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CULTURA

La belleza de los carteles, la mejor arma para vender en el Thyssen Málaga

  • Son un total de 73 obras que abarcan el periodo entre 1893 y 2003 y han sido seleccionadas de la extensa Colección Joseluis Rupérez

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Actualizada 02/10/2015 a las 17:25
  • EFE. MÁLAGA
A finales del siglo XIX, los comerciantes descubrieron que la belleza era un gran argumento para vender, al mismo tiempo que los mejores artistas hallaban en el cartel una forma de hacer llegar al público su obra, como revela la nueva exposición temporal del Museo Carmen Thyssen de Málaga.

Son un total de 73 obras que abarcan el periodo entre 1893 y 2003 y han sido seleccionadas de la extensa Colección Joseluis Rupérez, con autores como Toulouse-Lautrec, Bonnard, Picasso, Dalí, Miró, Magritte, Matisse, Malévich o Chagall.

La Sala Noble de la pinacoteca es el espacio reservado a los pioneros de fines del XIX, momentos en que se diluían las fronteras en el arte y se extendía lo multidisciplinar, como ha explicado hoy en un recorrido por la exposición Lourdes Moreno, directora artística del Museo y comisaria de la muestra junto a José Piqueras.

Aquí están Toulouse-Lautrec, el célebre gato negro de Steinlen, Bonnard, Vuillard, Chéret o el español Ramón Casas, en una sala que permite al visitante "hacerse una idea de lo que suponía pasear por una calle de París en 1896, cuando la calle era el museo", ha resaltado el coleccionista.

Ya en la sala principal, las obras se han dividido de forma temática en tres apartados denominados 'Que comience el espectáculo' -para los que anunciaban actividades culturales y de ocio-, 'Vender con arte' -para los comerciales- y 'Prohibido fijar carteles' -para los de propaganda política.

Braque, Léger, Duchamp, Chagall, Magritte, Rauschenberg o Hockney trabajaron por encargo o en proyectos personales para difundir festivales de música y cine, espectáculos teatrales, conciertos, películas o competiciones deportivas.

Algunos de ellos esconden anécdotas, como el que Duchamp hizo para la exposición "Dada" en una galería de Nueva York en 1953, cuando se indicó al público que al salir debían hacer una pelota con el cartel y tirarlo a la papelera, aunque algunos ejemplares se salvaron, como el que adquirió Rupérez.

En el apartado comercial están marcas que apostaron decididamente por este arte como Campari, que le encargó un trabajo a Fortunato Depero; Air France, a Víctor Vasarely; o Perrier, a Salvador Dalí, y también se encuentran las firmas de Henri Matisse, Andy Warhol, Balthus o Antoni Tàpies.

Las dos guerras mundiales y la Guerra Civil española propiciaron en el siglo XX un auge del cartel propagandístico del que participaron Malévich, Miró, Picasso, Diego Rivera, Alexander Calder, el Equipo Crónica o Keith Haring, quien denunció el "apartheid" en Suráfrica.

Llegaron incluso a anunciar eventos que no llegaron a celebrarse, como en el caso de Picasso, con una de sus palomas en el cartel del segundo Congreso Mundial por la Paz, que iba a tener lugar en noviembre de 1950 en Sheffield, aunque el gobierno inglés lo prohibió y se trasladó finalmente a Polonia.

Piqueras no quería plantear la exposición "como un discurso cerrado, sino que dialogaran las obras entre sí, que se viese el trasvase entre arte y publicidad e incitar a un paseo relajado para descubrir la fascinación que el cartel ha ejercido sobre los más importantes artistas del siglo XX".

Por su parte, Joseluis Rupérez ha lamentado que en España exista "cierto papanatismo" respecto al cartel, al ser considerado "un soporte menor por los museos".

Su relación con el cartel comenzó a raíz de su trabajo como productor musical, cuando por las noches en las calles de Barcelona pegaba con engrudo carteles de los conciertos que organizaba.

"Un día, compré mi primer cartel y fue el último día de mi vida tranquila, porque te conviertes en una especie de enfermo", ha admitido el coleccionista, que desconoce cuántas obras tiene y reconoce que sigue comprando "de forma compulsiva".



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