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Chema Madoz, poesía y paradojas

  • Una gran exposición en Madrid revisa la obra última del prestidigitador de lo cotidiano
  • Reúne 120 imágenes, muchas de ellas inéditas, en las que juega con los objetos

Chema Madoz en la presentación de su exposición 'Chema Madoz 2008-2014. Las reglas de juego'.

Chema Madoz, poesía y paradojas

Chema Madoz en la presentación de su exposición 'Chema Madoz 2008-2014. Las reglas de juego'.

efe
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18/05/2015 a las 06:00
  • colpisa. madrid
Crear un estilo genuino y universalmente reconocible está al alcance de muy pocos en el mundo de la fotografía. Uno de ellos es Chema Madoz (Madrid, 1958), que foto a foto ha construido un universo propio en el que nada es lo que parece. O todo parece lo que no es. Paradojas, poesía, magia e ironía conviven en el rico imaginario que este dotado prestidigitador de lo cotidiano explota en gigantescas instantáneas. Sus metafóricas imágenes, presentes en grandes colecciones y museos de mundo, inquietan, encandilan y divierten a gentes de cualquier cultura y sensibilidad.

Las más significativas de los últimos seis años se reúnen ahora en una muestra memorable, 'Chema Madoz 2008-2014. Las reglas del juego', que la madrileña sala Alcalá 31 acoge hasta el 2 de agosto. Recoge más de 120 imágenes, todas en blanco y negro, muchas de ellas inéditas, que prueban la solvente madurez del estilo Madoz.

Asegura el fotógrafo que en estos años ha incorporando "nuevos elementos" a su producción, pero lo cierto es que con los mismos elementos logra destilar la esencia de su juego de metáforas, entrando en otra dimensión de realidad sin abandonar el mundo real.

Los objetos son siempre los destacados protagonistas de la obra de Madoz. La no presencia de la figura humana es otra constante. Pero sus fotos están llenas de humanos ausentes, de los creadores y usuarios de esos objetos imposibles que "cada vez más cobran importancia -dice Madoz- regenerando el discurso". Y aquí lo novedoso son objetos inanimados que proceden de un muy animado mundo animal, y el dibujo y las caligrafías como novedosos elementos que aportan carga literaria a sus construcciones simbólicas.

Un avestruz de plástico que esconde la cabeza en el huevo verdadero. El libro que invita a descender a sus entrañas a través de la escalera que se abre en su portada. La nube de algodón convertida en copa arbórea solo con una rama que se hace tronco. La cuchilla que es un marcapáginas. El ventilador brújula con los puntos cardinales en sus aspas. El caparazón de tortuga trocado en cerebro.

El mundo de Madoz está plagado de referencias a Magritte, De Chrico o Dalí. Pero como en los poemas plásticos de Joan Bossa o Francisco Pino, no necesita deformar la realidad ni disfrazarla. Para que su magia natural actúe basta con cambiar la función del objeto, alterar su contexto, su utilidad o su entorno. No sabemos si engaña al ojo, o al cerebro.


Jamás truca la iluminación, de modo que la luz natural potencia la paradoja y aporta un plus de realidad a lo que el observador juzga imposible y Madoz hace posible. No son nunca imágenes inocentes y funcionan en muchos casos como los chispazos gráficos de El Roto. Como muestra, la portada del catálogo, ese avestruz con la cabeza metida en un su huevo "que define la actitud contemporánea".

Tal es la fuerza de cada imagen que no quiere su autor distraer al espectador con rótulos, indicaciones o sugerencias. No hay cartelas, ni pies de foto, ni guías, notas o recorridos. No hay fecha ni referencias a lugares o no lugares. Pero cada escenario, cada imagen, se cuelan en el subconsciente de quien lo mira. Alimenta una cascada de asociaciones y referencias que funciona en Madrid, Pekín, Harare, Pernambuco o Anchorage.

Y es que las imágenes de Madoz son doblemente universales. Primero, por su código, que supera barreras idiomáticas y culturales. Después, por los casi veinte años que llevan rotando por grandes galerías y museos de mundo.


Vistas en conjunto, este centenar largo de fotos en gran formato supone un ametrallamiento de ideas a cual más ingeniosa y osada. Un juego en el que el espectador se hace feliz cómplice del trampantojo fotográfico, casi metafísico, del abracadabra visual que desborda la chistera fotográfica del ingenioso de Madoz. De ella extrae escarabajos mariposa, jirafas cebra, culebras pluma o canarios con capa de superhéroe.

Comisariada por Borja Casani, la muestra es uno de los aperitivos de la sección oficial de PhotoEspaña, el certamen que desde hace casi dos décadas convierte a Madrid en capital internacional de la fotografía cada primavera y que inaugura este lunes su edición número 18.

Según el comisario, la obra de Madoz "es un milagro del arte al que hay que rendir un justo reconocimiento". Creador de "un lenguaje poético personal que genera un universo", a partir de sus ideas "maneja, busca, encuentra, manipula e incluso violenta su sentido hasta conseguir que los objetos produzcan pensamientos".

Es esta la tercera gran retrospectiva que se dedica en Madrid en los últimos años al ganador de premio PhotoEspaña en 1998 y del nacional de fotografía en 2000. Madoz exhibió sus poderosas imágenes en el Pompidou, en el Reina Sofía en 1999, y en la Fundación Telefónica en 2006, muestra que viajado durante ocho años por casi 40 países.

FICHA:

Qué: Chema Madoz 2008-2014. Las reglas de juego.

Dónde: Sala Comunidad de Madrid-Alcalá 31. Calle de Alcalá. 31. Madrid.

Cuándo: Hasta el 2 de agosto de 2015.

Cuánto: Entrada gratuita.



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