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Literatura

'La forja de un escritor' revive la esencia de Cela

  • Desentraña la ambición del Nobel a través sus artículos tempranos y anticipa su lado oscuro

El premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela.

'La forja de un escritor' revive la esencia de Cela

El premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela.

CEDIDA
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21/01/2016 a las 06:00
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  • colpisa. madrid
Camilo José Cela (1916-2002) fue un ser poliédrico y complejo. Armó un personajes con muchas capas que alternaba su insondable lado oscuro con destellos de generosa luminosidad. Pero el primer Cela es el periodista con ínfulas de escritor, empeñado en una ardua pelea para buscarse los garbanzos con las letras en un oficio incierto al que se dedicó con denuedo. En el año del centenario del premio Nobel de Literatura, la Fundación Santander se adelanta y explora esos años seminales en ‘La forja de un escritor’, dentro de la colección Obra Fundamental que el propio Cela impulsó en su día. Es una selección de apenas 50 artículos de los más de seiscientos que el autor de ‘Familia de Pascual Duarte’ o ‘La colmena’ publicó entre 1943 y 1952. Años convulsos y de penurias en los que el futuro Nobel y premio Cevantes llegó a ofrecerse como delator a la dictadura franquista y fraguó una peculiar ambición literaria y crematística que le acompañó toda su vida.

"La relación de Cela con el dinero daría para una tesis doctoral" dice con toda su retranca gallega Adolfo Sotelo Vázquez, catedrático de Literatura, excelso conocedor de la obra y la vida de Cela y encargado de la selección y edición de los textos. Se retrotrae al Cela primigenio e íntimo, "al que batalla día a día y escribe como ‘resulta muy cruel esta dura pelea por el garbanzo’". Una batalla que libra armado con los artículos que coloca aquí y allá, casi siempre en diarios de Falange "pero en los que se revela como un prosista luminoso y total". "A lo mejor son otras cosas que artículos de periódicos y yo no lo sé; mis ignorancia son muchas" escribe el propio Cela.

Ha rescatado Sotelo artículos publicados desde mayo de 1943, cuando el franquista Juan Aparicio, su primer benefactor, concede a Cela el carné de prensa, hasta 1952, un año después de la publicación de ‘La Colmena’ por el sello Losada en Buenos Aires. "La mayoría estaban en unas obras completas que son muy incompletas", acota el catedrático que los distribuye en tres apartados: ‘Experiencias vitales’, ‘El escritor y la escritura’ y ‘La pintura y otras artes’.

A través de estos textos se va revelando lo que Darío Villanueva definió como "El otro Cela". El autor "de potencia descomunal" que llegaría a ser este personaje complejo "conservador y muy próximo al régimen, capaz de ofrecerse como delator, pero que intercedería luego ante Millán Astray para rescatar a Rafael Sánchez Ferlosio del servicio militar en África, amparar a escritores como León Felipe, Cernuda o Alberti en ‘Papeles de son Armadans’ y acoger a Ana María Matute cuando huía con su crío del maltrato de su marido", evoca Sotelo.

MEMORIA Y MIRADA

La memoria y la mirada son, a juicio de Sotelo, los pilares de unos artículos desiguales. "Los hay deslumbrantes, como los hay banales" pero anticipan el futuro gran escritor "todo un Nobel, autor de una obra también desigual y que entraría en declive en sus últimos años". Los artículos se reunieron por primera vez en libros como ‘Mesa revuelta’, ‘Cajón de Sastre’ y ‘La rueda de los ocios’.

"Usted es cada día más peligroso; conoce mi vida mejor que yo" le espetó el propio Cela a Sotelo, que conoce, en efecto, al dedillo la vida del Nobel. Habla de sus virtudes y sus defectos, de la generosidad, el egoísmo y la ambición que convivieron en el personaje que Cela construyó y alimentó. Un Cela enamorado incestuosamente de su madre, con vocación de torero, pintor, y viajero, poeta inseguro y luego pródigo articulista capaz de autoplagiarse con descaro. De emular a un Josep Pla quen se jactaba de cobrar hasta cuatro veces el mismo artículo.

Después de leer más de 70.000 cartas, muchas de ellas con editores, asegura Sotelo que "la relación de Cela con el dinero daría para una tesis doctoral. "Siempre quiso tener un editor al estilo británico y lo negociaba todo, absolutamente todo". "Desde sus inicios quería vivir de la escritura, y para lograrlo fue más que tozudo" dice de una andadura nada filantrópica que le llevaría a la creación de Alfaguara, "editorial en la que promocionaría a autores noveles pero en la que buscaba también el beneficio". "Fue un gran activista cultural, no un mecenas, y quería obtener rentabilidad económica en todo lo que hacía" resume el catedrático. Explica que en sus últimos años fue Marina Castaño, su segunda esposa, quien tomó el testigo y negociaba su contratos con Carmen Balcells.

"Como buen gallego, le ponía siempre una vela a dios y otra al diablo", explica Sotelo, que analiza en ese marco contradictorio la publicación de ‘La catira’ por encargo del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez. "Si se quedó varios meses en Venezuela no fue por admiración al régimen y si por devoción a miss Venezuela", aclara Sotelo.

Prologa el libro Camilo José Cela Conde, hijo del escritor, quien explica que "la obra alimenticia de Cela esconde claves cruciales para entender como eran esos años hoy olvidados y que convendría rememorar, aunque solo fuera a título de vacuna preventiva". Encierran para su hijo "el mejor retrato que hay del primer Cela" y de lo que "pensaba de literatura, el paisaje y de la España de entonces". Lo respalda Sotelo asegurando que esos artículos tempranos "muestran la obsesión de joven Cela por encontrar una escritura propia, apoyado en la mirada y la memoria". Encierra "el ideario ético, estético, artístico y, sobre todo, literario" que en muchos aspectos "permaneció inalterable a lo lago la trayectoria".

El complejo personaje celiano cambia con los años y vemos "como al final de franquismo juega a ser progresista". Emerge un Cela casi rojo, "siendo como fue siempre una persona muy conservadora". "Es un gran escritor y no un coleccionista de orinales" concluye el catedrático Sotelo, quien explica en la misma clave contradictoria el enfrentamiento del Cela maduro y triunfante con jóvenes autores como Javier Marías, Julio Llamazares o Antonio Muñoz Molina, a quien recibió con exabruptos cuando se convirtió en el benjamín de una la Real Academia Española de la que Cela era patriarca.



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