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ARTE

El Munch oculto tras 'El Grito' llega al Thyssen -Bornemisza

  • Reúne 80 piezas, muchas inéditas en España, pero ninguna de las cuatro versiones mayores de su obra mas universal

Muestra de Edvard Munch en el Thyssen-Bornemisza 15 Fotos

Muestra de Edvard Munch en el Thyssen-Bornemisza

El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid inauguró la muestra 'Arquetipos', que trae a los amantes del arte la cara menos conocida del pintor Edvard Munch escondida tras 'El Grito'.

AGENCIAS
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06/10/2015 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
La extensa y variada obra de Edvard Munch (1863-1944) quedó aplastada por uno de sus pequeños cuadros tempranos, 'El grito', pintado en 1893 y acaso la pintura más icónica de la historia junto a 'La Gioconda'. Tal es su potencia, que redujo a Munch al estereotipo del pintor de la angustia, la alienación y el aislamiento. El museo Thyssen-Bornemisza se propone ahora liberar al genial creador noruego de esa cárcel del lugar común y mostrar la grandeza y la modernidad de Munch en su verdadera y múltiple dimensión a través del resto de su magnífica obra. 'Arquetipos' se titula la muestra, un catálogo de pasiones y obsesiones que permiten descubrir al Munch oculto, un gran creador que en su viaje del simbolismo al expresionismo pasó por muchas etapas, algunas de ellas muy vitalistas, y que a pesar del anclaje autobiográfico y existencial de su pintura "fue un pionero en expresar sentimientos universales".

Así lo sostiene Paloma Alarcó, comisaria de la muestra junto a Jon-Ove Steihang, y que no lamenta que entre las 80 piezas que ha logrado reunir el museo -54 pinturas y 24 grabados- , no esté ninguna de las cuatro versiones mayores de 'El grito'. Son dos pasteles y dos óleos, tres de los cuales se encuentran en Noruega y uno en Estados Unidos. "Es una pieza muy impactante y muy angustiosa, pero que ensombrece el resto de su obra" asegura la comisaria, que llega a afirmar que "es mejor conocer a Munch sin 'El grito'". La muestra sí cuenta con una pequeña litografía de la obra, realizada en 1895 y fruto de las series en distintos soportes habituales en el trabajo Munch y cedida por el Metropolitan de Nueva York. "Haber tenido una de los otros cuatro 'gritos' no habría cambiado la esencia de esta muestra. Lo habríamos puesto al lado de la litografía en el la sección dedica al pánico para mantener el mismo discurso" dice Guillermo Solana, director del Thyssen. Pone al mal tiempo buena cara y asegura irónico "que lo bueno es que su ausencia permitirá al visitante traer una foto en el móvil y compararlo con el resto e la obras de Munch, que supondrá todo un descubrimiento y una revelación". Y en efecto, la ausencia de esta obra no resta un ápice de interés a una muestra que marca un hito, la primera que se dedica en España al pintor noruego en las últimas tres décadas, y que revela en toda su dimensión en el genio proteico, inestable e innovador de uno de los padres del arte moderno junto a Van Gogh y Gauguin. Un pionero en inmortalizar plásticamente los temas más universales en torno a la vida, el amor, el deseo, los celos, la angustia, la soledad, la melancolía o la muerte. Iceberg Quiere Solana que con esta exposición "se descubra y se comprenda sin estereotipos todo lo que queda oculto". "Que aflore el gran iceberg que es al obra de Munch que la cultura de masas, que tiende a 'iconificarlo' todo, ha reducido al 'El grito' y nos presenta un Munch recortado y convertido en una caricatura" lamenta el director del Thyssen en un tono más grave.

Trató hasta el último momento de conseguir el préstamo de la versión del 'El grito' que está en la colección de un gran financiero de Estados Unidos, "pero fue imposible". Tampoco lo lamenta Solana, que cree, como Alarcó, que su ausencia "permitirá comprender mejor la complejidad de un pintor como Munch, activo casi hasta el final de sus ochenta años de vida y a quien es un sacrilegio reducir a la primera época".

Fue entonces cuando pintó 'El grito' que le etiqueta como el pintor de la angustia y la alienación, "pero hay un Munch muy vital con muchas idas y venidas; un genio que, como Van Gogh, se juega la vida con su obras pero que consigue sobrevivir", dice Solana. "Es un pintor radicalmente moderno y la muestra quiere ofrecer esa visión de conjunto que le ha negado la historia y los estereotipos" insiste Solana elogiando piezas como 'El beso', 'Madonna', 'El vampiro' o 'Melancolía'. La de Munch fue una vida en el filo de la navaja, marcada por los problemas psiquiátricos, los excesos alcohólicos y las crisis emocionales. Tildado de bohemio, desequilibrado y misógino, se tiende a explicar su obra en clave biográfica, que es otro de los estereotipos que la muestra quiere combatir. "Parece que sus cuadros estén ligados a su problemas emocionales, pero Munch entiende la pintura como una manera de tender puentes con sus semejantes, de conectar con el espectador y compartir sus sentimientos a través de la pintura" explica Solana. "En mi arte he intentado explicarme la vida y su sentido y también he pretendido ayudar a los demás a entender su propia vida" escribió Munch, que reconoce, eso sí, que "enfermedad, locura y muerte fueron los ángeles negros que velaron mi cuna". Así figura en uno de los textos recogidos por la editorial Nórdica en 'El friso de la vida', libro que ve a luz coincidiendo con al muestra. Atormentado, enfermo, intoxicado, antiburgués, con aversión al compromiso y aislado muchas veces, "lo que de verdad quería era compartir sentimientos, de modo que su pintura no es biográfica, sino universal" apostilla Solana.

Dividia en secciones como 'Melancolía', 'Pánico', 'Muerte', 'Mujer', 'Melodrama', 'Amor', 'Vitalismo o 'Desnudos', 'Arquetipos' abunda en la obsesiones del pintor, que tuvo en la repetición uno de su grandes instrumentos creativos. "Dio a cada versión, de distinta técnica, un nuevo significado y se ve con claridad en series como 'El beso'" destaca Alarcó. A pesar de que se ordena temática y no cronológicamente, Solana pone el acento "en la gran fuerza creadora de los últimos años de Munch". Muchas de las piezas que exhibe son inéditas en España y han sido cedidas por las mejores pinacotecas del mundo, la mitad procede del Museo Munch de Oslo, que atesora la mejor colección del pintor en todo el mundo y se ha mostrado excepcionalmente generoso.

ROJO SANGRE EN EL HORIZONTE

El propio Edvard Munch reflejó de puño y letra el momento germinal en que concibió el cuadro que lo convertiría en un artista universal. "Paseaba por el camino con dos amigos cuando se puso el sol. De pronto el cielo se tornó rojo sangre. Me paré, me apoyé sobre la valla extenuado hasta la muerte. Sobre el fiordo y la ciudad negros azulados la sangre se extendía en lenguas de fuego. Mis amigos siguieron y yo me quedé atrás temblando de angustia, y sentí que un inmenso grito infinito recorría la naturaleza". Esta breve explicación que Munch incluyó como acompañamiento de 'El grito', aparece también en 'El friso de la vida', la selección de textos de Munch que publica Nórdica en edición de Victoria Parra. El texto sería tan famoso como el cuadro del que Munch realizó varias versiones, entre ellas la litográfica que muestra el Thyssen. FICHA Qué: Munch. Arquetipos.
Dónde: Museo Thyssen-Bornemisza. Paseo del Prado, 8 www.museothyssen.org Cuándo: Del 6 de octubre de 2015 al 17 de enero de 2016.
Cuánto: Entrada general, 11 Euros



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