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La corrupción, en el cine y con referentes reconocibles

  • Miguel Larraya emplea en 'Todo el mundo lo sabe' una nueva forma de narrar en la gran pantalla

Momento del rodaje de 'Todo el mundo lo sabe'.

La corrupción, en el cine y con referentes reconocibles

Momento del rodaje de 'Todo el mundo lo sabe'.

EFE
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Actualizada 12/05/2015 a las 17:36
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  • EFE. Madrid
Miguel Larraya es un cineasta treintañero, con un largometraje y varios cortos en su haber, que ha puesto el dedo en la llaga con su último trabajo, 'Todo el mundo lo sabe', una historia sobre corrupción tan actual, que, de no ser por quién la cuenta, podría confundirse con un documental.

"La figura del corrupto está más tratada; yo pensé buscar un ángulo menos habitual y me quedé con el entorno", explicó Larraya.

"Quería jugar con el ambiente que existe hoy alrededor de la corrupción pero utilizarlo como un género; casi como en las novelas de la guerra fría, utilizar detalles que todo el mundo conoce de varios casos para crear unos personajes que tuvieran identidad propia, pero con referentes reconocibles".

Así, escribió la esencia de 'Todo el mundo lo sabe', un caso de corrupción que el espectador conoce a través de alguien que escucha grabaciones de una serie de conversaciones telefónicas que mantienen, por un lado, la amante de un abogado inmerso en una trama de corrupción; y, por otro, el compañero de celda de ese personaje, que acaba encarcelado unos meses.

Sonidos que se convierten en caras y cuerpos a lo largo de setenta minutos de cinta, rodada en cuatro jornadas de trabajo y tres escenarios.

Porque el filme, ganador de los premios ZonaZine del festival de Málaga a la mejor película, mejor actor y mejor guión (también de Larraya), nació como proyecto #littlesecretfilm, un ejercicio de innovación en la forma de narrar y transmitir cine que crearon hace tres años Haizea Viana y Pablo Maqueda, dos emprendedores decididos a que nadie con una buena idea se quede sin rodar.

"Parte de las bondades del proyecto es la libertad creativa", apuntó Larraya, que reconoció que, "en un contexto más industrial", el cineasta tiende a "ajustarse a unos parámetros del mercado y arriesga menos; al menos yo".

Documentarse, reconoció, fue lo más fácil: "Soy muy consumidor de información en general, lo tengo aprendido de pequeño -se ríe este hijo de padre y madre periodistas- y solo tuve que leer periódicos".

Aunque ser un #littlesecretfilm supone aceptar algunas normas -como grabar con tecnología HD en un máximo de veinticuatro horas ininterrumpidas sufragadas solo por el director y sin que nadie cobre-, a Larraya lo que más le atrajo fue el rodaje sin guión.

"Viana y Maqueda me explicaron que esto no iba a ser nunca una propuesta rígida; me encantó el tema de la improvisación para explorar formas de trabajar con actores de cara al futuro. Había leído que algunos directores lo hacían y me resultaba atractivo investigarlo".

En total, fueron cuatro jornadas de trabajo y tres escenarios; los 2.000 euros que dio Calle 13 se gastaron en 'catering', comentó.

"Pero lo mejor del proyecto era poder ofrecer a los actores hacer algo distinto, algo con lo que todos estuviéramos contentos", aunque reconoció que le apena no haber podido pagar a unos actores "tan buenos" como Diego Toucedo, Bárbara Santacruz, Juan Alén y Juan Blanco.

Autor de 'Afterparty' (2013), Larraya prepara "un proyecto más grande", en la línea de este último trabajo, más acorde con su momento vital.



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