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Literatura

Valle-Inclán, el gran escritor del siglo XX, según su biógrafo

  • Manuel Alberca analiza en su obra las distintas facetas del creador del esperpento

El autor de la obra sobre Valle-Inclán.

Valle-Inclán, el gran escritor del XX, según su biógrafo

El autor de la obra sobre Valle-Inclán.

EFE
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Actualizada 31/05/2015 a las 18:07
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  • EFE. Sevilla
Ramón del Valle-Inclán "es el gran escritor del siglo XX español", según dijo su biógrafo, el profesor de la Universidad de Málaga Manuel Alberca, ganador del premio Comillas con su biografía del creador del esperpento, titulada 'La espada y la palabra' (Tusquets).

El estilo literario de Valle-Inclán "no es un mero adorno, sino un bisturí o una mirada crítica que abre y muestra la realidad hispana; una parte de su obra, la que describe la descomposición política y moral de la España decimonónica y de comienzos del XX, tiene vigencia; se parece desgraciadamente a la situación actual".

Alberca aseguró que su biografía "no está escrita para restar, sino para sumar" y que no pretende "quitarle atributos ni méritos a Valle-Inclán; si acaso aspira a desprenderle algunas adherencias ficticias; su genialidad para mentir o inventar fábulas autobiográficas quedan en mi relato como una expresión de su carácter, pero trato de contrastarlas con los hechos y los documentos; ambos son tozudos".

La leyenda ha pesado sobre el autor de 'Luces de bohemia' al que, según Alberca, "algunos biógrafos convirtieron en un tarambana e hicieron de él un personaje cómico o de chiste", mientras que, "en los años sesenta, bajo el franquismo, algunos prefirieron inventarse un escritor revolucionario, incluso comunista; ambas cosas no se parecen a la realidad, y además son antagónicas".

El biógrafo explicó que esas circunstancias, en el caso de Valle-Inclán, "han confinado al hombre y su obra en un limbo de irrealidad", lo que también se ha debido a que "don Ramón era de carácter fantasioso; inventó y difundió sobre sí mismo y sobre otros cuentos sin cuenta; los periodistas le buscaban porque les daba mucho juego y titulares, opiniones rotundas y mentiras geniales".

"Estos mismos periodistas, y en general cualquier coetáneo, se encontraban legitimados para agrandar aún mucho más las fabulaciones sin preocuparse de la veracidad de los hechos".

Según el biógrafo, Valle-Inclán no buscó la notoriedad, sino que esta "le salía al encuentro; tenía una facilidad, digamos natural, para convertirse en el centro de cualquier reunión, de cualquier tertulia; se le llamó en alguna ocasión el 'emperador de las tertulias de Madrid'; además era muy sociable y tenía 'ángel'".

También se distinguió por "su individualismo oportunista y su desvergüenza para contradecirse", de modo que "su irreductible singularidad en todas las facetas de la vida pueden hacerlo el ser más atractivo o el más antipático".

Alberca lo calificó de "genial, sin duda; todo lo que hacía o tocaba le daba su impronta única, divina, con chispa", lo que no le impidió ser duelista: "Conviene recordar que el duelo era una práctica habitual en el fin de siglo en gremios como periodistas, militares y escritores".

Según Alberca, "cuando advino la Segunda República atravesaba una etapa complicada: divorcio, pérdida de ingresos regulares, enfermedad, cuatro hijos pequeños que alimentar, una mujer enloquecida que le perseguía de manera inmisericorde; entonces intrigó y movió influencias en el entorno del nuevo poder republicano para que le diesen un cargo; se lo dieron; bueno, le dieron tres para que se callase".

Se trataba de que "cobrase y se quedase en su casa; en cambio, nuestro hombre quiso hacer cosas, llenar de contenido el cargo, justificar el sueldo; sus jefes preferían verlo en su casa escribiendo; ahí surgió el conflicto".

Sobre la ubicación política de Valle-Inclán, señaló que "el contexto del franquismo tuvo efectos perversos; todo en aquellos años tenía que ser comunista y revolucionario; era un espejismo propio de la época. Por otra parte, Valle-Inclán siempre sufrió esta incomprensión con respecto a su militancia política; fue un carlista singular".

"Sus correligionarios desconfiaban de él, lo veían demasiado 'raro'; además fumaba kif y hachís, y los demás no querían creerse que este hombre tan revolucionario en literatura fuese tan facha en política".



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