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Ilustración

Buenafuente expresa su perplejidad en 'No entiendo nada'

  • El libro recoge los dibujos que compulsivamente garabatea, sobre todo en noches de insomnio

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Actualizada 16/04/2015 a las 07:42
  • Efe. Barcelona
Andreu Buenafuente, uno de los comunicadores más populares de España está perplejo, en lo personal, "los 50 tacos", y por la situación del país, un asombro que purga en 'No entiendo nada', un libro con los dibujos que compulsivamente garabatea, sobre todo en noches de insomnio.

A pesar de que hoy también ha dormido poco, como cada día que presenta su programa de madrugada 'En el aire' (La Sexta), a Buenafuente se le ve exultante con este libro en el que, tutelado por la editora de Reservoir Books, ha dado rienda suelta a su vena de dibujante, un "placer íntimo" que practica desde hace 25 años y que le ha llevado a llenar decenas de libretas y cuartillas.

"Una editora gráfica es como tu madre; ella me dijo que le trajera 'algo' y yo le llevé 300 originales, todos con una unidad estilística, hechos a mano con tinteros y con la ilusión de un debutante", afirma en una entrevista.

Tras descartar la mitad de los dibujos, la editorial entendió que el contenido de aquella carpeta conformaba más un álbum que una historia lineal, porque el "showman" dejaba ir sus pensamientos sin tapujos: recuerdos familiares, la situación política del país, la fama, el proceso catalán...

"Me gusta porque es arriesgado y me despista incluso a mí. Cada noche dejaba secando lo que dibujaba a tinta en mi palomar, y luego veía qué texto tendría, aunque a veces no se me ocurría ninguno, y esos dibujos 'mancos' me miraban desde el armario esperando, preguntado ¿qué pasa con nosotros?", bromea.

Esa libertad creativa permite que en una página aparezcan los padres del dibujante, en otra Nixon, Magritte o Rajoy, y un poco más allá un tipo exclamando: "Me han robado el horizonte".

Convertir en texto una entrevista a Buenafuente es complicado porque se pierden todos los registros, el tono de ironía de algunas respuestas y esa cordialidad que no se desvía ni un ápice de la que muestra desde la televisión.

La perplejidad que exhibe en sus historias, dice, le sirve de terapia, "una forma de estar más tranquilo", como ese payaso en el que se refleja y que de dice a sí mismo: "No entiendo nada, pero aquí estoy".

Aunque intenta desengancharse de la saturación de la actualidad a la que le obliga el trabajo, el presentador se considera un afortunado por no ser un simple analista y contable de datos.

"Puedo salir en el programa, como ayer noche, y decir: 'Pedro Sánchez votó por error la Ley del aborto, ¿Qué te ha pasado Pedro?' esto es muy infantil, pero bonito", ríe.

Entusiasta de la novela gráfica -"uno de los medios más libres"-, y de la obra de autores como Miguel Gallardo ("María y yo") o Paco Roca ("Arrugas"), el presentador catalán es además seguidor de las viñetas de los diarios como El Roto, pero se ve incapaz de seguir su ritmo.

"Aunque soy mucho de complicarme la vida (y mi familia alucina), una viñeta al día sería implanteable; si ahora que estoy trabajando con el semanal "El jueves" ya sudo tinta...", argumenta.

No obstante, en su haber tiene una experiencia en la prensa diaria, en concreto una viñeta publicada hace seis años para nada menos que The New York Times, ¡ilustrando un artículo de opinión sobre el aumento del suicidio entre mayores de 40 años!.

"Un tema terrorífico. Cuando el editor del diario, que no me conocía de nada, me lo planteó me dije: ¿"Me quiere decir algo con esto?", rememora con una sonrisa en los labios.

En "No entiendo nada", Buenafuente no evita un tema peliagudo y parece que inevitable: el proceso identitario catalán.

"El dibujo lo dice todo, dos pajarracos separados, como sudando una tinta, un proceso imposible de diálogo. Más allá de la opinión personal que puedas tener de la independencia o no, lo que me tiene roto es la incapacidad de dialogo, ese gran fracaso de la política", comenta.

Cree que la situación actual es fruto de una "tormenta perfecta", de una depresión económica terrible, un caos social y un empuje soberanista como nunca de una parte de la sociedad catalana.

"Reflotar la identidad aparece como la gran esperanza, la gente al final quiere ser feliz y tener esperanza y una gran parte de los catalanes creen que eso es así. Pero en vez de gestionarlo y hablarlo estamos así, cabreados", remarca.



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