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Chirbes hurga en los lodos del amor romántico

  • En 'París-Austerlitz', la novela póstuma del escritor, deja de lado la podredumbre de la crisis y disecciona la pasión de dos hombres antagónicos

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11/01/2016 a las 06:00
  • colpisa. madrid
Rafael Chirbes tardó veinte años en dar por terminada su obra póstuma, y lo hizo solamente tres meses antes de su fallecimiento, en agosto del pasado año. Una obra póstuma que se aparta de la España de la crisis y sus personajes más deleznables para enfocarse en los temas íntimos que sobrevolaron siempre su obra y que en esta última se convierten en protagonistas indiscutibles.

El amor y la soledad, el sexo y la culpa, la represión, el desarraigo y la familia son los asuntos que copan las páginas de 'París-Austerlitz' (Anagrama).

Chirbes (Tabernes de Valldigna, Valencia, 1949-Beniarbeig, 2015), que consiguió el tan ansiado y difícil binomio de críticas excelentes y éxito popular, alcanzó la fama con la adaptación televisiva de su gran novela, 'Crematorio', Premio de la Crítica, en la que se describía descarnadamente el despiadado mundo del 'boom' inmobiliario en la costa levantina, con sus arribistas, sus traiciones, sus corrupciones y su falta de escrúpulos. Una obra que tuvo su continuación con 'En la orilla', Premio Nacional de Narrativa, Premio de la Crítica y Premio Francisco Umbral al libro del año en 2013. Pero ya antes, Chirbes había abordado asuntos como la posguerra, el poder o las relaciones familiares con la misma bravura en sus obras 'La buena letra' (1992), 'Los disparos del cazador' (1994) o 'Los viejos amigos (2003)'.

En su última obra, 'París-Austerlitz', sin embargo, el autor se aleja de los escenarios con los que adquirió su merecido reconocimiento. Rafael Chirbes parece haber dejado escrito en esta novela de poco más de ciento cincuenta páginas un testamento estético, artístico y moral, una cuenta pendiente que quizá no se atrevió a saldar en vida a pesar de ser, sin duda, uno de los escritores más valientes de nuestro tiempo. Durante veinte años, el autor tomaba la obra y la dejaba reposar, se alejaba de ella una y otra vez hasta que, poco antes de su muerte, la dio por terminada. Como el propio Chirbes a los veinte años, el protagonista de 'París-Austerlitz' viaja a la capital francesa. Huye de la incapacidad de su familia por aceptar su homosexualidad. Y en París encontrará el amor. Un amor prohibido en muchos aspectos: el de género, el de clase, el generacional.

Chirbes retrata el enamoramiento, la pasión sexual, la locura del amor en esta relación entre un joven adolescente español que tiene la vida resuelta y Michel, un obrero francés en el que el joven encontrará la protección que nunca tuvo. Chirbes relata este amor con una magnífica mezcla de crudeza y poesía, disecciona los deseos y exigencias del comienzo de un amor inapelable, inimaginable para unos padres burgueses y recatados. El tono oscuro de la novela entrelaza la Francia desabrida de finales de los años cuarenta y la violencia de los últimos coletazos de la Segunda Guerra Mundial con la ira familiar de un padre dictatorial y un amor que sirve como tabla de salvación entre la miseria, la única luz entre tanta tiniebla.

VIRUS ROMÁNTICO

El autor pinta a un enfermo de sida cuya vida se extingue por un sistema inmunitario agotado y por no tomar medidas de protección. A partir de esta situación desarrolla una idea igual de sugerente que pesimista: más mortal que cualquier virus es eso que se conoce como amor romántico. Curiosamente, 'París-Austerlitz' es quizá la obra que más se asemeja a la que inició su andadura literaria, 'Mimoun', finalista del Premio Herralde en 1998, una obra que también habla de la soledad, de la huida y del desarraigo en un país extraño. Pese a que ya no escarba en los lodos de la España reciente, Chirbes brinda al lector imágenes formidables, lúcidas y desgarradas. El lector se encuentra ante su novela más introspectiva. Con este libro póstumo el escritor trata de exorcizar sus demonios personales. Es cierto que la homosexualidad ya aparecía en otras novelas, pero no ocupando el lugar central que tiene en 'París-Austerlitz'.

En la obra planea la figura de Jaime Gil de Biedma. Un fragmento de su poema 'Pandémica y Celeste' se reproduce en la novela, en concreto los versos que dicen: "Para saber de amor, para aprenderle, / haber estado solo es necesario. / Y es necesario en cuatrocientas noches / -con cuatrocientos cuerpos diferentes- / haber hecho el amor...".

Chirbes, que elegía las pinturas que ilustraban las cubiertas de sus libros, descubre en 'París-Austerlitz' su pasión por el arte, su admiración por Bacon y Matisse, y su desdén por el arte más actual que desprecia el soporte físico y busca la capacidad de sorpresa mediante las instalaciones. Ese arte que ha arrinconado el factor artesanal y persigue solo el ingenio.



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