correspondencia amorosa escrita con un lenguaje más que osado, de una increíble audacia erótica", explica el embajador. Parte de esas cartas conforman hoy ‘La pasión de Mademoiselle S.’, un fenómeno editorial propiciado en Francia por la muy respetable editorial Gallimard y que llega a España de la mano de Seix Barral.

La crítica francesa se apresuró a calificarlo como "el texto erótico más ardiente jamás escrito". Para muchos, convierte en un mojigato a Christian Grey y sus desleídas sombras. Las volcánicas vivencias eróticas de la señorita S. son mucho más electrizantes que las de clásicos del género como ‘Historia de O’ y ‘Las canciones de Bilitis’. Y todo con el interés añadido de reflejar una experiencia real, directa y sin el filtro de una construcción literaria. No en vano, los editores británcoas de ’50 sombras de Grey’ tardaron apenas unas horas en hacerse con los derechos de las cartas de S.

Simone, una mujer cultivada y elegante, es la autora de las 185 explosivas cartas que fueron escritas entre 1928 y 1930. Ella las conservó y Berthault las halló arrumbadas entre tarros de conserva vacíos y cajas de amarillentos periódicos. Cuando un amigo incrédulo pidió al diplomático que confesara su autoría, aduciendo que era imposible que una joven parisina se expresará con tal procacidad hace un siglo, el diplomático mostró los originales manuscritos que Simone enviaba a Charles, su amante. Un hombre casado con quien mantuvo una relación de altísimo voltaje sexual y dominación, sin complejos ni límites, en la que Mademoiselle S. no deja de traspasar fronteras y derribar tabúes llevada de su irrefrenable lujuria.

La mayoría de las misivas estaban sin fechar, pero Jean-Yves Berthault acertó a ordenarlas cronológicamente mientras era embajador en Brunei. Explica que ‘La pasión de Mademoiselle S.’ recoge apenas un tercio de unas cartas que dan cuenta de "una magnifica y trágica historia de amor". Su aventura de dominación y lascivia salvaje mortifica a la neurótica joven, que la narra con un lenguaje a caballo entre la obscenidad y la elegancia.

Berthault asegura haber respetado "el relato de una pasión real vivida por Simone y Charles". Pero aclara que son nombres ficticios. Ha protegido a los protagonista de una curiosidad insana. Sospecha que "no querrían que se diera a conocer su nombre aunque fuera muchos años después de su muerte" y sabe que desvelar su identidad alentaría a un morbo desagradable para el entorno de los amantes.

Las cartas relatan en primera persona la pasión de esta mujer cultivada, acomodada y viajera, decidida a disfrutar del sexo de forma libérrima, sin detenerse ante ninguna convención ni amilanarse en su afán por someter a su amante. Una dama ardiente que huye del "sexo convencional e imprudente", del coito vaginal y el riesgo de embarazo. Prefiere el sexo anal y oral, y disfruta con los tríos, las prácticas sado, el masoquismo y el cambio de papeles.

Charles se transforma así en Lotte o Lottie, la 'zorrita' a quien Simone sodomiza con ayuda de consoladores. Una Simone muy celosa que anhela a su vez ser penetrada analmente por el hombre casado al quien tiene atrapado. "Nada de lo que hacemos es sucio, y todo es necesario para nuestro amor. Lo sé. Me siento orgullosa ahora de estar segura de que te gusto, de que te gusta mi cuerpo, de que hace feliz al tuyo", se afirma Simone ante su polivalente amante. "Sabes que no nos hemos prometido nada el uno al otro y que solo nos une nuestro placer mutuo" le dice.

Gracias a Simone sabemos en el París de los felices y locos veinte era posible hallar muchos de los juguetes sexuales que abundan hoy. La parafernalia necesaria para alimentar el fuego de una pasión que sube de temperatura en cada página, descrita con un lenguaje procaz, en el que no caben los eufemismo, decididamente pornográfico a menudo, y no apto para todas las sensibilidades.

Los fogosos amantes se conocieron en un autobús y sostuvieron un primer asalto sexual con una Simone sometida a su amo. A medida que avanza la relación, la joven se sentirá más libre en la cama, pero también más obsesionada y celosa. "Y empieza la fiesta de nuestros sentidos en celo. Hoy vamos a subir un peldaño más. Ese gesto nunca osado lo vamos a hacer hoy (.) Qué hermoso eres mi pequeño dios" le dice a Charles en una de sus cartas.

Berthault tuvo muy claro que debía sacar a la luz las caras. Más allá de violento relato amoroso, dice que son "un documento histórico, una mina para quienes exploran la historia de la condición de la mujer y su liberación". "Mademoiselle S. está muy adelantada a su tiempo. Las cartas dan cuenta de la modernidad de los años veinte y son un ejemplo único y excepcional de un tipo de literatura privada que suele ser destruida bien por los protagonistas, bien por sus familias tras su muerte", dice el embajador.

Las cartas de las señorita S. "muestran que la sexualidad compleja no es inventado reciente, que es tan antigua como la humanidad agrega el diplomático. Desde su primera lectura quedó seducido por contraste entre el estilo elegante de una acomodada mujercita y la elocuente obscenidad de la amante desbocada y obsesionada hasta al enajenación. Tanto que Berthault sabe que las misivas en al que se habla de feminismo, lesbianismo y homosexualidad "son también un material más que valioso para sociólogos y psiquiatras".



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