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Los héroes anónimos de la estación perdida del Pirineo

  • 'Volver a Canfranc', de Rosario Raro, recrea el uso de la estación por la resistencia francesa

Los héroes anónimos de la estación perdida del Pirineo

Los héroes anónimos de la estación perdida del Pirineo

Rosario Raro, escritora de 'Volver a Canfranc'.

EFE
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13/04/2015 a las 06:00
  • Colpisa. Canfranc
Durante la Segunda Guerra Mundial unas 15.000 personas, entre judíos y excombatientes aliados, salvaron sus vidas a través de la estación ferroviaria internacional de Canfranc (Huesca).

Pese al despliegue de los batallones de montaña del Tercer Reich y la Gestapo, la resistencia y un puñado de españoles pusieron en riesgo sus vidas y las de sus familias para que todos estos perseguidos no cayeran en manos del nazismo. La escritora Rosario Raro novela lo ocurrido en 'Volver a Canfranc' (Planeta), un libro en el que los sentimientos y emociones se mezclan con la historia y una ficción sobre lo que muy bien podría haber pasado en los últimos años de la contienda.

Rosario Raro se "obsesionó" con Canfranc al descubrir el formidable edificio de la estación, una construcción muy al gusto europeo de principios del siglo XX, con 241 metros de largo y 356 ventanas, que "jugó un papel determinante en los hechos ocurridos en torno a la Segunda Guerra Mundial". Su primera visita a la estación, cerrada en 1970 junto al túnel que unía Francia y España, la convenció para contar una historia, en la que "los héroes no tenían por qué ser ingleses o americanos. Podían ser aragoneses y podían ser de Huesca, de un valle en los Pirineos".

La autora comenzó a documentarse sobre el lugar, "que se parece más a una catedral que al vestíbulo de una estación", inaugurado el 18 de julio de 1928 por el rey Alonso XIII y el presidente francés. Con dos anchos de vía, uno europeo y con tendido eléctrico (francés) y otro español para máquinas de vapor, Canfranc era frontera, aduana y punto de tráfico de mercancías entre Zaragoza y Pau. Durante la Segunda Guerra Mundial, la estación fue tomada por el ejército de Hitler. Sobre este periodo, Raro se encontró con el mutismo de la "gente mayor, que tiene miedo todavía". "Piensan que puede haber represalias por contar lo ocurrido", apunta.

Y es que Canfranc se convirtió en una especie de "Casablanca del Pirineo", donde la resistencia tuvo un importante centro de operaciones. Así llegó Raro hasta tres personas que inspiraron su obra: Albert Le Lay, francés jefe de la aduana y miembro de la resistencia; Lola Pardo, española hija de ferroviario que de niña "trasladaba a Zaragoza documentos de aeródromos o de puntos de abastecimiento de combustible de los barcos alemanes en España"; y Víctor Fairén, médico que atendía a los judíos que llegaban en peor estado en la capital aragonesa.

Siguiendo a estos personajes se encontró con el periodista e investigador de Heraldo de Aragón Ramón J. Campo que, junto a Germán Roda, dirigió el documental 'Juego de espías'. Campo, autor de cientos de artículos y varios libros sobre Canfranc, tuvo acceso a los papeles encontrados a principios de este siglo, tirados por los suelos de la estafeta de la estación. En ellos se habla de los pagos en lingotes de oro que Hitler hizo a Franco por el wolframio y otros minerales empleados para construir armas. "Le pedí permiso a Ramón para utilizar toda la información que habían reunido" y el periodista le expresó todo su apoyo. "También me metí en foros militares y ferroviarios, porque era una información que tenía que manejar con muchísimo cuidado", explica.

Para la elaboración de la historia fue también necesaria la aportación de Víctor Fiaren Le Lay, catedrático de Física General en la UNED y nieto del jefe de la resistencia en Canfranc y del médico de Zaragoza. Este hombre completo todo lo que no se sabía sobre Le Lay, que "no quiso en vida que nadie supiera que había sido un héroe. Todas las medallas y las condecoraciones las tenía en un cajón". Es por ello que la autora en la novela le cambia el nombre por el de Laurent Juste, dado que "la voluntad de una persona hay que respetarla siempre, aunque haya muerto".

Para la ambientación de la trama, Raro tuvo la colaboración del Ayuntamiento y los vecinos de la comarca de Los Arañones, a través de las redes sociales y los foros de internet. "Era como escribir a tiempo de real", ellos contestaban a todas sus preguntas, lo que suponía "tener ojos aquí", explica la autora que reconoce que el libro ha sido "hecho entre todos".

Según explica esta profesora de Técnicas de Escritura Creativa de la Universidad de Castellón, cuando se puso dar forma la a la historia lo hizo con "toda la intención cinematográfica", por lo que confiesa que podría acabar siendo el guión de una miniserie. "Está escrito por escenas. En todos los capítulos sucede algo y avanza la acción", apunta Raro, que no deja cerrada a una segunda parte de la obra, en la que se desarrollen las tramas de los protagonistas.

ARTISTAS Y ESCRITORES ENTRE LOS EVADIDOS

Entre los miles de personas que escaparon de los nazis por Canfranc había representantes del mundo de la cultura. Entre otros figuran la bailarina Josephine Baker, la compositora Alma Mahler y su marido el escritor Franz Werfel, Heinrich Mann, hermano de Thomas Mann, y los artistas Marc Chagall y Max Ernest. A esas fugas ayudó que el régimen de Franco hizo la vista gorda dada la evolución de la guerra, aunque si eran descubiertos se les trasladaba a campos de detención.
 



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