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Literatura

'La chica del tren', trampas y sospechas a toda máquina

Paula Hawking arrasa con un 'thriller' que recupera las esencias de los autores clásicos de novela negra
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Actualizada 29/06/2015 a las 14:04
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  • COLPISA. MADRID
Gracias a Rachel, una joven inestable, obesa, bebedora y deprimida que fantasea con lo que cree ver a través de la ventanilla de un tren, Paula Hawkins va camino de repetir el milagro de J. K. Rowling. Como la creadora de Harry Potter, Hawkins estaba sin blanca cuando se puso a escribir 'La chica del tren'. Su desesperado debut en la novela negra borró los números rojos de su cuenta y tiñó de rosa su vida. Ha vendido seis millones de copias en el mundo anglosajón y llega a España de la mano de Planeta. Y parece que el fenómeno funcionará también aquí a toda máquina. Con cinco ediciones en dos semanas, Hawkins estará en España para apuntalar su éxito dentro de diez días.

Nacida en Harare (Zimbabue, 1972), Hawkins se afincó en Londres con 17 años. Graduada en Ciencias Políticas y en Económicas por Oxford, trabajó como periodista económica. Había escrito varias novelas románticas bajo el seudónimo de Amy Silver y un libro de consejos financieros. Pero solo cuando perdió su empleo y se vio al bode de la bancarrota, se planteó escribir una intriga criminal. Ella prefiere hablar de 'thriller psicológico' y dice que jamás soñó arrasar con un éxito de tal calibre. Tanto que Dreamworks tardó un suspiro en adquirir los derechos del texto para adaptarlo al cine y se habla Emily Blunt para el papel de Rachel.

Highsmith y Hitchcock Hawkins cita entre sus preferencias a clásicos como Agatha Christie y a grandes de la narrativa contemporánea como Donna Tartt, Kate Atkinson y Tana French. Pero la crítica habla de "homenaje" a la Patricia Highsmith de 'Crímenes imaginarios', de similitudes con 'Perdida' de Gillian Flynn y destaca el poderoso influjo Alfred Hitchcock.

La trama evoca a un clásico tan imperecedero como 'La ventana indiscreta'. Avanza apelando a la curiosidad innata de todo ser humano (desde luego al espécimen lector) para interesarse, hasta el espionaje, por lo que hace su vecino. Como el maestro del cine, Hawkins mezcla dudas, desesperación y voyerismo en un juego de sospechas e interpretaciones entre los hechos y su apariencia. Una realidad que la inestable Rachel percibe deformada debido a su debacle emocional y laboral y a su propensión a desayunar vino blanco o latas de gin tonic. Rachel ha perdido a su marido, su empleo, su casa y a su hija. Consumida por la inseguridad y el alcohol, miente a su compañera de piso y toma cada mañana el tren hacia su inexistente trabajo en Londres. Cada día a las 8.04 horas el convoy se detiene en un cruce desde el que divisa su antigua casa en la que Tom, su ex, rehace su vida con otra mujer y la hija de ambos. También ve a una idílica pareja que encarna el sueño hecho añicos de Rachel y les inventa una vida. Una de esas mañanas la chica del tren ve o cree ver algo turbio. Todo se embrolla cuando acude a la Policía para contarlo lo que cree haber presenciado. Hay una desaparecida y una investigación en la que, pare deleite del lector, nada es lo que parece.

Para su creadora, "Rachel es una persona normal al que le ha ido terriblemente mal en la vida". "Mucha gente podrá reconocer lo fácil y repentinamente que se puede caer en desgracia", explica Hawkins, que escribe ya otro thriller psicológico sobre la relación entre hermanas rota desde la infancia. "La insondable soledad de Rachel" es el motor de la intriga, según su autora. "Es posible que alguien solo y aislado en una gran ciudad crea establecer conexiones con la gente a la que ve a diario, sin que haya nunca un contacto real. Los extraños habituales en un tren o en la calle son tan familiares que sientes como si los conocieras aunque no tengas ni idea de cómo son realmente sus vidas", resume la escritora zimbabuense.

La crítica anglosajona elogia la capacidad de Hawkins para tender trampas al lector. Habla de un "narrador engañoso" que dosifica con maestría la información que facilita al lector para tenerlo siempre a su merced. No alaban la prosa de Hawkins ni su capacidad de renovar el género negro. Más bien al contrario, agradecen su respeto al patrón más clásico y sus fórmulas más efectivas para garantizar el entretenimiento y satisfacer la avidez del lector. Es quizá lo que ha permitido a 'La chica de tren' mantenerse durante trece semanas en cabeza de la lista de los libros más vendidos en la lista de The New York Times.

Sus editores no caben en sí de gozo. 'La chica del tren' irrumpió en enero el mercado superando las ventas iniciales de bombazos globales como 'El código Da Vinci'. Es de nuevo la demostración de que el boca-oreja es imparable cuando de verdad se disfruta de la lectura. Antes de la gran inversión publicitaria, funcionó una cadena de entusiastas recomendaciones de lectores que creció exponencialmente en Amazon, Twitter o Facebook.



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