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Literatura

Duelo entre Santa Teresa de Jesús y la princesa de Éboli

  • Juan Manuel de Prada presenta así ‘El castillo de diamante’, su nueva novela

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22/09/2015 a las 06:00
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  • COLPISA. MADRID
"Es un combate a muerte entre dos de las mujeres más relevantes e inteligentes del siglo XVI". Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970) presenta así ‘El castillo de diamante’ (Espasa), su nueva novela, un apasionante duelo entre dos ciclones, Teresa de Jesús y Ana Mendoza de la Cerda, la princesa de Éboli. "Chocan dos maneras de ver el mundo, dos mujeres con una personalidad fulgurante y arrolladora que persiguen a su manera lo mismo y no aceptan el papel subsidiario que les asignaron" asegura el escritor. De Prada presentó su nueva fabulación en Pastrana, la localidad alcarreña donde se retiró la aristócrata, donde Teresa de Cepeda fundó dos de sus conventos y ambas libraron su descarnada batalla. Prada promete diversión al lector con una novela "esperpéntica" que pueblan personajes "excéntricos como ellas, propios de Berlanga o Buñuel".

Ambas se movieron entre la admiración y el odio. "Acabaron muy mal, pero su relación fue de reconocimiento mutuo", explica el escritor. "Comprenden que son mujeres excepcionales y ven en la otra a un alma gemela, alguien que trata de abrirse paso en un mundo que quiere aplastarlas" precisa. "Tratan de salirse de las convenciones de su época, y partir de ahí se entabla combate formidable en el que dan golpes muy duros" explica de Prada.

Es Teresa de Jesús quien se refiere en ‘Las Moradas’ al alma como ese ‘Castillo de Diamante’, "que la princesa de Éboli asedia y quiere asaltar". Santa Teresa impone sus condiciones de forma inmisericorde y esto hace que salten chispas entre ambas. "Cervantes distingue ya entre dos tipos de envidias, una sana que él dice santa y tiene afán de emulación, y otra más sórdida que desea el mal ajeno. La que retrata esta novela es la pasión envidiosa que la princesa de Éboli profesa a la monja y que produce momentos de enorme conflicto".

¿Quién gana y quien pierde en esta batalla telúrica? "Teresa triunfó, a costa de muchos magulladuras, golpes, descalabros y escarmientos. El ansia de poder es un sucedáneo del impulso religioso y si Teresa lucha por el perfeccionamiento interior, a Ana Mendoza le conducirá a la destrucción". "La princesa de Éboli fue una perdedora. Se precipitó en el abismo en el terrible final de su vida. Asociada con Antonio Pérez y conspirando juntos para tratar de manejar a Felipe II crearon un ‘chiringuito’ de concesión de privilegios, una ‘pequeña Gürtel’ de la época" asegura De Prada.

Retrata a una Teresa de Jesús divertida, rebosante de humor, gran lectora de novelas de caballería -caballero andante de lo divino, la llama- y alejada del tópico de la disciplina espartana. "Es un retrato real. Su sentido del humor es permanente y ella misma confiesa que lee libros de caballerías, una pasión que le dejó una huella muy profunda, que explica las empresas y reformas que acomete y su vocación religiosa como una aventura, y no como algo reglamentado y convencional". "Su vocación religiosa es muy vital. El servicio a un alto ideal justifica todo tipo de descalabros, desventuras calamidades y desgracias y eso tiene que ver con el temperamento los caballeros andantes", apunta De Prada.

"Tenemos una idea amazacotada, muy estatuaria de estos personajes y aprovecho para jugar con ellas, hacerlas jocosas, deslenguadas, irreverentes y mandonas, porque son dos grandes mandonas" dice prometiendo diversión al lector.

La simpatía del escritor por los seres atrabiliarios y marginales brilla también en esta novela, que, como todas las suyas, De Prada ha escrito a mano y durante un año largo. "Ellas son ya dos notables excéntricas. Teresa plantea cosas tan subversivas y heréticas como la oración mental. La princesa de Éboli trató de mantener la fuerza de las viejas casas nobles frente a la nueva nobleza de Carlos V y Felipe II. Representa al mundo antiguo que se resiste a ser sofocado".

Vivieron en una época "en la que la religiosidad lo empapaba todo y eso hace aflorar estos personajes tan disparatados de los que Teresa aprende a veces con consecuencias fatales". "Los ermitaños, beatas, monjes, charlatanes, locos disparatados que pululaban en la España de Felipe II y son sus aliados de Teresa. Si tuviera que tener una traslación cinematográfica sería una mezcla de Buñuel de Berlanga" admite el escritor.

"Es una novela esperpéntica; el esperpento un componente muy presente y muy importante" concluye De Prada, que homenajea también a la literatura clásica. "Está trufada de citas secretas al Quijote, a Gracián, a Quevedo, al Lazarillos a toda la picaresca y Valle-Inclán".

Fiel a esa traducción, a De Prada le subleva que se actualice el lenguaje de los genios del siglo de Oro. "Leer el poema de Mío Cid sin estar acostumbrado al castellano antiguo es una proeza y un galimatías, pero autores como Cervantes y Valle-Inclán impresionan. Parece que su obra sido escrita ayer. Valle es infinitamente más difícil de leer que Cervantes. Si les ‘Tirando Banderas’ habrá cientos de palabras que no entiendas. ¿Traducimos a Valle? ¿Traducimos a Cernuda y las metáforas de Aleixandre con estética realista". "Toda tradición cultural tiene la obligación moral de mantener los vínculos con sus maestros, de mantenerlos vivos y que su lenguaje irradie sobre nuestra lengua y sobre nuestra literatura de hoy. Al traducirlos evaporas parte de su legado" lamenta.



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