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Literatura

Andrés Trapiello 'traduce' 'El Quijote' al castellano de hoy

  • La novela de Cervantes contiene "respuestas para todo, incluso para la corrupción política actual"

Andrés Trapiello defiende la vigencia del Quijote

Andrés Trapiello defiende la vigencia del Quijote

El escritor Andrés Trapiello.

EFE
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03/06/2015 a las 06:00
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  • Colpisa. Madrid
"No es una adaptación, ni una recreación; es una traducción al castellano actual". Así presenta Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) su puesta al día de 'Don Quijote de la Mancha' (Destino). Comienza "En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme..." -"frase intocable, como el Partenón", dijo-, pero ya en la segunda frase la "lanza en astillero" se torna en "lanza ya olvidada"; y la "adarga antigua", en "escudo antiguo". Así ocurrirá miles de veces en las más de mil páginas del libro. Y es que libera Trapiello a este 'Quijote' del siglo XXI de "falsos amigos", de esas palabras que han perdido el significado que tuvieron hace varios siglos, y lo ofrece "puesto al día y preñado de respuestas" a esa gran mayoría "que no lo ha leído".

Ha dedicado catorce años a esta aventura "un punto quijotesca y casi secreta" que ocultó a su propia familia hasta hace unos meses. Su intención queda clara desde la portada, diseño de su hijo Gabriel, en la que los muy agigantados molinos se tornan en esbeltos generadores eléctricos de enorme aspas. Expresiones como "picáredes más de saber" se convierten en "si os hubierais jactado"; "argado sobre argado", en "llueve sobre mojado"; las "mamonas" son "sopapos"; "echar todo a treces" es "mandarlo todo a hacer puñetas"; los "cañutos de jeringas" se convierten en "cánulas"; y "de hadas o de mangas" se traduce por "bien o mal logrado". Se publica en todos los países de habla hispana este 'Quijote', con el que quiere el muy cervantino escritor leonés ponérselo fácil a los miles y miles de lectores que han "fracasado" en la lectura de la universal novela. También tender un puente de oro hacia el original de Cervantes, "que siempre estará ahí".

"Para un lector de hoy el original cervantino es difícil y cansado. Parece el juego del Tetris, en el que se deben hacer ajustes constantes para encajar las frases y dotarlas de sentido", explicó Trapiello, que trabajó sobre la versión de Francisco Rico de 2006. La edición del académico tiene más de cinco mil notas a pie de página, mientras que la de Trapiello no tiene ni una.

Sabe que tenemos los españoles con 'El Quijote' "la misma y muy conflictiva relación que con el inglés: todos los años hacemos el propósito de aprenderlo y de leer 'El Quijote', y todos los años nos sentimos derrotados". Aseguró que "es el libro con más fracasos de lectura" y que "hay millones de personas que lo han intentado y no han podido. Hay una enorme vergüenza en reconocer que no se ha leído y se miente diciendo que se leyó en colegio o a trozos mas adelante, que es como no leerlo. La gran mayoría no lo ha leído, pero son muy pocos quienes lo reconocen".

PASARSE O NO LLEGAR

"Traducir es como jugar a las siete y media: o te pasas o no llegas", apuntó Trapiello, cuyo empeño primordial ha sido "deshacer el hipérbaton que hace la lectura cansada". Buscar luego "alternativas a las miles de palabras hoy en uso pero que han cambiado el significado y se han hecho falsos amigos, como 'liberal', que era 'generoso'" y hallar equivalencias a frases hechas y refranes que ya no significan nada para nosotros". Hecho esto, el reto era "conservar el espíritu de la lengua de Cervantes, el mismo sentido de jovialidad, fluidez y humor sin destruir su gramática y su fraseos. Me gustaría que se me alabase no por lo que he traducido, sino por lo que he dejado de traducir", dijo en la presentación del libro que apadrinaron José-Carlos Mainer y Jordi Gracia.

Jamás tuvo la tentación de tirar la toalla. "A veces me pudo el cansancio, pero al final me siento un privilegiado por estar años y años junto a un libro que nos da tanto. Es admirable e inagotable, lleno de bondades y enseñanzas. Es una llave maestra que te abre casi todo aquello sobre lo que le preguntes. Si le preguntas por la corrupción política en la España de hoy, tendrás respuestas y enseñanzas. Si le inquieres por la libertad o la igualdad, hallarás consejos pertinentes. Estar casi quince años al lado de un libro que enseña tanto de forma tan poco dogmática y profesoral, con esa llaneza, es quijotesco pero muy agradecido".

Según Mario Vargas Llosa, el Nobel de Literatura que firma el prólogo, la obra de Cervantes "se ha rejuvenecido y actualizado, poniéndose al alcance de muchos lectores a los que el esfuerzo de consultar las eruditas notas a pie de página o los vocabularios antiguos, disuadía de leer la novela de principio a fin".

"Lo más difícil fue tomar la decisión; es como dar la vuelta al mundo o escalar el Everest", aseguró Trapiello. Sabía que arrostraría críticas, que han sido minoritarias. "Vienen de quienes parece que lo pasaron muy mal leyendo el original y creen que todos debe sufrir y leer esas 5.500 notas. Como si obligara a todo el mundo a leer el 'Quijote' de determinada fórmula, cuando no es así". El primer 'Quijote' de Trapiello fue una edición escolar ilustrada por Doré que leyó antes de cumplir los diez años. Fracasó en su siguiente tentativa, con dieciocho años. Su primera lectura "madura" llegó cumplidos los veintidós "ya en la universidad". Desde entonces, Alonso Quijano y su autor han sido compañeros de viaje vital y literario. Tanto que Trapiello, premio Nadal y Nacional de Literatura, es autor de obras como 'Al morir don Quijote' y 'El final de Sancho Panza y otras suertes' y del ensayo 'Las vidas de Miguel de Cervantes'.

Confían los editores y el autor en acabar con las excusas de quienes renuncian a la lectura de una de las cimas de la literatura mundial escudándose en la dificultad. "Acaba con las notas a pie de página, una montaña insalvable para muchos, y se puede leer de corrido y sin mayores dificultades", insistió Trapiello. Recordó que estas "traducciones" son muy habituales en Alemania, Reino Unido o Francia, "donde el inglés de Shakespeare o el francés de Rabelais están mucho más alejados de sus modos actuales. Hubo quien se alarmó desde el desconocimiento cuando se supo que estaba en este empeño. Pero como bien advierte Vargas Llosa en el prólogo, este no es un libro que sustituya a original y sí prepara para su lectura de forma racional".



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