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Carla Guelfenbein: "La literatura ilumina las zonas invisibles"

  • La autora de 'Contigo en la distancia' es la ganadora del último premio Alfaguara

Carla Guelfenbein

​La chilena Carla Guelfenbein gana el Premio Alfaguara

La escritora Carla Guelfenbein.

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01/06/2015 a las 06:00
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  • Colpisa. Madrid
Asegura Carla Guelfenbein (Santiago de Chile, 1959) que jamás planifica una novela. El azar es el mejor aliado de esta antigua bióloga y diseñadora gráfica que se rindió a la "necesidad de contar historias". 'Contigo en la distancia', una de esas historias con título de bolero, le dio el XVIII premio Alfaguara de novela.

Publica simultáneamente en una veintena de países de habla hispana esta obra sobre los laberintos del amor y la mentira surgida por el descubrimiento casual del poderoso y seductor talento literario, el de la narradora brasileña Clarice Linspector, a quien convierte en la ficción en Vera Sigall. Es la quinta novela de Guelfenbein, que entra en un territorio ignoto para ella, el suspense, un "registro nuevo que, sin entrar en lo policiaco, se me hacía muy interesante de explorar y que tampoco había planificado", aseveró. El azar hizo que en la novela confluyeran dos tramas con cuatro personajes y que se narrara en dos tiempos, el Chile de los años cincuenta y el actual.

"Fue mágico ver cómo las dos historias, escritas por separado y con voces distintas, se ensamblaron de forma casi inconsciente e hicieron posible el juego de espejos entre el pasado y el presente. El Nobel Jacques Monod dice que cualquier cambio biológico se produce por dos elementos, el azar y la necesidad. La literatura para mí ha sido exactamente eso, azar y necesidad. Y lo tengo por muy cierto. Tanto, que el azar es mucho más provechoso para mí que la planificación", aseguró.

La novela es también una indagación sobre el sentido y la función de la escritura, "sobre qué es la literatura y cómo se escribe". Aborda la envidia y la feroz competencia entre creadores, la dificultad de las relaciones humanas o las carencias de género. "Antes que ofrecer respuestas plantea muchas preguntas, que en el fondo, es la esencia de la literatura, que arroja luz sobre lo invisible", dijo Guelfenbein, que aún duda de "si la novela es una mentira muy verdadera o una verdad muy mentirosa".

Laberinto Emilia es una joven estudiante francesa de origen chileno que llega a Santiago para concluir una tesis sobre la escritora Vera Sigall, trasunto de Lispector. Tras contactar con ella a través de un joven vecino, Daniel, la escritora sufre un sospechoso accidente doméstico: rueda por las escaleras y entra en coma. Las sospechas recaen sobre Horacio Infante, también escritor y unido a Vera por un amor de juventud. "Todo se convierte en un laberinto en el que el lector deberá discernir qué misterios unen a estos cuatro personajes", dijo Guelfenebein sobre su novela "más madura y compleja".

Indagando en el pasado de Lispector, vio la escritora chilena que tenía mucho que ver con ella, también de origen judío y descendiente de emigrantes ucranianos, como la narradora brasileña. Un pasado que su familia silenció y sobre el que ella tuvo "la necesidad de arrojar luz".

"La historia de Vera y la de mi familia eran como dos agujeros negros. La vida de Vera se mezcló con la de mi madre, Eliana Dobry, que también era un intelectual, ensimismada en su mundo filosófico, muy poco dotada para la vida práctica, y que jamás quiso contarnos qué pasó cuando fue secuestrada por los militares chilenos". Un episodio que Guelfenbein incorpora a la novela "de nuevo por azar, tras conocer a una mujer que compartió celda con mi madre y que me contó la historia que ella calló".

El azar convirtió también en escritora a Guelfenbein, una bióloga formada en la Universidad de Essex y en diseño en el Saint Martin's School of Art en Londres, donde sus padres, filósofa y arquitecto, huyeron de Pinochet.

"Era una idealista 'hippy', una rebelde sin causa, amante de la naturaleza y sus porqués. Me sedujo la ciencia, que fue mi rebelión, pero descubrí más tarde que no era lo mío. Estudié diseño y acabé diseñando libros infantiles y como directora de arte de varias publicaciones".

Su novela anterior, 'Nadar desnuda', abordó el Chile de Allende y Pinochet. Cree que "las heridas aún están abiertas" en su país y que quedan "miles de historias que contar. Esa fue mi novela chilena. Viví el miedo, cómo entraban a mi casa y se llevaban a mi madre. Y la manera de conjurar los fantasma es contarlos. Soy chilena, mujer y emigrante, y eso me define. Mi familia emigró huyendo de la dictadura y estas historias de la huida me hacen no ser de ningún sitio. Soy judía, no soy parte de la oligarquía chilena. Mi identidad está en lo que escribo. Leer y escribir ha sido mi refugio y mi hogar".

Como Mies van der Rohe, cree Guelfenbein que "también en literatura menos es más" y huye de "adverbios, floripondios y adjetivos grandilocuentes. Quiero decir mucho con poco, ser precisa y concisa", dijo la escritora, que concibe cada obra como "un desafío". Se niega a encasillarse y defiende la libertad plena "para explorar todos los mundos y no matar la creatividad".

Está así escribiendo su próximo libro en un registro totalmente distinto. Es para jóvenes y lo publicará bajo seudónimo. "No para ocultarme, sino para distanciarme. Haré lo que John Banville hace con Benjamin Black. Tendrá otros códigos y otras exigencias. Cuando Banville escribe, puede necesitar todo un día para un párrafo, mientras que Black escribe ocho páginas en una jornada", concluyó.



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